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La revuelta de las clases medias

Josep Burgaya
6 min

Muchos de los procesos de inestabilidad y conflicto que se producen en el mundo coinciden en un factor: el malestar de unas clases medias debilitadas y en peligro de desaparición. Y es que sobre las llamadas clases medias se ha sostenido el capitalismo durante más de un siglo y fue sobre ellas en que se construyó el consenso, justo después de la Segunda Guerra Mundial, que hizo posible el desarrollo de el Estado de bienestar y del modelo social europeo. Cierto que el de "clase media" ha sido siempre un concepto un poco vago, del que depende mucho si se adscribe a ella una determinada población a partir de un cierto nivel de ingresos, o más bien se utiliza para definir una cultura en la que confluyen el nivel de bienestar material, moderación política, una actividad laboral ligada a actividades profesionales, comerciales y empresariales y un cierto grado de propiedad. Tampoco es exactamente el mismo grupo si lo establecemos a partir de datos objetivos, o bien nos remitimos a la adscripción voluntaria. Antes de la crisis de 2008, la mayoría de la población occidental se definía de manera absolutamente dominante como clase media, con la apostilla de media-media, media-baja o media alta. De repente, la adscripción a la "clase trabajadora" había desaparecido.

En los discursos políticos, todo el mundo apelaba al voto de unas clases medias consideradas la base material y mental de la sociedad. Más amplia o restringida, se ha considerado durante mucho tiempo a este grupo como el paradigma y el sostenimiento de la estabilidad económica y política. Fundamental en el aspecto económico por su acentuada propensión y posibilidad al consumo que les permitía el disponer de un cierto nivel de renta. Clave en la política, por su tendencia a optar y bascular en el arco político moderado entre el centroderecha y el centroizquierda, siendo en la práctica quien proporcionaba las mayorías en la alternancia típica europea entre socialdemocracia y conservadurismo.

Aunque el proceso en el que la clase media se fue convirtiendo en un grupo difuso y muy propenso al mal humor se aceleró con la crisis económica, lo cierto es que el inicio de su pérdida de influencia se inició con la apuesta mundializadora del capitalismo ya hace más de tres décadas y con la "revolución de los ricos" que al perder el miedo a la existencia de un contramodelo que resultara atractivo para amplias capas de la sociedad, decidieron romper todo consenso social y apostar por el individualismo más puro y duro y evolucionar hacia la sociedad polarizada entre el 1% y el 99%. Aunque a medio plazo pueda ser una ficción el mantener los niveles de demanda con la liquidación de la capacidad adquisitiva de amplias capas de la población occidental, algunos creyeron que la disminución de los costes de producción y los bajos precios aún tenían una cierta carrera por delante con la nueva demanda de los sectores emergentes en los países en vías de desarrollo.

La tendencia al laminado progresivo de las clases medias en todos y cada uno de sus niveles parece un proceso imparable desde entonces, y la premonición que ya hizo el politólogo John Gray ya en 2000 de que era un grupo social que "el capitalismo ya no se iba a permitir ", se ha ido cumpliendo. La caída de ingresos salariales y la pérdida de seguridades en relación con el mantenimiento del trabajo son una evidencia en los segmentos medios y altos del mercado laboral, presionados también por el efecto moderador de salarios que provoca la deslocalización y las crisis sucesivas, sean estas económicas o de origen sanitario.

Las rentas de capital y los beneficios por actividades empresariales de pequeña dimensión tienen poco que ver con lo que habían sido. En el mundo empresarial actual, el tamaño importa, y la destrucción, agravada con las crisis, de pequeñas y medianas empresas ha sido, es y será impresionante. Las capas medias siguen siendo las que sufren la mayor presión tributaria. Gran parte del ingreso público se sostiene, todavía, sobre lo que queda de ellas. Los segmentos bajos cotizan mucho menos por efecto del desempleo y la precariedad salarial. Las grandes corporaciones, sea por medio de la elusión o del fraude fiscal, ya hace tiempo que decidieron contribuir sólo de manera simbólica o no hacerlo en absoluto. Ha sido y es la clase media la clase extractiva, no en el sentido de extraer ella, sino de ser de la que se extrae. Siempre que ha habido procesos de empobrecimiento de los sectores medios, su malestar se expresa en forma de conflicto y de inestabilidad grandes. Vaivenes políticos hacia los extremos que se manifiestan ya hace unos años de manera radical y con un fuerte componente nacionalista, xenófobo e intolerante. Las opciones populistas y totalitarias --históricamente Europa tiene malos antecedentes--, suelen sostenerse sobre la frustración económica de los antiguos sectores sociales intermedios.

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¿Quién es... Josep Burgaya?
Josep Burgaya

Profesor universitario y ensayista. Doctor en Historia Contemporánea ejerzo como profesor en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Uvic-UCC. He publicado El Estado de bienestar y sus detractores (Octaedro, 2013), La Economía del Absurdo (Deusto, 2015), galardonado este con el Premio Joan Fuster de Ensayo, y Adiós a la soberanía política (Ediciones Invisibles, 2017). Soy un izquierdista perplejo al que le rompen el corazón y la razón tanto la vieja como la nueva izquierda. Estoy en este blog: https://jburgaya.es/