Marie Curie, la sensibilidad en la ciencia

La personalidad de la investigadora francesa de origen polaco se caracterizó por su carácter emotivo y la superación del acoso social al que fue sometida

La científica Marie Curie
04.11.2018 00:00 h.
7 min

Nació hace siglo y medio en Varsovia, y su nombre es quizá el más conocido y célebre de todas las científicas de la historia. Sin embargo, fue conocida como Manya Sklodowska hasta que se casó. Fue en 1895 (año en que Röntgen descubrió los rayos X --símbolo de la era atómica--, Dreyfuss fue condenado a cadena perpetua y Lesseps, ya condenado por fraude y soborno, seguía sin entrar en la cárcel por su avanzada edad). Su padre era profesor de matemáticas y de física y su madre había muerto cuando ella tenía diez años. Manya o Maria (es lo mismo) fue una muchacha menuda, tímida y reservada que pronto dio muestras de una espléndida curiosidad y capacidad intelectual. Trabajó dando clases particulares y como institutriz. Con los ahorros que obtuvo pudo viajar a París para estudiar en la Sorbona, tenía 23 años. Su hermana Bronia llevaba ya un tiempo en la capital francesa, estudiando Medicina. Una vez licenciada en Físicas, Maria conoció al brillante físico Pierre Curie, hombre apasionado y tímido. La futura Marie Curie no tardaría en licenciarse asimismo en Matemáticas. Al año siguiente se casaron e hicieron el viaje de novios en bicicleta, vehículo que acababa de aparecer con neumáticos de caucho (patentados por el veterinario escocés John Dunlop).

A los dos años, en 1897, nació su hija Irène. Meses después, Marie comunicaba a la Academia de Ciencias de París el descubrimiento de una sustancia radioactiva que denominó polonio. Y a los pocos meses, ella y Pierre descubrieron también el radio (símbolo de la era nuclear). Cuatro años después, el matrimonio Curie recibiría el Premio Nobel de Física por sus trabajos sobre radioactividad (nombre puesto por ella), que compartieron con Becquerel; ese mismo año de 1903, Madame Curie había defendido su tesis doctoral, con treinta y cinco años de edad. En 1906 una irreparable desgracia sucedió cuando Pierre murió atropellado; su segunda hija, Ève, apenas tenía un año de edad (fue escritora y concertista de piano, llegó a centenaria).

Marie Curie continuó sus investigaciones y llegó a ser la primera mujer profesora de la Sorbona. Su personalidad científica era inseparable de su carácter emotivo y de su honda sensibilidad. Ya viuda, la consistencia personal de Marie se puso a prueba. En 1911 fue rechazada su candidatura a ser miembro de la Academia de Ciencias, pero ese mismo año ganó el Premio Nobel de Química, por el aislamiento del radio metálico puro. Fue la primera persona en recibir dos premios Nobel, si bien fue premiada dos veces por el mismo descubrimiento. Cuatro días antes de que le fuera comunicado el galardón, la prensa sensacionalista hizo estallar el caso Langevin: Paul Langevin era un físico notable, cinco años menor que ella y con quien estaba muy compenetrado, hacía tiempo que no vivía con su mujer. Hubo una campaña vomitiva e hipócrita, denigrante contra su honor personal y familiar. Marie quedó profundamente afectada, tanto física como anímicamente. Pensó en volver a Polonia, pero decidió que no podía huir como una culpable; además, sus hijas eran francesas, al igual que su padre, así que no abandonaron París. Fue a Estocolmo a recibir el Nobel, acompañada de su hermana Bronia y de su hija mayor Irène, que con catorce años demostró una madurez excepcional y que apoyó a su madre, consciente de la gran ignominia de que era víctima. No obstante, la relación con Langevin no pudo sobrevivir a aquel asfixiante acoso social.

Así como Röntgen nunca patentó los rayos X, los Curie se negaron a patentar la producción comercial del radio. En 1906 no habían ganado ni un penique por el radio separado según el método ideado por Marie. En su biografía sobre la gran científica, Robert Reid destaca que en 1903 las sales de radio costaban 400 libras esterlinas el gramo. Este precio pasó a 15.000 libras en 1912 y durante la Primera Guerra Mundial --cuando comenzó a utilizarse en los puntos de mira de los fusiles y en las brújulas-- el gramo llegó a alcanzar las 20.000 libras. Durante esa guerra, Marie trabajó intensamente como directora del servicio de radiología de la Cruz Roja. Se pasó de tener un solo vehículo radiológico a tener más de doscientos. Impresionada por la brutal destrucción de vidas humanas, Marie Curie expresó su repugnancia por la sola idea de guerra, tras ver "hombres y niños llevados hasta las ambulancias, cubiertos con sangre y fango, muchos muriendo por las heridas y muchos recuperándose, lenta y dolorosamente tras meses de sufrimiento". Cabe decir que nunca dio en prevenir a sus compañeros de laboratorio del riesgo que corrían; uno de ellos diría que sólo les llegó a recomendar: "Cámbiense a menudo de bata". Marie falleció el 4 de julio de 1934, a causa de una leucemia, provocada por la acumulación de radiaciones en su médula ósea. Un año después, Irène Curie y su esposo Frédéric Joliot ganaron el premio Nobel de Química.

Madame Curie, perseverante y digna en las desgracias, fue también una buena madre.

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