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Aerofagia patriótica

Ramón de España
5 min

Como han demostrado las comedias norteamericanas para adolescentes, no hay como un buen chiste de pedos para mantener el interés del público. En Cataluña, ese tipo de humor incluye un componente patriótico, pues ya se sabe que aquí mantenemos una relación muy estrecha con la escatología, sobre todo en Navidad, con el caganer del pesebre y el Caga Tió. De ahí que el presidente de la Generalitat se marcara recientemente un comentario de humor marrón que fue acogido con risas, aplausos y relinchos de satisfacción por la selecta audiencia que lo escuchaba arrobada. Todo parece indicar que Torra considera que la fama de gañán que arrastra hay que alimentarla, y para eso, nada como una broma a costa de la butifarra con judías que se acababa de apretar, cuyos efectos, advirtió, tal vez se manifestaran durante su actuación ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), pues lo que no sale por un lado, sale por otro y ustedes ya me entienden.

El humor de Quim Torra es tan catalán como la ratafía que trasiega y tan primario como el de Benny Hill y el Dúo Sacapuntas, pero como sus fans son iguales que él y también disfrutan con lo del culo, pedo, caca, pis, pues todos contentos. Tras esa muestra de humor escatológico, nuestro hombre se plantó ayer en el TSJC a cantarles las cuarenta a los representantes del poder colonial español. Lo hizo (intuyo) propulsado por sus propios cuescos, en compañía de la plana mayor del independentismo, arropado por medio millar de jubilados y amparado por su abogado, Gonzalo Boye, emprendedor terrorista chileno reciclado en leguleyo oficial, junto a Alonso-Cuevillas, de los líderes del prusés gracias a las posibilidades de redención que ofrece el sistema penitenciario español, que dio cobijo a Boye durante unos años en los que éste aprovechó para sacarse la carrera de Derecho: la acción conjunta del calvo y el enanillo ha dado mucho que hablar, ¡y lo que dará, dada su capacidad infinita para retorcer el Código Penal hasta que se ajuste a sus propias interpretaciones del mismo!

Lo mejor de Boye es que, por el mismo precio, tienes un abogado y un mayordomo que le recuerda al juez que a Torra no se le debe llamar señor --aunque esto ya sea en su caso una hipérbole--, sino MHP (Muy Honorable Pedorro). Azuzado por el calvo, Torra se vino arriba, hubo que pararle los pies para que no convirtiera su declaración en un mitin, aseguró estar por encima de la Junta Electoral, recurrió a la libertad de expresión para justificar su desobediencia, afirmó que el lazo amarillo no es un símbolo político, insultó a Vox (el partido que más se parece al suyo) e impartió lecciones gratuitas de ética y tronío democráticos. Pese a las amenazas, no hubo regüeldos ni ventosidades ni se fue por la pata abajo a media frase, aunque tampoco hacía falta, ya que ese hombre expande la materia fecal que tiene por cerebro cada vez que abre la boca.

La fiscalía le dejó hablar a gusto, pero se mantuvo firme en su petición de 20 meses de inhabilitación. Me parecen pocos para semejante peligro público, pero también es verdad que, al cabo de un año y ocho meses fuera de juego, no se acordará nadie de él y lo que quede de Convergència le habrá conseguido un sustituto aún más infecto, aunque haya que buscarlo en el reino animal (nadie duda de que hay chimpancés más calificados que Torra para presidir la Generalitat). De momento, habrá que sustituir el sit and talk por el sit and shit.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.