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El ascenso de Puigdemont dispara los complejos de ERC

El candidato de JxCat sube en los sondeos y Junqueras, por decisión del juez, sigue en prisión, lo que pone en alerta a los republicanos ante el 21D

05.12.2017 00:00 h.
7 min
Carles Puigdemont hace declaraciones a sus medios afines en la ópera de Gante. Su ascenso desata los nervios de Esquerra / CG

Dudas. Nervios. Los dirigentes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tienen la convicción de que esta vez será diferente, de que los viejos demonios quedarán arrinconados, pero los hechos invitan a mantener la máxima cautela.

El ascenso en las encuestas de la lista que encabeza Carles Puigdemont magnifica los complejos de ERC, que tiene un problema serio: Oriol Junqueras seguirá en prisión, a menos que el juez Pablo Llarena rectifique en los próximos días. Eso desequilibra la situación.

Cambio de estrategia

Puigdemont sigue desbocado, con entrevistas en todos los medios extranjeros y en los afines que han decidido trasladarse a Bruselas, mientras que Esquerra lleva a los debates a Marta Rovira, poco rodada y con dificultades para reaccionar cuando no puede desarrollar el discurso independentista de manual.

Esta vez, la incidencia de Esquerra en el territorio, su labor minuciosa en los últimos años, sin broncas internas --precisamente la tarea que ha llevado a cabo Rovira—, lleva a los dirigentes republicanos a rechazar que Puigdemont y el PDeCAT les puedan comer el terreno en el último instante. Pero, aunque no fuera así, la situación rompe la estrategia diseñada en los últimos meses.

ERC quiere demostrar que sabe gobernar

Junqueras seguirá defendiendo el proyecto independentista, pero su apuesta a corto y medio plazo pasaba --¿pasa?— por un acuerdo con Els Comuns, el partido de Ada Colau, y alguna colaboración externa con el PSC. La obsesión es “ensanchar” la base social del soberanismo y demostrar en los próximos años que los republicanos son capaces de gobernar con solvencia la Generalitat.

Cuando se les pregunta a los miembros republicanos del anterior Govern sobre esa cuestión responden que, de hecho, ya lo han mostrado en los dos últimos años. “¿No lo hemos hecho?, esta vez sí se ha dejado claro que se quería gobernar con la máxima seriedad”, se asegura. Pero se entiende que esa ha sido una de las carencias históricas de Esquerra, con dos malas experiencias con los tripartitos presididos por los socialistas Pasqual Maragall y José Montilla.

Sin embargo, esa apuesta se puede truncar si la lista de Junts per Catalunya, que lidera Carles Puigdemont, logra más de 20 escaños, o se aproxima, incluso, a los 25 o 30 diputados. La presión de todo el mundo soberanista para que gobierne en coalición, con la presidencia, además, de Puigdemont, como ha pedido la coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, truncaría los planes de Junqueras y de la dirección de Esquerra.

Puigdemont y el último cartucho contra Rajoy

Al margen de la retórica, de los mensajes a los militantes y de los guiños al universo independentista, Esquerra ha tenido una misión en el último decenio: achicar el espacio convergente, sustituir a CiU como elemento central de la política catalana. Y ese objetivo es prioritario. En gran medida porque a Convergència, ahora PDeCAT, se la asocia con la corrupción y con el poder caciquil en el territorio, más allá de Barcelona y de su área metropolitana. Y porque la lucha política se dirime en esas pequeñas y medianas ciudades que, todavía, siguen en manos de alcaldes convergentes.

Puigdemont conoce a la perfección esos complejos de Esquerra, porque, como alcalde de Girona, los ha vivido en directo. Y, aunque su objetivo real es lanzar un último cartucho contra Mariano Rajoy, con una victoria amplia del independentismo el 21D y con su figura al frente, tampoco deja de lado la posibilidad de que Esquerra no pueda tomar el relevo y gobernar con otras fuerzas políticas sin el concurso del PDeCAT.

Puigdemont corre en las encuestas. En los medios de comunicación públicos, aunque no se percibe igual en Catalunya Ràdio, Puigdemont goza de toda la atención. Seguirá haciendo campaña desde Bruselas, participará en los debates por videoconferencia, mientras que Junqueras permanece en prisión. Esa es la realidad que ha cambiado las estrategias diseñadas.

El bumerán contra Esquerra

Pero Esquerra puede ser víctima de sus propios fantasmas. Cuando Puigdemont estuvo a punto de convocar elecciones, tras una reunión en el Palau de la Generalitat con los miembros de su Govern y con la cúpula de ERC, fue la presión de los republicanos y de un puñado de alcaldes y de miembros del PDeCAT la que le llevó a rectificar.

La propia Marta Rovira fue la que alentó a los universitarios que se manifestaban en la plaza Catalunya para que se trasladaran a la plaza Sant Jaume para rechazar esa convocatoria electoral que hubiera evitado, precisamente, la aplicación del 155 de la Constitución y, seguramente, la querella posterior del fiscal José Manuel Maza contra los miembros del Ejecutivo catalán, porque se habría evitado la declaración de independencia en el Parlament.

Lo que intentó Esquerra era muy complicado. A favor de convocar elecciones y buscar ya el gobierno de la Generalitat, pero sin parecer que se forzaba a ello, y dejando claro que toda la responsabilidad era de Puigdemont.

Ahora es Puigdemont quien puede poner contra las cuerdas a Esquerra, demostrando que la política catalana está secuestrada desde hace más de un decenio por la pugna total y sin tregua en el seno del nacionalismo entre lo que fue CiU y ERC. 

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