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Javi López, eurodiputado socialista, posa en las instalaciones de Crónica Global / LENA PRIETO (CG)

Javi López (PSC): "Cataluña no ha hecho nada en diez años por las renovables"

El eurodiputado socialista afirma que la transición verde debe ir acompañada de compensación social para evitar desigualdades y cree que la UE debe poner el foco en las relaciones con Latinoamérica

20 min

Javi López (Madrid, 1985) considera que, en los últimos diez años, el gobierno catalán ha dedicado todos sus esfuerzos al procés, en lugar de a avanzar en energías renovables. Eurodiputado desde 2014, el socialista afirma que la pandemia y la guerra en Ucrania han demostrado que la Unión Europea (UE) es absolutamente necesaria y que la socialdemocracia tiene "una mala salud de hierro".

Javi López, Diputado al Parlamento Europeo, posa en las instalaciones de Crónica Global / LENA PRIETO (CG)
Javi López, diputado al Parlamento Europeo, posando en las instalaciones de Crónica Global / LENA PRIETO (CG)

--Pregunta: El Parlamento Europeo aprobó un paquete de medidas que pueden ser interpretadas como un paso atrás para evitar el ‘apagón’, y que también incluyen la prohibición de motores de combustión en 2035. ¿Es realista?

--Respuesta: Es realista y necesario. Es posible y deseable. Y de hecho la guerra de Ucrania lo que va a provocar es que aceleremos todo este proceso de descarbonización y la apuesta por las energías limpias. Para la UE es el programa estrella de la década. Tiene fuerza para ser una nueva gran promesa de Europa en estos últimos 70 años, primero fue la promesa de la paz, luego la de la prosperidad compartida y ahora es la promesa del futuro sostenible. Pero esto, hoy, con la invasión rusa en Ucrania, no es solo una cuestión climática, sino geopolítica. Nuestro objetivo es que el 45% del mix energético venga de las renovables. Esto es relevante para pensar en los datos de Cataluña, donde hay un 10% de mix energético que procede de las renovables. Y en los últimos diez años no se ha hecho nada en el terreno de las renovables.

--¿Estamos a tiempo?

--Con la nueva legislación europea, deberíamos multiplicar por 4,5 en seis o siete años todas las energías renovables. Y al mismo tiempo, hay que buscar alternativas a las fuentes fósiles, debemos reducir la dependencia de Rusia. Hay que buscar infraestructuras, los grandes tubos que suministraban al Este de Europa, especialmente a Alemania, de gas ruso. Agenda verde y geopolítica se dan la mano. Por otro lado vamos a una transformación en el ámbito industrial muy importante que Cataluña debería ser capaz de leer con atención. Buena parte de nuestros motores industriales es industria muy intensiva en emisiones: químico, motor, automóvil, agrialimentario… En el caso del motor, lo que el Parlamento europeo aprueba es que, a partir de 2035, no haya coches que dependan de energías fósiles. Eso es algo que la industria ya tiene sobre la mesa. Un buen ejemplo es la apuesta que hay en España con el PERTE y los fondos europeos, donde está muy involucrada Seat y las plantas que hay en el Baix Llobregat. Hay compañías que ya tienen sus planes para que, en 2035, todos sus vehículos ya tengan motor eléctrico. Hay que hacer una apuesta muy fuerte por las infraestructuras de recargo. Hay plantas europeas que han construido los coches durante varias generaciones, Cataluña es un buen ejemplo, y la pregunta es si seremos capaces de construirlos en un futuro.

--Para el consumidor, un coche o una moto eléctricos son muy caros. ¿Corremos el riesgo de fomentar la desigualdad, que solo quien tiene recursos pueda sumarse a esa transición?

--Por supuesto, y ese es un tema que está en la agenda verde. Digamos que no es justa de forma automática. La política verde necesita ir acompañada de elementos de compensación social que repartan los beneficios de las nuevas industrias verdes, que las hay, y también se repartan los costes de la transición, que también los hay. Costes para los trabajadores, para los consumidores y para la industria. Por eso nosotros ponemos énfasis en una transición justa, que tenga en cuenta los amortiguadores necesarios, que no deje a nadie atrás. También hemos visto en los últimos años, y veremos en los siguientes, una gran evolución de los precios de los coches eléctricos. Los planes de las compañías van en este sentido. Europa debe evitar que la transición ecológica no acabe agravando un problema existente como es el de la desigualdad social.

--Comentaba el retraso que hay en renovables en Cataluña. ¿A qué se debe?

--Por dos cosas. En los últimos diez años, las administraciones catalanas han volcado todas sus energías en el procés, en lugar de hacerlo en la gestión. Han sido administraciones inoperantes en un procés que objetivamente ha acabado en un fracaso gigantesco. Y en segundo lugar, porque la política catalana, especialmente el gobierno catalán, en los últimos años ha dejado de aprender a gestionar la contraposición de intereses en pro del interés general. Asumir los costes de asumir decisiones, que en ocasiones no es sencillo. Producir energía renovable exige pactar con el territorio. Hay una incapacidad de gestionar la conflictividad interna y hacernos responsables de nuestras decisiones.

--Acabamos de asistir a un debate sobre el déficit inversor del Estado en Cataluña. Da la sensación de que esa queja es contraria a un europeísmo del que hace gala el Govern, a la lógica de que zonas más ricas inviertan en las menos favorecidas.

--El Gobierno de España debe estar dispuesto a debatir cualquier cosa en su relación con la Generalitat, pedir transparencia en las inversiones me parece justo. Dicho esto, los cálculos que está haciendo la Generalitat son de parte, intenta torcer buena parte de los números, simplemente con el objetivo de la ventaja y, en ocasiones, de la victimización. Una retórica que da sus frutos electoralmente, pero muy inoperante. De nuevo, se trata de ver si la Generalitat es capaz de responsabilizarse de lo que le es propio y no buscar siempre culpables fuera sobre los problemas que suceden aquí para tener una coartada para esa inoperancia. El tema de las infraestructuras me parece un ejemplo muy claro. Es normal que Cataluña reclame sus inversiones y la ejecución de su presupuesto, pero la Generalitat está retorciendo los datos para justificar su victimización. Dicho lo cual, en términos de inversiones y de transparencias fiscales, que es la expresión que se usa en la UE, el argumento de no querer transferir dinero del norte hacia el sur es utilizado por la extrema derecha europea. Ante eso, muchos eurodiputados que procedemos del sur de Europa recordamos que los países del norte son los que se ven más beneficiados del mercado común. Y que la otra cara de la moneda del mercado único son las transferencias fiscales, un precio que se paga, pero que es mucho menor que el beneficio de formar parte del mercado europeo y que sus empresas exporten. Eso en gran medida es aplicable a los territorios de España. Cataluña que ha sido motor industrial en el siglo XX se ha beneficiado del mercado español. Al mismo tiempo, en los últimos 40 años de democracia, el desarrollo social ha hecho que existan mecanismos de distribución entre territorios más ricos y más humildes. Eso es una realidad que forma parte de cualquier realidad política. Y también pasa a nivel europeo.

Javi López comenta su visión para Crónica Global / LENA PRIETO (CG)
Javi López comenta su visión para Crónica Global / LENA PRIETO (CG)

--¿Todos los países europeos reman en la misma dirección en esa transición verde? ¿Cómo gestionar los intereses de 27 países representados por tantos partidos?

--No es fácil. La agenda verde es un buen ejemplo de por qué la UE es absolutamente necesaria. No podríamos hacer legislación verde y ponernos a competir entre nosotros y abrir la puerta a una cierta deslealtad en términos de dumping. Por eso es necesario que Europa lo lidere y marque estándares comunes en esa transición energética, en los cambios en vivienda, en eficiencia, en movilidad… Es necesario un arduo proceso de negociación y consenso entre la Comisión europea, el Consejo europeo y el parlamento europeo, pero es posible porque lo hace más efectivo. Aún siendo una pequeña parte del conjunto de las emisiones del planeta, un 7%, estamos convencidos de que liderando esta transformación, no solo somos responsables en términos climáticos, sino que además hacemos una apuesta por una economía de futuro, por una estrategia de crecimiento económico. Quien desarrolle la industria, la tecnología, la innovación que requiere la descarbonización, también será capaz de exportarla al resto del mundo. Porque toda la economía global se va a ver involucrada.

--¿Cómo lleva la UE la presión de China y Estados Unidos?

--Desde los años 90, la economía ha estado condicionando la geopolítica bajo la lógica de la globalización. Hemos entrado en una lógica de competencia entre grandes imperios, de grandes bloques. Europa, al final de la Segunda Guerra Mundial, era el 25% de la población del planeta. Dentro de poco será el 5%. Nuestro peso en el mundo se ha visto disminuido por el boom demográfico en otras partes del planeta. La pregunta es si somos capaces de tratar de tú a tú con los grandes poderes, Estados Unidos, China, Rusia… Para eso necesitamos compactarnos. Lo hemos hecho en el ámbito económico durante la pandemia, con los fondos europeos. Y ahora lo hacemos con la guerra en Ucrania en el ámbito de la seguridad, la defensa y la relación exterior.

--¿El ciudadano es consciente de eso, de que la pandemia y la guerra demuestran que la UE es muy necesaria?

--Europa ha revindicado su utilidad en los últimos años. Ha aprendido de los errores del pasado, sobre todo de la gestión de la crisis financiera en 2008. Ha hecho una política fiscal expansiva, está apostando por las inversiones, es decir, por su futuro como unidad política. Y vemos que en el ámbito de la seguridad es absolutamente necesario compactarnos para actuar en el mundo. Un ejemplo son las declaraciones hechas por Argelia frente a España respecto a su política comercial, donde se ha recordado que la relación comercial no es bilateral entre esos dos países, sino de Argelia con la UE. Es un ejemplo de que nuestra fuerza se basa en la agregación como europeos. Por eso me parecen tan a destiempo algunos proyectos que se han defendido aquí en Cataluña en la última década.

--España tendrá la presidencia del Consejo Europeo en 2023. ¿Supone eso una gran oportunidad?

--Es una enorme oportunidad para España. Hemos visto la presidencia de Francia y el peso que ha tenido Macron. Ocurre cada 14 años poder tener la presidencia durante seis meses, lo que te permite articular la agenda y buena parte de los debates del Consejo. Es una presidencia importante porque se producirá al final del mandato europeo y se tendrá que aprobar buena parte de la legislación que esté abierta. España seguirá trabajando por la lógica de la Europa social. Hemos visto hace unos días que se cerraba el acuerdo marco para tener un salario mínimo europeo, vamos a tener que avanzar en toda la legislación verde y es una oportunidad para poner el acento en algunas cuestiones en el ámbito internacional, como es Latinoamérica, que ahora no está en las prioridades de la agenda europea.

--Se dice que el presidente Pedro Sánchez no adelantará las elecciones generales precisamente por la proyección que le puede dar esa presidencia europea…

--El presidente Sánchez siempre ha transmitido la voluntad de mantener la estabilidad del Gobierno, de agotar la legislatura. En un momento convulso y de incertezas que vienen de la economía global, es muy bueno que la política envíe un mensaje de estabilidad. De hecho creo que es lo que reclaman los ciudadanos. Por eso me parece muy extraño y rechazable las decisiones tan tácticas que se han tomado por parte de algunas comunidades autónomas de avanzar elecciones solo por intereses partidistas. El Gobierno ha logrado sacar adelante una batería de leyes que están transformando nuestro país, con mayorías parlamentarias y aprobación de presupuestos.

--¿Qué salud tiene la socialdemocracia en una Europa donde avanza la extrema derecha?

--La socialdemocracia ha demostrado que tiene una mala salud de hierro. Ha avanzado posiciones electorales en lugares muy relevantes. Gobernamos en la Península Ibérica y en todos los países escandinavos. El SPD ostenta la cancillería alemana, el lugar de responsabilidad política más influyente de toda Europa. Y con presencia importante en otros gobiernos como el italiano. Eso contrasta con la posición de debilidad que tiene ahora el Partido Popular Europeo y el centroderecha, que gobierna en Grecia y Austria. Existe una recuperación de la socialdemocracia que tiene que ver con una demanda de certidumbre y buena gestión. Y de recuperación del prestigio del papel del Estado, que se ha visto muy necesario durante la pandemia. Hay que destacar el papel preminente que tiene Pedro Sánchez y el Gobierno de España en nuestra familia europea.

--Fue nombrado jefe de la delegación de observadores en las elecciones de Colombia. ¿Cómo está la situación en ese país?

--Tuve la suerte de ser nombrado por el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Somos 120 observadores para la segunda vuelta de las elecciones, tenemos un equipo muy potente de la UE trabajando allí. Toda Latinoamérica ha sufrido la crisis de la pandemia en las condiciones más duras. En los últimos diez años se ha visto afectada esa región por la reducción de precios de las materias primas e inclemencias económicas que han generado mucho malestar social, lo que se ha traducido en duras protestas en la calle. Colombia es un país con pilares sólidos en sus sistema electoral. Creo que deberíamos poner más el foco en nuestras relaciones con Latinoamérica. Damos por descontado que Europa va a tener grandes vínculos con la región, por nuestros lazos culturales. Y no deberíamos dar nada por garantizado, pues esa es una de las lecciones que no dio lo ocurrido en Reino Unido. En los últimos años hemos tenido problemas de vecindad y hemos puesto el foco en el este de Europa, en el norte de África. Además, la presencia de China en la región ha aumentado de forma exponencial, hoy es un inversor estratégico muy fuerte. Como los intereses españoles están en juego, no deberíamos dar nada por hecho. Hace siete años que no se hace una cumbre entre Europa y Latinoamérica. Uno de los objetivos de la presidencia española del Consejo, así lo ha expresado Pedro Sánchez, es reimpulsar las relaciones al más alto nivel.

--¿Las relaciones de Carles Puigdemont con Rusia preocupan realmente a la UE?

--Tenemos a más de 700 eurodiputados en el Parlamento europeo. Con todo el respeto a Puigdemont como miembro de la Cámara, forma parte de los no inscritos y las discusiones de la política europea giran entorno de los cuatro grandes grupos, el popular, el liberal, los socialistas y los verdes, donde no tiene ninguna influencia ni presencia Puigdemont ni Junts per Catalunya. Sí es cierto que al Parlamento europeo una de las cosas que le preocupa es la injerencia en su democracia por parte de fuerzas extranjeras, especialmente de Rusia, que tiene una comisión de investigación abierta, donde se analizan los vínculos de ese país con la extrema derecha, así como la desinformación y la financiación. Dentro de esa comisión se ha pedido que se investiguen los vínculos del independentismo catalán con Rusia.