Dos planos distintos. El mundo institucional, en manos del independentismo, reclamó este viernes la máxima unidad, y la lucha popular tras conocer la decisión de la Fiscalía, que, con el delito de rebelión por delante, ha pedido penas de prisión de hasta 25 años para Oriol Junqueras y de 17 años para Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, como máximos organizadores de la movilización independentista. El presidente Quim Torra, incluso, anunció su ruptura con Pedro Sánchez y rechazó aprobar los presupuestos. Pero esas protestas populares no se produjeron en las calles, pese al lema de que “las calles serán siempre nuestras”. El independentismo ha comenzado a ser consciente de que desfallece, de que no podrá mantener la tensión de forma permanente, y lo hizo en su día más difícil.

Capacidad de movilización la ha tenido el independentismo desde la primera Diada masiva de 2012, pero si la intención era que se podía ensanchar la base social en la medida que la “represión” del Estado despertara a los no independentistas, eso este viernes no se produjo. Y es que no hay unidad en el mundo independentista para lograr objetivos comunes en una única dirección.   

Retroalimentación 

Las concentraciones se produjeron frente a las prisiones, en Lledoners, en Mas d’Enric y Puig de les Basses. La más importante, en Sant Joan de Vilatorrada --el municipio que alberga la prisión de Lledoners--, concitó las peticiones de “unidad y libertad”, con la intervención del presidente Quim Torra, que reclamó una división en dos de la sociedad catalana “entre los que están con la represión y los que no lo están, porque nadie puede quedar al margen”.

Fue la retroalimentación del mundo independentista, de los dirigentes que están al frente de la Generalitat, y de las entidades que intentan mantener la tensión, como la ANC y Òmnium Cultural. El objetivo es sensibilizar al mayor número de ciudadanos en Cataluña, y en el entorno de los países europeos, a la espera de un juicio que debería ejercer como palanca de la culminación de las protestas en la calle y en contra del Estado español.

Los presidentes del Parlament y del Govern, Roger Torrent (i) y Quim Torra (d) durante la declaración institucional sobre los escritos de la Fiscalía / CG

Roger Torrent y Quim Torra, tras conocer la decisión de la Fiscalía

Llenar las calles

Fue Lluís Llach quien quiso recordar las palabras del exdiputado de la CUP, David Fernández, quien reclamó hace un año que se debían “llenar las calles” con protestas diarias. “Ese momento ha llegado, está llegando”, señaló Llach. Pero la realidad es más prosaica. Una parte importante de la sociedad catalana mantiene sus distancias con esa pretensión independentista. Y no hubo grandes movilizaciones ni protestas en el día señalado, porque se conocía que la Fiscalía iba a anunciar este viernes su petición de penas, y sabía que se iba a mantener el delito de rebelión, con penas de hasta treinta años de cárcel.

La unidad que se pidió en Lledoners no parece que sea posible. Esquerra Republicana ha tomado sus decisiones, y, pese a las palabras grandilocuentes de Pere Aragonès, vicepresidente de la Generalitat, o de Gabriel Rufián, diputado de ERC en el Congreso, los republicanos arropan a Junqueras, que asume que puede permanecer en la cárcel un largo tiempo, y tratan de gobernar la Generalitat separando el día a día y sus objetivos a largo plazo de la movilización y la agitación permanentes.

El exdiputado y cantautor Lluís Llach / EFE

El cantautor Lluís Llach pide "llenar las calles"

La influencia de los gurús

Los gurús mediáticos, sin embargo, fueron exigiendo más respuestas, con una lógica de tierra quemada. Pilar Rahola pedía a los responsables de Esquerra y del PDeCAT en el Congreso que tomaran una decisión, y que dejen sus escaños para mostrar el punto de inflexión con el Estado. También el escritor Julià de Jòdar, próximo a la CUP, exigía ocupar las calles y demostrar ese clima de crispación y de enojo por las penas de cárcel que pide la Fiscalía. Pero no eso no se produjo.

El camino lo había iniciado el presidente Torra y el presidente del Parlament, Roger Torrent, al señalar a Sánchez de “cómplice de una venganza contra demócratas”, que, a juicio de los dos dirigentes independentistas “no han cometido ningún delito”.

Cartuchos quemados

Un disparo por elevación, una crítica frontal contra el Gobierno que no podía dictar a la Fiscalía las penas que podía aplicar a los políticos presos. El Ejecutivo sí actuó a través de la Abogacía del Estado, que rechazó el delito de rebelión, y se concentró en el que siempre defiende --es su obligación velar por los recursos públicos--, el del malversación y añadió el de sedición.

Torra incidió en que el independentismo “no puede ahora aprobar los presupuestos del Estado”, y señaló que rompe con el presidente Sánchez.  Pero, por ahora, el independentismo no ha conseguido que su causa sea la del conjunto de la sociedad catalana. Y los cartuchos de la movilización permanente se van agotando.