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El rey Felipe VI; el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra, durante la inauguración de los Juegos Mediterráneos de Tarragona / EFE

El independentismo pierde la batalla de los Juegos Mediterráneos

Los gestos de Torra contra el Rey, al borde la comicidad, cosechan un monumental fracaso propagandístico y dilapidan su credibilidad a la hora de reclamar diálogo

23.06.2018 00:00 h.
4 min

La ceremonia inaugural de los Juegos Mediterráneos de Tarragona ha supuesto un duro revés para el independentismo catalán. Lejos de convertirse en un nuevo altavoz internacional de las reivindicaciones secesionistas, como pretendían algunas organizaciones y el propio presidente de la Generalitat, Quim Torra, el acto ha servido para constatar el rechazo cada vez mayor de la sociedad catalana hacia el proyecto rupturista que personifican Puigdemont y su entorno.

La monumental pitada que los asistentes han dedicado al presidente autonómico, unido a la mayor presencia de banderas de España que esteladas en las gradas del Nou Estadi y al aplastante predominio de los aplausos sobre los abucheos al Rey, ha dejado descolocado al activismo independentista, que preveía otra jornada favorable para sus intereses propagandísticos.

Actuación ridícula de Torra

A todo esto hay que sumar la ridícula actuación de Torra, impropia de un gobernante de una democracia occidental. Tras semanas dejando en el aire su presencia en la ceremonia inaugural, el viernes al mediodía anunció que acudiría pero que rompía unilateralmente toda relación institucional entre la Generalitat y el jefe del Estado.

Posteriormente, firmó su renuncia a la vicepresidencia de la Fundación Princesa de Girona. Y por la tarde, apenas dos horas antes de la ceremonia de los Juegos, el presidente autonómico lideraba una concentración convocada por la ANC y Òmnium Cultural contra la presencia del monarca en Tarragona.

Victimización

Torra también prometió que aprovecharía la ceremonia de los Juegos para pedir “explicaciones” al monarca sobre su discurso del 3 de octubre. Al final, esas “explicaciones” se han limitado a la entrega al Rey de dos libros --una recopilación de fotografías del 1-O y un informe del Síndic de Greuges-- que el independentismo utiliza como referentes en su estrategia de victimización respecto al referéndum secesionista ilegal del 1 de octubre.

Finalmente, Torra ha compartido el palco con el Rey y con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ocupando el tercer lugar jerárquico que le corresponde como presidente de la Generalitat. Y no le ha quedado más remedio que aguantar estoicamente los acordes del himno nacional de España.

Pérdida de credibilidad

Así las cosas, la jornada ha supuesto un serio revés para la estrategia propagandística de Torra pues sus gestos han rozado más la comicidad que la contundencia que pretendía demostrar. De tal forma que sus desplantes ni han logrado la repercusión internacional deseada, ni han recibido el apoyo popular esperado, ni han convencido a los sectores más radicales del independentismo y, sin embargo, probablemente supondrán un lastre en sus negociaciones futuras con el Gobierno.

Pero el mayor de los costes para Torra de los aspavientos de este viernes es, sin duda, que la credibilidad de sus apelaciones al diálogo ha quedado herida de muerte.