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¡Que viene el tsunami!

Ramón de España
4 min

El curso político no empieza en Cataluña hasta que los nacionalistas se sacan de la manga alguna nueva chorrada. La de este año atiende por Tsunami Democràtic, iniciativa sin firma, pero que debe provenir de los mismos de siempre, para indicar a los buenos catalanes lo que tienen que hacer cuando salga la sentencia del Supremo y, previsiblemente, les caigan unos años de cárcel a los organizadores de la fiesta del 1 de octubre. El manifiesto no aporta grandes novedades. De hecho, insiste en lo mismo de siempre: la desobediencia civil unida al pacifismo para hacer frente a un Estado opresor. El único problema es que la imagen elegida, el tsunami, no es precisamente un acto pacífico de la naturaleza, sino una agresión en toda regla a cualquier humano que se encuentre a su alcance. Un tsunami pacífico es, pues, un oxímoron muy notable.

El vídeo que acompaña el manifiesto no cuenta con un presupuesto muy elevado --se debe estar vaciando la caja de resistencia, si es que no la vacían a diario los amigos de Puigdemont para financiarle los mejillones-- y trata de hacer de la necesidad, virtud: dura treinta segundos y lo único que aparece es un perolo puesto al fuego con el agua que hierve cada vez más, amenazando con provocar alguna desgracia que no vemos (supongo que el agua hirviendo es una metáfora de la actitud del buen catalán ante la previsible sentencia del juicio del 1-O).

El tsunami democràtic ya cuenta con el apoyo de Puchi, Torra, Rovira, Junqueras, Torrent y demás elenco nacionalista, pero da la impresión de que ese apoyo es tan de boquilla como el de la propia iniciativa. Nadie se ha tomado la molestia de explicar en qué va a consistir en la práctica el tsunami de marras, con lo que poco entusiasmo puede despertar entre los creyentes y poca diversión entre nosotros, los paganos. Francamente, son más estimulantes los rebuznos de Toni Albà, Jair Domínguez o el mosso Albert Donaire: los escuchas y, por lo menos, te entran ganas de meterles la cabeza en el retrete y tirar de la cadena, pues consiguen sacar lo peor de ti. Lo del tsunami, por el contrario, te deja frío, lo cual te afecta a la circulación de la sangre, que corre al ralentí mientras va que se las pela con los tres ceporros recién citados. Mucho mejor el video de aquel iluminado que aseguraba que el 11 de septiembre ocuparía el Parlament con la ayuda de unos amigos suyos. Puestos a decir burradas, cuanto más desquiciadas, mejor, pues animan a tus iguales y entretienen mucho a tus desiguales.

Mal tienen que estar las cosas en el procesismo para que la primera iniciativa del curso político sea una cansina repetición de las consignas de siempre y una llamada con poca convicción a la revuelta: hacer perder el tiempo a afectos y desafectos debería estar prohibido. Quedo, pues, a la espera de la toma del Parlament por el merluzo del video, quien, por lo menos, me proporcionó unas risas muy saludables. ¡La imaginación al poder, chavales!

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.