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Jordi Pujol y Josep Tarradellas durante la investidura del primero como presidente de la Generalitat en 1980 / EFE

¿Tenía razón Tarradellas?

Tras 38 años de la advertencia sobre la deriva radical de Pujol en una carta a 'La Vanguardia', colaboradores del 'expresident' y analistas revisitan sus avisos en comparación con el momento actual

15.04.2019 00:00 h.
18 min

Este martes se cumplen 38 años de la publicación de la célebre carta del expresidente de la Generalitat Josep Tarradellas al director de La Vanguardia en la que advertía de la deriva radical de Jordi Pujol al frente del Gobierno autonómico catalán. En el texto remitido semanas antes a Horacio Sáenz Guerrero, Tarradellas acusaba a Pujol --que llevaba poco menos de un año en el poder-- de abandonar el pactismo, de abrazar el victimismo injustificado, la provocación, la propaganda tendenciosa y de buscar el enfrentamiento con el resto de España. Algo que llevaría a la división y la ruptura de la convivencia en Cataluña.

Crónica Global ha requerido la opinión de siete personalidades de diferente perfil para revisar aquellas imputaciones, analizar las analogías entre aquel momento --a principios de 1981, pocas semanas después del intento de golpe de Estado del 23F-- y el actual y, en definitiva, responder a la pregunta de si Tarradellas tenía razón. Se trata de Josep Maria Bricall, Lluís Foix, Montserrat Catalan, Alfons López Tena, Andreu Jaume, Francesc de Carreras y Félix Ovejero.

Bricall: diferentes circunstancias, mismos elementos

Josep Maria Bricall fue uno de los personajes clave en el regreso de Tarradellas durante la Transición y llegó a estar en su Govern provisional como consejero de Gobernación (1979-1980). El que fuera estrecho colaborador del expresident considera que “la carta responde a un momento concreto de la situación política tras el 23F y, en consecuencia, apunta a lo que para él era la única conducta razonable, porque el 23F señala el inicio de una orientación de la política española que considera a Cataluña como un problema y actúa en consecuencia”.

Bricall especifica que “las circunstancias no son exactamente las mismas que las de la actualidad” pero admite que “sí se dan sus mismos elementos”. “Y, ante ellos, Tarradellas adopta la actitud que ya anunció durante los años treinta. Es decir, que la autonomía catalana debe orientarse a que Cataluña disponga de un gobierno del que ha carecido y debe ejercerlo íntegramente y con responsabilidad. No debe enfrentarse al Gobierno español en un terreno en el que tiene la seguridad de perder; el camino que debe seguir debe ser el de plantear una negociación en los términos políticos que requiere una negociación”, añade. Y destaca que “un enfrentamiento de este tipo acaba atentando al activo más preciado de que dispone Cataluña: su unidad”.

“Los gérmenes de lo que ha ocurrido”

En declaraciones a Crónica Global, el catedrático de Economía Política y Hacienda y exrector de la UB subraya que “Tarradellas no es tanto un visionario como alguien que conoce las consecuencias previsibles de políticas no suficientemente analizadas” y “en este sentido, conoce la lógica de las decisiones políticas”.

“Debo confesar que cuando leí el texto en aquel momento me pareció que exageraba. Ahora reconozco su extraordinaria capacidad de análisis”, matiza Bricall. “Dicho de otra manera, la política llevada a cabo en Cataluña desde 1980 tiene todos los gérmenes de lo que ha ido ocurriendo, agudizado recientemente por un tratamiento algo infantil de la política”, concluye.

Tarradellas alertó en 1980 sobre el futuro de Pujol: corrupción y victimismo nacionalista

Tarradellas y Pujol, en el balcón de la Generalitat, con motivo del regreso del primero del exilio en 1977

Foix: el nacionalismo visto desde la posguerra

El periodista Lluís Foix --que ha sido director, director adjunto y subdirector de La Vanguardia en diversas etapas desde 1982-- apunta que el análisis de Tarradellas está muy marcado por su relación poco “fluida” con Pujol, fundamentalmente porque “tenía una concepción distinta de la política, de Cataluña y sobre todo de las relaciones Cataluña-España”, lo que centró “las desavenencias” entre ambos.

Foix cree que la visión que Tarradellas tenía del nacionalismo estaba influenciada por el concepto que los políticos europeos democráticos de la posguerra tenían de esa doctrina y que todavía tienen hoy, cuando dicen que “es la guerra” y que “no ha dado nada bueno a Europa en el siglo XX”.

La falta de autocrítica de la prensa

Aunque recalca que Tarradellas escribió la carta en “otra época”, el exdirector de La Vanguardia recuerda “una cosa que decía Ernest Lluch, en el sentido de que un día muy malo para la política catalana fue en el que Jordi Pujol dijo que era nacionalista”.

Sobre la influencia del pujolismo en la situación política actual y la falta de autocrítica de la prensa durante aquella etapa, Foix indica que esto último es un error que se ha dado no solo en Cataluña sino en toda España. “Pujol fue designado español del año”, recuerda. “Seguramente no hemos sido autocríticos, pero esto forma parte ya de la historia. Las relaciones que Pujol haya podido establecer con la prensa se han explicado de muchas maneras. Y no tanto como nacionalista sino como político que maneja los hilos del poder y que lo que quiere es influir y controlar la prensa, aquí y en todas partes”, sentencia.

Catalan: preocupación por otro '6 de octubre'

Montserrat Catalan fue la secretaria personal de Tarradellas desde su regreso del exilio en 1977 hasta su muerte en 1988. En declaraciones a este medio señala que, en aquella etapa, siempre mostró su preocupación por que se pudiese llegar a una situación de división en Cataluña y enfrentamiento con el Gobierno central como ocurre ahora. “Era un tema que le preocupó mucho [hasta su muerte]. Mostraba con frecuencia esa preocupación a sus consellers y a su entorno más cercano. Y tenía claro que el poder político estaba en Madrid”, explica.

En ese sentido, Catalan insiste en que Tarradellas “siempre creía que lo que pasó el 6 de octubre de 1934 no tenía que volver a suceder nunca más y este era un tema que le preocupaba muchísimo”, pues su “obsesión” era lograr “siempre lo mejor para Cataluña, para el pueblo de Cataluña”. Catalán --Creu de Sant Jordi de la Generalitat y responsable durante muchos años del archivo de Tarradellas en Poblet-- recuerda que Tarradellas era “una persona negociadora que antes de romper cualquier relación intentaba llegar a un pacto”. “Él siempre me decía: usted ha de tener en cuenta que yo he perdido una guerra. Nunca hablaba en plural sobre lo referido a la guerra, hablaba en primera persona, lo que dice mucho de cómo observaba y veía las cosas”, concluye.

tarradellas pujol carta vanguardia

Carta de Tarradellas publicada en 'La Vanguardia' el 16 de abril de 1981 en la que critica la deriva radical de Jordi Pujol

López Tena: explica más el ‘procés’ que el pujolismo

Para el exvocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) e impulsor de Solidaritat Catalana per la Independència Alfons López Tena, trasladar el análisis de Tarradellas al momento actual supone una “ucronía” e implica “obviar” buena parte de las más de tres décadas que han transcurrido desde entonces. “Lo que describe Tarradellas podría corresponderse con lo que ha sido la actuación de Mas y especialmente, después, de Puigdemont, Junqueras y Torra. Pero no, desde luego, con los años del pujolismo porque, precisamente, lo que se achacaba a Pujol es que estaba practicando la política de Tarradellas, la del entendimiento, la del pacto, la del acuerdo, la de la pedagogía”, explica. Y reitera que el texto de Tarradellas “visto ahora resulta muy descriptivo en muchos casos, pero es descriptivo de la Convergència o ERC del procés, no de la Convergència pujolista”.

El exdiputado en el Parlament indica que “en todos los proyectos políticos siempre existe una franja. digamos. enloquecida que, si se desarrolla más de la cuenta, toma el control. Es lo que ha ocurrido estos últimos años en Hungría, en Polonia, con Vox, con Trump e incluso con Podemos”. “Tarradellas acertaba en el riesgo que había pero no en su descripción de lo que pasaba; advertía de lo que podría pasar y que, efectivamente, ha acabado pasando a los treinta y tantos años. Pero de ahí a decir que de aquellos polvos vinieron estos lodos es poco acertado”, señala.

Jaume: vio en seguida la catadura moral de Pujol

El director del CLAC, Andreu Jaume, considera que la carta de Tarradellas “impresiona muchísimo porque en aquel tiempo Pujol era aún una figura casi intocable y sagrada que había empezado su andadura como un estadista y gran responsable político. Pero es curioso cómo Tarradellas ve desde el primer minuto que la línea de Pujol rompe con la política del propio Tarradellas de entente con el Gobierno de España y con las autoridades militares, con todo ese trabajo que había hecho”.

Para el editor, la experiencia de Tarradellas en el exilio en Francia le hizo ser “muy consciente de lo que era la responsabilidad de Estado”, además de ver en seguida que “los movimientos de Pujol iban a conducir a la catástrofe política, como ha ocurrido ahora”. “Tarradellas conocía a Pujol desde hacía muchos años. Sabía cuál era su evolución ideológica, qué tipo de catadura moral escondía y que no debía fiarse de él ni un pelo”, añade.

“Estamos en el momento que anunció Tarradellas”

Jaume considera que “estamos en el momento que anunció Tarradellas, cuando dijo que esto acabaría con una enorme división entre los catalanes, que acabaría haciendo que Cataluña se avergonzara de muchos de sus hijos”. “Cataluña se ha convertido un país pequeño y provinciano, a través de un nacionalismo cada vez más desbocado y delirante que tiene su raíz indudable en la política de Pujol durante todos los años que estuvo al frente de la Generalitat”, recalca.

Preguntado sobre por qué no se hizo caso a las advertencias sobre Pujol, el editor apunta que “a Tarradellas se le consideraba ya en ese momento un político que estaba de retirada” y que “el pujolismo fue un enorme negocio en el que participó todo el mundo, incluidos los gobiernos centrales, que decidieron hacer la vista gorda y no ver todo lo que estaba haciendo a nivel educativo y periodístico, entre otros”. Para Jaume, el “pactismo” que practicó Tarradellas fue “ejemplar” e “integrador” pero recuperarlo hoy se antoja difícil cuando los políticos nacionalistas solo pretenden “dinamitar” la Constitución.

Jordi Pujol y Josep Tarradellas, durante la investidura del primero como presidente de la Generalitat en 1980

Jordi Pujol y Josep Tarradellas, durante la investidura del primero como presidente de la Generalitat en 1980

Carreras: “El 'procés' empezó en 1980”

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras señala que “la carta de Tarradellas no tiene desperdicio”. “El viejo zorro ya intuye todo lo que va a pasar en lo sucesivo. Confirma, una vez más, que lo que ahora llamamos el procés no empezó en 2012, como dicen algunos, sino en 1980. Un nacionalista siempre quiere mandar en un Estado propio y Jordi Pujol no fue una excepción”, explica a Crónica Global.

Carreras recuerda que “desde su más tierna adolescencia, tal como lo cuenta en alguno de sus escritos, Pujol creyó que su destino era ser el liberador de Cataluña”. “Pujol era muy astuto --al contrario que sus sucesores, Maragall, Montilla, Mas, Puigdemont y Torra-- y sabía que este objetivo requería de ciertos trámites: el primero construir una nación. A ello se lanzó tras ser presidente, empezando el mismo día de su toma de posesión, como le cuenta Tarradellas a Sáenz Guerrero: ninguna autoridad catalana podía pronunciar la expresión ‘viva España’, sólo había que exclamar ‘visca Cataluña’. Había que dejar claro que esta era la nación propia, España era el enemigo”, añade.

“Nadie le hizo caso”

El catedrático asegura que “toda esta historia está por contar” ya que “los historiadores catalanes --con contadas excepciones-- están y han estado al servicio del nacionalismo catalán”, lo que tilda de “vergüenza”.

“No tenemos una historia detallada que explique el itinerario desde entonces hasta la crítica situación de septiembre y octubre de 2017. Pero todo estaba programado por Pujol al frente de su equipo. Para vergüenza de los demás políticos catalanes --especialmente los de izquierda, el PSC y el PSUC-- sólo Tarradellas denunció las intenciones de Pujol. Y para el colmo de la vergüenza nadie le hizo caso. Ahí están los verdaderos culpables de lo que ha sucedido en estos últimos años”, sentencia.

Ovejero: “La rareza era Tarradellas, no Pujol”

El profesor de Economía, Ética y Ciencias Sociales de la UB Félix Ovejero aporta otro enfoque al análisis. Para el escritor, “la carta revela algo más que las capacidades proféticas de Tarradellas, reconocidas por hoy por todos. Revela que muchos otros también compartían sus inquietudes; desde luego, nos confirma la mentira del diagnóstico "la culpa es de España" del independentismo reactivo” y corrobora que “el objetivo de quebrar la convivencia entre españoles está en el ADN del nacionalismo”.

“Sencillamente, los nacionalistas tenían más claro su objetivo y, desde luego, más determinación que los demás. De alguna manera, se podría decir que la rareza era el propio Tarradellas. Su carta muestra una mirada y una sensibilidad nacionalista. Solo que él se mostraba leal. El inconsistente era él; no Pujol. Los demás, los que compartían su preocupación y no hicieron nada entonces ni más tarde, merecen otro calificativo”, concluye.

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