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El caso Rosalía

Ramón de España
5 min

Leo en las redes sociales los comentarios indignados de algunas almas nobles que se preguntan cómo es posible que Chis Torra aún no haya recibido a Rosalía en el palacio de la Generalitat, pues debería sentirse orgulloso de que una compatriota disfrute de una carrera musical de alcance global y de unos recientes galardones de MTV. Con la mejor de las intenciones, esta gente está deseando un encuentro contra natura entre un fanático y una artista. ¿De verdad queremos hacer pasar a la pobre chica el mal trago de tener que cruzar cuatro palabras con el otrora custodio de las ruinas del Born? Nadie en su sano juicio querría perder ni que fuesen diez minutos de su vida en compañía del actual inquilino de la Gene. ¿De qué podrían hablar, además? Una vez que Torra le haya espetado lo de “Oye, guapa, tú, para ser de Sant Esteve Sesrovires, nos has salido muy flamencona, ¿no?”, y que ella haya contestado, “Sí, señor, y trapera y reguetenora, a mucha honra”, la charla entraría en punto muerto. Conclusión: ahorrémosles a ambos un encuentro que ninguno de ellos ansía --otra cosa sería si Els Pets hubiesen arrasado en los MTV Awards, pues en ese caso habría festa grossa en palacio-- y que cada uno siga a lo suyo.

Si Cataluña fuese un paisito normal, Rosalía podría visitar al presidente de la Gene y éste no sería un energúmeno que clama por una confrontación de la que solo puede salir seriamente perjudicado. Pero como no lo es, pasan estas cosas. De hecho, lo que podríamos denominar el caso Rosalía lleva cierto tiempo en desarrollo: concretamente desde que lo petó con su álbum El mal querer. Aquello era una puñalada trapera (nunca mejor dicho) para los procesistas, que en seguida se dividieron en dos bandos: los que ponían de vuelta y media a la cantante por botiflera y los que aprovechaban la ocasión para hacerse los cosmopolitas mientras barrían para casa, que son los más, algunos porque de verdad les gusta y la mayoría para reivindicar una catalanidad en las canciones de la de Sant Esteve Sesrovires que no se atisba por ninguna parte.

Realmente, desde el punto de vista indepe, es una desgracia que una chica de pueblo y con apellidos catalanes se dedique a lo que se dedica. Pero si no quieres quedar como un racista y un supremacista --que es lo que eres--, lo más inteligente es intentar apropiarte de Rosalía e insistir en que es más catalana que el noi de Tona. Es lo que han hecho en TV3 y en todos los diarios digitales del régimen: si no se comiera un rosco, pasarían de ella olímpicamente, pero la niña ha triunfado y hay que subirse al carro y jalearla. Algunos hiperventilados se han cabreado, incluso, con TV3 por decir que Rosalía era la primera cantante española que triunfaba en los premios de MTV ¿Española? No, catalana i prou.

Para no parecer unos rancios, los indepes se han tragado los errores ortográficos de la canción Milionària, pero tengo la impresión de que disimulan muy hábilmente el hecho de que una catalana del mundo rural les haya salido tan españolaza. Pero, como dicen los anglosajones, Everybody likes a winner. Ojalá Sangtraït y Sopa de Cobra hubiesen entrado en la lista de Billboard, pero a falta de patriotas de piedra picada, buenas son las chicas de pueblo infectadas por el españolismo más vil y rastrero.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.