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Carles Puigdemont tras una humareda / CG

Cómo devolver el genio independentista a la lámpara

Los partidos separatistas quieren resituarse con la renuncia a la vía unilateral, pero las bases presionan y se resisten, mientras la potente ANC dificulta la operación

01.07.2018 00:00 h.
9 min

La lámpara de Aladino. Una cuestión muy complicada para el genio independentista, que salió con fuerza y que ahora no quiere volver a la lámpara. Asambleas en Osona, en el Vallès Oriental, en Terres de l’Ebre, en Barcelona… Las bases independentistas se asombran cuando las cúpulas del PDeCAT y de ERC aseguran que se debería iniciar una nueva etapa. ¿Y el 1 de octubre? “No vamos a renunciar, no nos podemos cruzar ahora de brazos”. Son las reflexiones de dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana, la poderosa ANC, que siguen de cerca todo lo que ocurre en el “territorio”.

El cambio de Gobierno en la Moncloa debería significar una nueva etapa, porque el independentismo había dejado claro que no podía avanzar ni un milímetro con el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Ni podía ni quería, porque esa confrontación alimentaba el espíritu victimista. Pero las dificultades son máximas. Las direcciones del PDeCAT y de Esquerra han comenzado a comprobar, y por eso son tan pacatas, que las bases, después de haber animado todo ese caldo de cultivo –todo eso se ilustra a la perfección con lo que pasó el 20S con Jordi Sànchez y Jordi Cuixart— quieren mantener la tensión, y no están dispuestas a volver a casa esperando un avance en el autogobierno o una mejora de la financiación. “Eso se ha acabado, y quien no lo quiera ver se está equivocando mucho”.

Álvaro o Colomines

¿Que significa eso en la práctica? Que la presión de la ANC, del entorno de Carles Puigdemont, a través de Junts per Catalunya y de las figuras mediáticas que siguen ese juego, como Agustí Colomines, verdadero ídolo de muchas de esas bases, que lo contraponen a un “esquivo y oportunista” Francesc Marc Álvaro –por defender que el independentismo debería deshacer el espejismo—será enorme para que todo el movimiento confeccione listas unitarias en las elecciones municipales.

No habrá rupturas ni ilegalidades hasta entonces, pero sí se reclama que las municipales sean la continuación del 1 de octubre, y en función de la fuerza que se alcance se buscará otro pulso para desbordar al Estado.

CRÓNICA GLOBAL ILUSTRACIÓN

Puigdemont, el genio independentistas que hay que devolver a su lámpara / FARRUQO

¿Hay algunos indicadores de eso? Esquerra Republicana, que celebra este fin de semana su conferencia nacional, se ha visto obligada a cambiar el título de la ponencia política. No es algo menor. Los que conocen el partido vuelven a percibir movimientos de fondo. Esta vez no supondrá un cambio en la dirección, como tantas veces ha ocurrido, porque Esquerra es una fuerza política más madura, pero las bases republicanas quieren marcha, no vía “autonomista”. La ponencia lleva el título de Ara, la República catalana, cuando se había apostado inicialmente por un ambiguo Fem República que podía servir para un roto y un descosido.

Torra no sabe qué hacer

El nerviosismo interno se trató de capear con una carta de Oriol Junqueras, leída por el diputado Gabriel Rufián, en la que el exvicepresidente de la Generalitat pedía “abandonar los discursos vacíos” y buscar, con determinación, la ampliación de las bases independentistas. El reproche de Junqueras iba para el entorno de Puigdemont y personajes como el propio Colomines, o para Quim Torra, y sus espectáculos gratuitos en Washington. Pero también supuso un toque de atención para los que, desde dentro de ERC, quieran correr más de la cuenta.

Otro elemento que denota que será complicado volver a la etapa de un autogobierno calmado, que negocie con el Gobierno de Pedro Sánchez, es la propia actitud de Quim Torra. Uno de sus interlocutores de la sociedad civil en los últimos días explica que el president no sabe qué dirección tomar, y que parece que lo quiere todo y en todo momento: dialogar con Sánchez, --está ansioso por entrevistarse con él el 9 de julio-- exigir la liberación los políticos presos, pedir el derecho de autodeterminación… sin ser consciente de por qué se ha llegado a una situación de bloqueo y sin asumir que las reacciones posteriores, del Gobierno y las propias del ámbito judicial, llegaron por acciones previas del independentismo y del mismo Govern de la Generalitat.

Sin muchas expectativas

Eso lo sabe Sánchez y también el PSC, y por ello no se quieren generar demasiadas expectativas. Prefieren ir ganando tiempo, hacer gestos claros, como la aproximación de los políticos presos a cárceles catalanas. Y que todo se vaya normalizando a la espera de las elecciones municipales, autonómicas y generales, cuando se vea que se dan las circunstancias para una victoria clara del PSOE.

El PDeCAT está en la misma situación que Esquerra. La coordinadora general, Marta Pascal, que ha mantenido una confrontación dura con Carles Puigdemont, ahora le ofrece la presidencia del partido, consciente de que es él quien lidera el movimiento. El PDeCAT, según fuentes independentistas, “salvará los muebles”, porque tiene un concepto del poder muy claro, a diferencia de ERC, aunque los republicanos han comenzado a aprender muchas lecciones. Y, con mayores o menores dificultades, integrará las diferentes corrientes críticas en el congreso de finales de julio. Pero el problema se mantendrá.

Verano y otoño calientes

“Ha habido un 1 de octubre --la portavoz de ERC, la joven Marta Vilalta, reivindicó esa circunstancia para conectar con las bases-- y la política catalana cambiará por completo tras las elecciones municipales”, señala un dirigente del ámbito de la ANC. Eso implica que esas bases, personas con experiencia política, que son vanguardia en cada pueblo, en cada ciudad mediana y no tan mediana de todo el territorio catalán, presionarán todo lo que puedan para no volver a los días grises del autogobierno, los que han dado tan buenos frutos, por cierto, desde la transición. Saben que habrá un juicio a los dirigentes independentistas, que será duro, con penas que dependerán de los delitos que se puedan probar. Y todo eso, en los próximos meses, generará un clima de tensión extrema. “Este mismo mes de julio puede ser complicado”, señalan las fuentes consultadas.

Esquerra y el PDeCAT lucharán para controlar la situación, con amenazas claras: la ANC, capitaneada por Elisenda Paluzie, una economista sin complejos, que dice lo que piensa con una sonrisa de oreja a oreja; Puigdemont y sus piezas, distribuidas en el Govern, en las entidades sociales y en los medios de comunicación, como el constante Colomines, y los diputados afines de Junts per Catalunya.

Una de las pruebas de fuego será Barcelona. El movimiento independentista de base, el genio que salió de la lámpara que agitó el expresidente Artur Mas y luego frotó con ganas Puigdemont, quiere una lista unitaria con Jordi Graupera, o con gente dispuesta a ir a por todas para que la capital catalana sea la punta de lanza del desborde del Estado. Ese genio no tiene ningunas ganas de volver a entrar en la lámpara de Aladino.

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