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El diplomático español Fidel Sendagorta, autor 'Estrategias de poder' / CG

Fidel Sendagorta: "Las democracias saben ahora que deben competir con el modelo de China"

El diplomático, director general de Política Exterior, aplaude el plan de reconstrucción de la UE para tener voz propia frente a los planes de China

14 min

Fidel Sendagorta (Madrid, 1956), es director general de Política Exterior y de Seguridad. Diplomático, ha ocupado diversas responsabilidades en las embajadas de España en Tokio, La Habana, Rabat y en la Representación Permanente de España ante la Unión Europea. Autor del ensayo Europa entre dos luces, ¿Declive o resurgimiento? (Biblioteca Nueva, 2007), y miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcano, acaba de publicar Estrategias de poder, China, Estados Unidos y Europa en la era de la gran rivalidad (Deusto). Se trata de una obra prodigiosa en la que se ofrece las grandes claves económicas y políticas para entender qué quiere realmente China. Con prudencia, Sendagorta, en esta entrevista con Crónica Global, considera que todas las democracias liberales deberán esforzarse para dar lo mejor de sí mismas, y mostrar sus libertades y valores, pero también una mayor eficacia para tratar asuntos complejos. Sendagorta no tiene dudas, y señala la voluntad de control del gobierno chino, pero también afirma que comienza a ser un modelo en muchas zonas del mundo. "Las democracias saben ahora que deben competir con el modelo de China", afirma.

--Pregunta: ¿Ha habido un excesivo paternalismo con China, una idea de que se ayudaba al gigante asiático sin pensar en lo que podía pasar a medio plazo, con medidas como la entrada en la OMC hace veinte años, que ha beneficiado especialmente a su economía?

--Esa decisión llegaba después de aquella idea de Kissinger de abrirse a China para alejarla de Rusia. Era una cuestión estratégica con la que se buscaba atraer al país al campo occidental, integrando su economía en la economía mundial. Era una apuesta por el juego largo, pensando que China adoptaría pautas de políticas democráticas, como ha ocurrido con otros países como Corea del Sur. Pero me parece ahora una pérdida de tiempo juzgar esa entrada en la OMC. Es cierto que se le ofreció a China ventajas claras y ahora China debería entender que ya no está en la misma posición, que no es un país en vías de desarrollo. Y en eso estamos ahora.

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Portada del libro de Sendagorta

--Pero Occidente permitió las exigencias de China, sobre la transferencia de tecnología para autorizar las inversiones en el país.

--Sí, y ahora es una imposición injusta, porque es el segundo país con más alta tecnología del mundo. La Unión Europea está buscando un nuevo equilibrio en sus negociaciones con China, que ya no pase por esas condiciones.

--China aspira a una nueva situación en la que se constate que Occidente ya no tiene una autoridad moral, pero, ¿busca también aprovechar su momento para acelerar y apuntalar un liderazgo total?

--Lo que busca China es un liderazgo en Asia y ampliarlo en Eurasia en su globalidad y en el Pacífico. Un liderazgo que le llevara desde Vladivostok a Finisterre, por decirlo claro, con el centro en Pekín. Aspira a la jerarquía mundial de aquí a unas décadas y lo que pretende es una cierta des-occidentalización, mostrar que el modelo chino no es moralmente inferior y que está a la par con Occidente.

--¿Eso creará dudas en Occidente, generará una atracción hacia el modelo chino al comprobar su eficacia en ciertas cuestiones, como el control de la pandemia del Covid?

--En Occidente se comprueba que es un régimen autoritario que consigue resultados económicos impresionantes, con eficacia también en el campo sanitario. Y se es consciente de que no es un modelo, que no puede serlo, aunque se ve también que las actuales democracias son disfuncionales, con instituciones que no funcionan y esa imagen de China es potente. No para todo el mundo, no para los países occidentales, pero sí en muchos países africanos, en América Latina y en Asia. Es una realidad que tenemos delante, que implica que Occidente debe saber competir, que debe demostrar que es un sistema más libre.

El diplomático Fidel Sendagorta, autor de 'Estrategias de poder' / CG
El diplomático Fidel Sendagorta, autor de 'Estrategias de poder' / CG

--Usted mantiene en su libro que, precisamente, ese régimen autoritario, el de China, no es como otros sistemas autoritarios: el elemento meritocrático está en el centro del modelo y eso no está tan claro ahora en las democracias liberales.

--Desde hace siglos la meritocracia forma parte del modelo chino. Es una tradición. Hay una selección rigurosa de las elites de forma meritocrática. A cambio, no hay un elemento de representación como tenemos en Occidente. Son servidores del Estado. Y es cierto que es un elemento positivo, si lo comparamos con otros sistemas autoritarios. Es una diferencia particular del caso chino.

--La pandemia, en todo caso, ¿ha acelerado un proceso que ya estaba en marcha, o China hubiera llegado a la misma situación al margen de la pandemia, en ese camino hacia el liderazgo mundial? 

--Es un proceso que viene de antes de la pandemia. Hay distintos ensayos que han señalado que las democracias eran el camino para una mayor libertad, para una mayor prosperidad y enriquecimiento. Pero lo que ha ocurrido en el caso de China es que ese paradigma ya no sirve. Había estados autoritarios que iban avanzando hacia modelos más abiertos, como Singapur o Corea del Sur. Pero ahora se ha producido una desconexión en esa idea. El sistema democrático tiene una competencia en el sentido de que China ha aumentado el bienestar de sus ciudadanos. Las democracias occidentales saben ahora que deben competir con el modelo de China, que ha comenzado a llamar la atención en países africanos o de Latinoamérica. Con la pandemia lo que ha pasado es que se ha visto una potencia tecnológica, con tecnología que en Occidente existe, pero se ha querido actuar con sumo cuidado para proteger nuestros valores. Por una cuestión de eficiencia no se puede ejercer un control como el chino. Aunque la tecnología también permite aplicaciones sin que aparezca tu nombre, y hay un recorrido en ese campo que se puede aprovechar.

--Lo que ha demostrado también la pandemia es el enorme choque entre China y Estados Unidos, la carrera entre las dos potencias. Usted sostiene que se podría llegar a un nuevo equilibrio, pero que para ello cada potencia querrá presionar a la otra y llegar a esa posición con algo de ventaja. ¿No se puede ir de las manos y llegar a conflictos bélicos? ¿Hay una amenaza real?

--Sí, eso puede suceder. De lo que se trata es de regular esa posible escalada. Un conflicto que podría llegar a través de la inteligencia artificial, es decir, sin un ánimo real por parte de las dos potencias. El lugar más problemático es Taiwan, es el país en el que hay un mayor potencial para un conflicto, pero lo que se busca es regular esas diferencias, y en ello juega un papel importante la Unión Europea.

--Una cuestión clave es la tecnología del 5G. Estados Unidos no la ha desarrollado, pero sí la china Huawei y las europeas Ericsson y Nokia. Usted señala que las dos no son ni francesas ni alemanas, y que por ello no se ha desarrollado un campeón nacional europeo a través de una posible fusión. ¿Es un problema para la UE que no se mueva nada sin Francia o Alemania?

--Es una evidencia que cuando los intereses nacionales de Alemania y Francia convergen los intereses más generales de la UE avanzan. Al margen de esa cuestión, la Unión Europea está avanzando hacia una soberanía digital.

--Pero Europa tiene un problema, porque ha sufrido una enorme presión por parte de Estados Unidos para que no utilice la tecnología de Huawei. ¿Qué puede o que debe hacer?

--La tecnología china puede absorber costes, es una ventaja para las empresas europeas, que necesitan ser rentables, pero se debe alcanzar un difícil equilibrio con las cuestiones de seguridad. El 5G es esencial y debe ser una infraestructura segura. Lo que ha ocurrido es que Europa no había puesto tanto el enfoque en la seguridad de las redes, algo prioritario para Estados Unidos.

--¿Europa también puede sufrir un proceso de desestabilización frente al gran plan chino de la Ruta de la Seda? Hay países europeos que se han adherido y que aspiran a recoger importantes inversiones chinas.

--El plan de China, con grandes inversiones en infraestructuras, se vehicula país por país. Muchos estados se pueden beneficiar. Pero creo que la Unión Europea se ha despertado con el plan de reconstrucción y puede tener la iniciativa.

--¿El fondo de reconstrucción puede llevar a una Europa mucho más unida?

--Creo que puede mostrar una mayor confianza en nosotros mismos. Al final, hemos salido de esa discusión entre países frugales y los que no lo eran. Y la figura de la cancillera Angela Merkel ha sido decisiva. El plan debe aportar confianza ante los nuevos desafíos. Es una buena respuesta.

--¿España, ¿cómo debe actuar en relación a esos planes de China y a ese reequilibrio mundial, teniendo en cuenta que el mercado emisor de turistas chinos comenzaba a ser importante antes de la pandemia?

--China es un enorme mercado, y con millones de turistas que quieren conocer España. Es evidente que España debe cuidar esa relación, pero España necesita la masa crítica que le proporciona la Unión Europea. Y pedir, con la UE, la reciprocidad a China para que esté abierta a inversiones estratégicas.

--Algunos empresarios han sugerido, en España, que la Unión Europea debería intentar un camino de mayor relación con Rusia, que no debe ser un adversario. ¿Es posible?

--Muchos países europeos querrían esa relación, pero es difícil cuando no se percibe la voluntad del otro. El Gobierno ruso no muestra esa voluntad, y lo vemos en Bielorrusia y en Ucrania.

--En esa relación que se analiza con detalle entre China y Estados Unidos surge una cuestión y es la relacionada con un declive norteamericano, como si se tratara de un ciclo histórico. ¿Puede la victoria de Biden frente a Trump cambiar esa dinámica o ya es una cuesta hacia abajo en beneficio de China?

--El declive norteamericano lo percibe China, pero en Estados Unidos se habla del momento Sputnik, de la reacción del país, después de un auténtico shock, cuando la Unión Soviética puso en órbita el satélite Sputnik en 1957. Y lo que ocurrió lo sabemos, con un progreso enorme norteamericano y la caída posterior de los soviéticos. Es cierto, en todo caso, que una administración demócrata tendría más en cuenta a sus aliados. Para los dos partidos, sin embargo, el denominador común es hacer frente a China, y hay diferencias en cómo hacerlo, con una gestión más o menos inteligente sobre cómo regular esa competencia tan enorme.