El periodista Wifredo Espina, en la entrevista con 'Crónica Global'

El periodista Wifredo Espina, en la entrevista con 'Crónica Global'

Pensamiento

Espina: "El catalanismo creativo y dialogante se ha ido a hacer puñetas"

El veterano periodista de 'El Correo Catalán' señala que Pujol "nunca hubiera dado el paso" hacia el proyecto independentista, aunque tuviera la idea en la cabeza desde el primer momento

1 septiembre, 2019 00:00

Wifredo Espina (Vic, 1930) fue considerado el ‘enfant terrible’ de la prensa que se preparaba para la transición. El veterano periodista, que pudo ver, en El Correo Catalán, cómo Jordi Pujol condicionaba la línea del periódico y él mismo escribía algunos editoriales, lamenta ahora la trayectoria de otros profesionales y de los medios públicos de la Generalitat que se han dejado muchas plumas en el transcurso del proceso independentista. Autor de Quan volien silenciar-me (Pagès Editors), señala en esta entrevista con Crónica Global que hubo un catalanismo que ha dejado de existir: “El catalanismo creativo e integrador se ha ido a hacer puñetas”, sentencia.

--Pregunta: ¿Una de las consecuencias del procés independentista en Cataluña, al margen de lo que ocurra en septiembre y octubre con la sentencia del Supremo, es que el periodismo político ya no saldrá indemne?

--Respuesta: El periodismo político ya está tocado, y gran parte del teóricamente no político, también. Aquí se ha politizado todo. Desde los goles del Barça hasta las discusiones familiares y las homilías de Montserrat. No es que todo sea política, como a veces se dice, sino que se ha buscado que todo fuera política, para así dominar mejor la escena por parte de los que tienen los hilos que mueven las marionetas de la sociedad. El destrozo no ha sido solo profesional, sino social.

--¿Como explica un periodista veterano como usted la transformación de los medios, aquellos que se han sumado de forma acrítica a lo que impulsaba el Gobierno de la Generalitat? ¿O esa degradación ya venía de lejos?

--Hay medios que han intentado salvarse, en algunos momentos, de ser arrastrados por la corriente. Desde el poder, con todos sus recursos, se ha dominado –creado y orientado- la opinión pública. Y esta, en gran medida, se ha impuesto a la opinión publicada. Un bucle perfecto. Sin que se alzasen las voces del pensamiento crítico. O lo hicieran débilmente. En no pocos casos, han dejado de ser críticas para pasarse al coro dominante. Generalmente, por intereses económicos, de cargos o de notoriedad. Otras, de forma temerosa o heroicamente, se han refugiado en las nuevas catacumbas. Por ejemplo, en libros, publicaciones minoritarias o especializadas. Con lo cual su voz ha quedado apagada, emergiendo así una sociedad banal y frívola, de pensamiento único y gris, de 'tarifa plana'.

--Usted conoció a Jordi Pujol como el gran timonel de El Correo Catalán. ¿Cree que es el máximo responsable de la deriva independentista? ¿Tenía el proyecto en su cabeza ya en 1980?

--Jordi Pujol intervino decisivamente en los últimos años de El Correo Catalán, llegando a presidir sus consejos de administración, reuniones de redacción y escribiendo o encargando editoriales o artículos, más allá de las famosas consignas. Como el diario tuvo una gran popularidad e influencia, Pujol quiso aprovecharse del prestigio del Correo como trampolín para su carrera política y sus proyectos: su idea de Cataluña, que yo no compartía. No lo veo como el máximo responsable de la deriva independentista, que ocurrió descaradamente con Artur Mas, con su decisión mesiánica en 2012. Creyó que la gran manifestación del 2012 era independentista, cuando había mucho de protesta debido a la crisis económica y por los recortes, y se subió al caballo. Es cierto que Pujol puso los fundamentos de un catalanismo serio, pero bastante radicalizado, que luego derivó en independentismo. No creo que Pujol hubiese dado nunca este paso, menos de la forma como se hizo. Ha recorrido y conoce bien la geografía española y, antes de su estruendosa "confesión" de fraude, además de muy conocido era valorado a todos los niveles, en España y fuera. Inteligente y muy culto –con él se puede hablar de economía y de teología-, en política procuraba respetar el marco legal. Fue declarado "español del año" por el diario monárquico ABC. Creía en la Cataluña "nación", y es posible que en el fondo la creación de un estado catalán estuviera tempranamente en su cabeza. Pero siempre fue muy realista en sus actuaciones, aunque más idealista y radical en sus palabras. Sorprendió a todos el conocimiento de sus implicaciones, directas o indirectas, en los presuntos fraudes millonarios que se han publicado. Y ha fulminado el prestigio de una vigorosa personalidad política. Pero ni su prestigio ni su fuerte liderazgo político deben torcer el rumbo de la Justicia, que aún no ha dicho la última palabra.   

--¿Qué papel ocupó el diario El Correo Catalán en el panorama periodístico de la época, y Jordi Pujol en concreto?

-Habíamos convertido El Correo Catalán en un diario muy profesionalizado, que fue la razón de su éxito. Pensado en catalán y escrito en castellano, se apostó por la democratización, el catalanismo y la preocupación social. Cobijó a firmas de gran prestigio, como Josep Pla, Joan Fuster, José María Gironella, Pere Calders, Fabián Estapé, Sempronio, Llorenç Gomis, Lorenzo Contreras, Cesc y Perich, por ejemplo. Tuvo una gran influencia social, aún ahora se le recuerda como un referente, casi un mito. Sin duda fue motor y un adelantado del cambio hacia la democratización. No pocas personalidades se dedicaron a la política influidos por este diario. Aunque es una anécdota, yo mismo fui elegido "periodista popular español del año" por el entonces considerado progresista diario Pueblo, de Madrid, pese a mis choques con algunos ministros, especialmente Fraga: "yo le puedo silenciar", "hay que desespinizar El Correo Catalán", decía. Tuve la suerte de que muchos de mis artículos se reproducían en diarios de todo el Estado, que no se atrevían a escribir lo que decía en ellos, y se amparaban en su cita o copia. Andreu Roselló fue el gran director del diario, con una personalidad muy independiente hoy difícil de encontrar, y Manuel Ibáñez Escofet su dinamizador durante mucho tiempo. Como digo, Jordi Pujol quiso aprovecharse del prestigio e influencia del Correo como trampolín de su carrera política y de su ideología. ¿También de sus negocios? Lo politizó tanto y partidistamente, que lo hundió en poco tiempo. El mito de El Correo Catalán pasó así a la historia.

--En su libro, Quan volien silenciar-me, añade coletillas cuando se refiere a su propia formación, a la muestra de banderas en los balcones, a la evolución, en definitiva, de la política catalana. Con ellas constata que hay un salto acelerado en los últimos diez o quince años. A su juicio, ¿por qué se produce ese salto?

--El dominio de la escuela, con la imposición del catalán –lengua que había sido duramente perseguida--, y cierta manipulación de la historia, empezaron a dar sus frutos en la formación de los jóvenes. Muchos de ellos luego fueron maestros y profesores que impartieron sus ideas, o fueron profesionales de renombre y también políticos con influencia. Por otra parte, el ascendente de la Generalitat en los medios de comunicación, con un control total de los públicos y un gran peso en los privados, crearon una opinión social muy potente, que es la que dinamiza las grandes manifestaciones. Manifestaciones que desde la Generalitat y con la ayuda decisiva de conocidas instituciones por ella dominadas, se han convertido cada vez más en actos de reivindicación y protesta de un solo signo. La escuela, la interpretación de la historia y la decantación, voluntaria o forzada, de los medios, han sido los grandes pilares --con la decisiva ayuda de la miopía y cerrazón de los gobiernos de Madrid--  sobre los que se asentaría la política pasional, confusa y sectaria, de los últimos años.

'Quan voliem silenciarme', de Wifredo Espina

'Quan voliem silenciarme', de Wifredo Espina

 --Una de las consideraciones que se han  formulado desde un punto de vista sociológico, es que hay dos Cataluñas claramente definidas. Y que una tendría prácticamente como capital la ciudad que usted tanto conoce, como es Vic. ¿Qué representa Vic en estos momentos?

--Estas dos Cataluñas vienen reflejadas en las distintas elecciones, desde hace unos años. La nostálgica y la progresista. La conservadora de las tradiciones y valores de siempre, y la abierta a actitudes y valores nuevos. Suelen coincidir con la población rural y de pequeñas ciudades, y la de las grandes ciudades y conurbaciones urbanas. Vic es una ciudad mediana que ha cambiado mucho y se ha modernizado muy rápidamente, con sorpresa de no pocos por su viraje al radicalismo.

--¿Cómo se ha producido este cambio en la Ciutat dels Sants?

--Vic ha pasado varias veces del seny a la rauxa, y al revés. Cuando a finales del siglo XIX se  trazó la línea férrea, que la uniría con Barcelona, hubo grandes protestas, se creía que llegarían por ella todos los males. Ahora, muchos estudiantes barceloneses y de otras partes van a cursar sus estudios en su universidad. El seminario de Vic, casi una gran fortaleza arquitectónica, fue construido durante el franquismo con dinero procedente de Madrid. Hoy los seminaristas de aquella comarca caben en pocos pisos de Barcelona, y aquella fortaleza que sobresale en la silueta de la ciudad, está vacía o dedicada a otros menesteres distintos a la formación de futuros sacerdotes. Recuerdo, también, una gran montaña de figuras religiosas y objetos de culto en la gran Plaça Major que debían ser quemados por orden de los milicianos republicanos a principios de la Guerra Civil. Y que, luego, las visitas de Franco a la ciudad fueron un acontecimiento que congregaba una multitud. Ahora la Ciutat dels Sants tiene las iglesias casi vacías y del dogmatismo religioso se ha pasado al dogmatismo político del independentismo. Es más fácil transitar de una mentalidad dogmática a otra también dogmática, que hacia el pensamiento abierto, relativizador y tolerante. Quizás por esto, muchos curas, vicenses o no, han pasado de creer firmemente en Dios a practicar la fe soberanista del separatismo. El catalanismo del que Vic fue capital, creativo, dialogante e integrador, que tantos frutos dio, se ha ido a hacer puñetas.

--Ahora se han cumplido cinco años de la confesión de Jordi Pujol. Usted, en su libro, recuerda que Pujol fue accionista de El Correo Catalán hasta el último momento, hasta la desaparición de la editora, en 1985-1986, ya con la mayoría absoluta de Pujol. ¿Ha engañado Pujol desde el primer momento con su patrimonio o con sus recursos monetarios en el extranjero?

--Seguramente ha engañado desde el principio de su vida pública. Jordi Pujol lamentablemente ha estafado a Hacienda, pero ha hecho por Cataluña más que nadie. Consiguió que se recobrara el sentido de país, después de que la dictadura borrara casi todo sentido de identidad propia. Los catalanes volvieron a tener conciencia de su catalanidad, con rasgos muy diferenciados de los restantes territorios estatales. Con sus virtudes y miserias, pero con conciencia de pertenecer a un país diverso, propio. Además, creó la Generalitat, con Govern y Parlament. Puso las piedras angulares de muchas instituciones de peso específico, y el catalán volvió a ser lengua oficial y propia. Puede discutirse las maneras como lo hizo, pero lo hizo. Pese a todos los fallos, tuvo sentido de estado para una región o nación sin estado. Las bases las puso él, como un segundo Prat de La Riba. El catalanismo volvió a resurgir con fuerza y con capacidad de diálogo dentro y fuera de España. ¿Paralelamente engañaba ocultando su patrimonio y recursos monetarios en el extranjero? Muchos hemos tenido esta desilusionante sensación: su estatua para la historia ha caído del pedestal.

--¿Considera que la famosa deixa es dinero de Banca Catalana?

--Pienso que esto de momento no lo puede asegurar nadie, pese a su aparente vinculación. Quizás un día la Justicia lo esclarezca. Yo no negaría que lo de "la deixa" en cierta parte fuera verdad. ¿Todo fue un invento? Tiene bastante de verosímil teniendo en cuenta la época en que Pujol la sitúa, y su estudiado relato, pero ya no tanto en cuanto a la cantidad de dinero que se baraja últimamente respecto a toda la familia. Es difícil, sin embargo, que se lo crean los que perdieron su dinero en el caso Banca Catalana. Por otra parte, se habla menos del asunto Casinos, de donde parece que procedía mucho dinero.  

--Usted experimentó las dificultades de realizar un periodismo valiente, durante el franquismo y en la transición. ¿Cree que se ha dejado de practicar?

--Hice lo que pude y dio buen resultado. Los que practicamos aquel periodismo que usted califica de valiente tenía una gran motivación: la lucha contra la dictadura y conseguir la democracia y la libertad. Ahora se lucha por discutibles ideologías e intereses más pequeños, no por aquel gran ideal. Por motivaciones minoritarias o de un sector, cuando no partidistas o personales. Es una guerra de guerrillas. Y esto no motiva como entonces. Tenemos democracia, con defectos y carencias, pero democracia. Y una libertad como pocas veces ha conocido nuestro país. Por esto habría que tener más cuidado en la utilización que se está haciendo con demasiada frecuencia, de las palabras democracia y libertad. Son conceptos muy serios, que no sirven para peleas de patio o de barrio.

--¿Qué se podría hacer para que los medios públicos de la Generalitat, como TV3 y Catalunya Ràdio realizaran la labor pública que les fue encomendada?

--Liberarlas del control del Govern, que ahora es total. Antes han tenido menos dependencia que ahora, pero nunca han dejado de ser controladas por el gobierno catalán. Es osado decir que al principio les fue encomendada una labor pública ejemplar, porque desde su nacimiento estuvieron al servicio del gobierno de turno. Y esta no es la función propia de un medio público, que ha de ser la información veraz, la neutralidad y la pluralidad. Su manipulación es nefasta ya que muchos ciudadanos se nutren principalmente de las noticias y opiniones de estos medios. Las entidades profesionales debieran estar más vigilantes --¡sin miedo!-- del comportamiento de estos medios. Y el CAC no cumple en absoluto la función que debiera: ¿dónde está la pluralidad por la que debe velar? 

--¿Qué falla en ese caso, la estructura o los propios profesionales, que han abrazado una causa como propia?

--De entrada, la propia estructura que los hace dependientes del poder. Esto requiere una reforma radical. Los profesionales de un medio público se deben a los principios básicos por los que debe regirse éste. Y esto es incompatible con su adscripción o militancia  a cualquier corriente ideológica o actividad política partidista; en todo caso, ésta no debe influir ni manifestarse a través del medio en que trabaja. Hay demasiados 'periodistas políticos' y 'políticos periodistas'. Principalmente en las llamadas tertulias, en las que todo se confunde. No se olviden los códigos deontológicos, de los que la profesión catalana fue una adelantada. Parece claro que algunos de los profesionales de estos medios comulgan o se ponen a gusto al servicio de la causa que defiende el medio politizado, pero otros se someten –primum vivere-- a sus directrices por motivos económicos ya que suelen estar bien remunerados. También hay que reconocer que los medios que usted cita suelen tener una muy buena calidad técnica, pero debería avergonzar a sus profesionales el vasallaje político a que están sometidos. Allá cada cual con su conciencia.

El periodista Wifredo Espina durante la entrevista con 'Crónica Global'

El periodista Wifredo Espina durante la entrevista con 'Crónica Global'

--¿Entiende que se ha producido una situación paralela a la de los periodistas de la transición? Si entonces los jóvenes profesionales de la información estaban al lado de los políticos demócratas, totalmente implicados, porque el objetivo común era alcanzar un sistema democrático, ahora ¿se implican también los periodistas más jóvenes y no tan jóvenes en la causa por la independencia?

--En absoluto es una situación paralela. Como bien dice, los periodistas de la transición formaron, espontáneamente, un frente ejemplar contra la dictadura y a favor de la democracia. Asumiendo riesgos que muchos pagaron caros. Algunos, quizás, se pusieron del lado personal de algún político concreto, pero el objetivo común era alcanzar un sistema democrático de libertad y justicia social. Muchos se implicaron totalmente, quizás algunos perdiendo incluso el sentido crítico que siempre ha de caracterizar al profesional de la información. Aunque fue la época de mayor libertad de prensa, en la que se forjaron firmas importantes, también se cayó en un cierto fanatismo, por la pérdida de aquel sentido crítico, lo cual después se ha pagado por ciertos errores. En la transición también se cometieron algunos errores por falta de experiencia. La Constitución del 78 fue un gran logro, que conviene conservar y mejorar. Instauró una sólida democracia avanzada, pero con lagunas e imprecisiones que facilitaron los consensos.

--Usted reitera en su biografía que siempre hay que “sumar, no restar”. ¿Qué se debería sumar ahora con el resto de España? ¿Cómo se puede avanzar de forma conjunta, desde Vic hasta Huelva? ¿Hay un proyecto conjunto posible?

--No se parecen en nada estas dos ciudades. Están en un mismo Estado hace siglos: un espacio geopolítico y en alguna medida histórico. Esto crea flujos humanos y sentimientos de pertenencia. Un marco legal común, con una Constitución masivamente refrendada después de una dictadura que padecimos todos. El proyecto más razonable --pienso-- sería un Estado Federal. Encajaría pluralidad y diversidad, la suma necesaria para una fuerte personalidad política y una presencia con peso en Europa. Y no se restaría nada: lengua, cultura, historia, idiosincrasia, etc. Por tanto, un posible proyecto conjunto, una suma de esfuerzos, en esta etapa histórica en que se ha recuperado la democracia como marco de convivencia en paz y progreso. La alternativa sería un paso atrás, de división y luchas intestinas con objetivos de vuelo gallináceo. El normal juego  de partidos políticos, si éstos se limitan a la lucha para conquistar o conservar el poder, sin una ideología clara y profunda de servicio del bien común, es nefasto. En este aspecto, el sistema democrático en una sociedad inmadura, presenta muchos agujeros. En mi libro Democracia inacabada, reflexiono sobre sobre esto. 'Un ciudadano un voto' es bueno y justo para los intereses y derechos humanos básicos, a partir de aquí la democracia directa es discutible en muchas sociedades. En las 'democracias inacabadas' suelen premiarse las políticas y los políticos mediocres o extremistas.   

--¿Entiende ahora la división independentista, con una crítica feroz de los irredentos a ERC por su abstención en la investidura de Pedro Sánchez?

--La política es en gran medida lucha por el poder. Cuando el campo es muy limitado, su reparto es difícil, y con frecuencia deriva en luchas fratricidas. El independentismo es un terreno acotado que abarca a menos de la mitad de los ciudadanos de un país también pequeño. De aquí su división. Y los minoritarios, los 'irredentos', se radicalizan para sobrevivir. Principalmente en la relación con el poder central. La moderación les llevaría a su desaparición. El relativo pragmatismo del desconcertante Junqueras --abstención en la investidura de Sánchez-- le gana espacio al vivaz y atolondrado Puigdemont. Su enfrentamiento, además, ya llega a lo personal desde la traición de éste fugándose al extranjero sin decirle nada a su vicepresidente. ¡Vaya!