Valeria Luiselli Barcelona
Valeria Luiselli: "Cada generación lee los relatos familiares de una nueva manera y desde nuevos lugares"
La escritora mexicana acaba de publicar con el sello español de Feltrinelli Principio, medio, fin, una novela donde indaga en la memoria y en los relatos familiares, en cómo estos se transmiten y, en cómo reinterpretamos los mitos para entender el mundo y la relación que tenemos con él
Quien haya leído a Valeria Luiselli sabe que está delante de una grandísima escritora. Nació en Ciudad de México, pero ha vivido por medio mundo. De Costa Rica a Sudáfrica, pasando por India. Ahora reside en Nueva York. Hace siete años publicó Desierto Sonoro, una gran novela escrita en inglés en la que se relata el viaje de una pareja junto a sus hijos de Nueva York a Arizona, un libro en el que el relato familiar se entremezcla con el drama de los niños separados de sus padres en la frontera con México. Luiselli presenta ahora Principio, medio, fin. Otra excelente novela en la que la hibridación de géneros, ya presente en su primero título, Papeles falsos, vuelve a ser una de sus características. Novela ensayística, Principio, medio, fin tiene como punto de inicio un viaje, el de una madre y una hija que se trasladan a Sicilia, de dónde es originaria la abuela materna. La madre, escritora, deja Nueva York y un matrimonio roto para volver a comenzar, pero ningún inicio parte de cero. Luiselli indaga en la memoria y en los relatos familiares, en cómo estos se transmiten y, en cómo los mitos son releídos y reinterpretados constantemente en un intento de entender el mundo y la relación que cada uno establece con él.
Principio, medio, fin es una novela que se lee como un ensayo pero puede parecer también un ensayo escondido tras la forma de la novela.
Es un reflejo del proceso de escritura, que duró seis años y durante el cual dudé muchas veces sobre lo que estaba escribiendo y sobre qué debía ser Principio, medio, fin. Hubo momentos en los que estaba convencida de que debía ser un ensayo; luego, me daba cuenta de que era mejor que fuera una novela, puesto que el ensayo no me permitía la multiplicidad de voces que quería incluir. Al no querer generar un tiempo artificial y moverme con el ritmo de la respiración de los fragmentos, el ensayo parecía la forma adecuada. Sin embargo, tras mucho tiempo, Principio, medio, fin decidió ser novela, si bien es un libro cuya trama no ha sido el motor de la escritura. La trama fue emergiendo en la medida en que empecé a entender la relación que había entre los distintos fragmentos, una relación que viene dada por los núcleos gravitacionales de las preguntas que se hacen en el libro.
Diría que la novela no fue escrita de manera lineal, sino que hubo un trabajo de montaje.
En parte fue así. De hecho, es como si hubiese estado años y años produciendo mosaicos chiquititos y después, tras haber acumulado un montón de ellos de distintos colores, texturas, procedencias, algunos de vidrio y otros de piedra, los pude disponer sobre la mesa, por así decirlo, y jugar a construir una estructura, una forma, una imagen última. Pero para llegar hasta aquí antes era necesario tener la materia y obtener la materia fue lo que me llevó más tiempo.
Valeria Luiselli Barcelona
Si recuperamos su primer libro, Papeles falsos, nos encontramos con textos que se mueven entre el relato, la crónica de viaje, el ensayo… ¿La hibridación de géneros ha definido desde el inicio su escritura?
Sí, porque en realidad nunca me ha importado demasiado las diferencias y la distancia que puede haber entre la novela y el ensayo. Siempre han ido muy unidos. El único libro en el que sí tomé la decisión ética y política de apegarme al ensayo y de trabajar con material documental y no recurrir a la ficción fue Los niños perdidos: ahí tenía el deber de retratar la realidad de manera directa y clara, sin necesidad de excursos.
En Desierto sonoro,usted recurría al sonido y a las grabaciones como material literario. El sonido vuelve a estar presente en Principio, medio, fin. ¿Detrás de este recurso existe una idea de literatura expandida?
Absolutamente. No considero que el formato sonoro sea menor en términos jerárquicos al formato libro. Considero el libro como el objeto más perfecto que hay, pero creo también que el sonido y la escucha conllevan un ejercicio importantísimo de atención. Nos resulta muy difícil estar atentos y, de hecho, no solemos escuchar profundamente del todo; sin embargo, escuchar con atención al otro nos ayuda a estar en el mundo de un modo un poco más presente.
Su escritura tiene algo de tectónica: el territorio volcánico de Sicilia y el propio volcán Etna apelan a las diferentes capas no solo del texto, sino también de la memoria e, incluso, de la imaginación.
Me gusta lo que comentas. No lo había pensado, pero creo que las geografías nos permiten pensar la literatura. La geología se expresa en las formaciones de piedras que hay y, salvo en Arizona, no he visto un paisaje igual al que encontré en Sicilia, un paisaje de piedras que parecen haberse congelado mientras de derretían, un auténtico palimpsesto de historias. La novela quiere hacer honor a este territorio y replicar su estructura, hecha de capas y más capas. Al mismo tiempo, la novela quiere circunscribirse a un círculo más pequeño, el de la familia, sin renunciar al contexto: por un lado, el lenguaje y los relatos que se trasmiten de abuela, madre e hija; por el otro, los mitos antiguos todavía vigentes que nos hablan de la situación presente, del mundo de hoy.
A través de las figuras de la madre, la abuela y la hija usted indaga en la transmisión de las historias y cómo estás se van modificando.
Se suele pensar que los relatos de las familias son algo que se hereda de arriba a abajo, es decir, del pasado hacia el futuro. Aparentemente los relatos construyen una historia que va en una sola dirección, hacia adelante, pero no es así en cuanto las historias no se heredan tal y como se cuentan, sino que siempre hay un trabajo de reescritura y relectura. Cada generación trenza y lee los relatos familiares de una nueva manera y desde nuevos lugares. De ahí que, en toda familia, los relatos sean más multidireccionales, complejos y fluidos de lo que solemos pensar. La supuesta linealidad es impostada porque siempre hay un viaje hacia un pasado en constante revisión. Como autora la pregunta que me planteaba es cómo escribir una historia de viajes en el tiempo en la que el viaje no sea literal, pero mostrara la maleabilidad del tiempo.
'Principio, medio, fin' Barcelona
De ahí la figura mítica de Proteo, que es capaz de ver el futuro, aunque no lo revele.
Proteo es un gran pícaro. Es uno de mis personajes mitológicos favoritos y me resulta un misterio que no sea más conocido. No creo que haya otro personaje oracular que tenga la capacidad de Proteo de ver no solo el futuro, sino también el pasado. Proteo nos lleva a repensar nuestra manera de concebir lo invisible, porque solemos pensar que lo desconocido es el futuro, pero no reparamos en cuán desconocido es también el pasado.
La idea de reconstrucción a través de piezas sueltas se materializa en la figura del mosaico que tienen las protagonistas en casa.
Es así porque a mí me interesa la historia material de las cosas y las cartografías que se dibujan cuando te pones a pensar en los orígenes de un objeto. Un mosaico con una efigie griega contiene una historia y sus versiones, es decir, la historia del mito y sus variaciones pero, al mismo tiempo, el mosaico debe pensarse desde su dimensión material, desde su naturaleza como objeto hecho de materiales distintos -piedras y vidrios, principalmente- provenientes de lugares distintos: algunos del norte de África yode países como Túnez, otros de los talleres de vidrio de Levante. Pensemos en todos los kilómetros de mar recorridos, en las personas involucradas, en las montañas saqueadas… pensemos en todos los elementos que hacen posible que un objeto así exista y nos daremos cuenta de todo lo que nos cuenta, de toda la información que nos da el objeto y la historia de su fabricación.
Su novela tiene algo de viaje de regreso, como la Eneida, un regreso no heroico.
No es un regreso en el sentido griego, pero es cierto que no es tampoco victorioso, puesto que, como sucede en la Eneida, no es el regreso a una casa que se recupera. La Eneida tiene como trasfondo la fundación de un Imperio, Roma, y a la vez que cuenta la historia ínfima de unos personajes. Este juego de escalas me interesa ; en mi caso, quería poner el foco en una historia tan ínfima como puede ser la historia de un viaje de una madre y una hija que, como los personajes de Virgilio, se pierden en el Mediterráneo. Lo que comparten esta madre y esta hija con Eneas es que ya no tienen una casa donde volver, Troya ha sido destruida y hay que volver a empezar.
Como sucede en su novela, aunque este nuevo inicio nunca parte de cero.
Cierto, porque ¿dónde estaría el principio exacto? Por lo que se refiere a Principio, medio, fin resulta complicado señalar dónde empieza: ¿empieza en la partida de Nana de Sicilia, en su gran travesía al otro lado del océano, o empieza en una montaña de Túnez, de donde se saca la primera piedra amarilla que conforma ese mosaico que llega un día a Casale y que siglos después desentierra esta nana siciliana y que la nieta querrá devolver? Lo hermoso del tiempo y de los principios es que son múltiples y, depende de cuál elijas para empezar a contar la historia, esta tendrá desarrollos distintos.
Y finales distintos.
En cierta medida sí. A fin de cuentas vivimos en el medio, en el sentido en que, en realidad, como sucede en las novelas, todo se juega en el medio.
Valeria Luiselli Barcelona
A través de los mitos y de los clásicos grecolatinos usted observa cómo las historias y las dinámicas se repiten, pero son siempre las mismas.
Es un misterio hermosísimo que sigamos leyendo los mitos y pensando a partir de ellos, quizás con algo de nostalgia, pero regresamos a ellos para pensar en presente. No me interesa demasiado actualizar los mitos, un gesto muy frecuente en el mundo contemporáneo. No soy particularmente proclive a las reescrituras modernizadas y no era lo que quería hacer en la novela, donde lo que buscaba era pensar en cómo esas miradas tempranas grecolatinas nos vuelven a enseñar a observar el mundo que nos rodea, un mundo que nos sigue resultando amenazante y desconocido, a pesar de toda la información y del conocimiento que media en nuestra relación entre el mundo y nosotros. Creo que es importante regresar a esas primeras miradas porque son formas muy agudas de atención, que es de lo que más carecemos.
En el fondo, han condicionado la manera en que se ha visto y leído el mundo.
Lo siguen condicionando, aunque no seamos conscientes. Si lo piensas bien, Empédocles es una especie de superstar, su idea de los cuatro elementos es, probablemente, uno de los clichés más grandes, más repetidos y que más han condicionado nuestra manera de pensar y leer la realidad. Sin embargo, sabemos poco de Empédocles, no lo leemos a pesar de ser un autor muy divertido. Hace no mucho estuve releyéndole por una clase que tuve que dar en la universidad; lo había leído con veinte años y no recordaba su enorme sentido del humor y su imaginación loquísima. En un momento de su poema póstumamente titulado Sobre la naturaleza, Empédocles hace una cosmogonía, para luego presentar una zoología y así terminar en una especie de epistemología extraña y hermosa sobre cómo la mente y el alma pueden realmente conocer toda esa cosmogonía que ha descrito anteriormente. En su cosmogonía los elementos que se combinan y recombinan por las fuerzas del amor y del odio, y esas fuerzas fueron las que generamos los primeros seres animados, que Empédocles imagina como sujetos con brazos colgantes, piernas que caminan solas, ojos que buscan una frente en la que pegarse… En la imaginación empeocliana hay humor por el absurdo y la imagen bizarra.
Antes hablábamos de volver a empezar. Desde un punto de vista formal, ¿la elección de una escritura fragmentaria tiene algo que ver con esto?
El otro día, aquí en Barcelona, hablaba con Enrique Vila-Matas de que una de las bondades del fragmento es que te permite volver a empezar muchas veces. Y no solo esto: te permite volver a empezar desde otro sentido. El fragmento te ayuda a no anclarte ni a una forma ni a un lugar único desde donde narrar, sino entrar en el texto a través de muchos lugares y de muchas maneras: a través de algo sensorial, de imágenes abstractas, pero también concretísimas… Como escritora, para mí es muy importante generar en los textos estructuras y arquitecturas internas que me den muchas puertas de entrada. Si trato de escribir de manera más lineal,me resulta difícil entrar en el texto y decir lo que quiero decir.
En su manera de escribir la organización a la hora de construir la obra es esencial. Hace usted un trabajo similar al que hace el montador de una película.
De hecho, el otro día, al explicarle cómo había sido el proceso de escritura de esta novela, un amigo cineasta me dijo que lo que hacía tenía que ver mucho con el montaje cinematográfico. Quizás sea así, yo lo que puedo decir es que no he montado ni filmado nunca nada.
Valeria Luiselli Barcelona
Su novela es cinematográfica y prueba de ello es que leyéndola no podía no pensar en Stromboli de Rossellini.
La película Stromboli ha conformado mi imaginario, está muy presente en la novela. Por esto me alegré tanto al saber que Alice Rohrwacher está rodando una película con Rosellini en Stromboli. Es un hermosísimo regreso al inicio. También me ha influenciado el director Vittorio de Zeta, que tiene una serie muy hermosa de documentales sobre la Sicilia de los años 50. Son una especie documentales de entre quince y veinte minutos sobre la realidad siciliana de entonces, el volcán, los pescadores…
En un momento de la novela, la madre dice que lo que le hace tener ganas de seguir adelante es escribier algo que no puede escribirse.
Para mí la escritura es un estado de ánimo. Si no estoy a diario observando y pensando a través de la escritura me resulta muy difícil la vida cotidiana. Sin escritura los días son simples números del calendario. Cuando estoy escribiendo cualquier conversación, encuentro o momento de la vida adquiere un sentido particular e interesante. Yo siempre escribo, aunque no esté trabajando en un proyecto claro. De hecho, cuando empiezo el proceso de escritura de un libro no suelo tener claro de qué irá y cómo será. Yo siempre tomo notas. La página en blanco no es para mí un tema porque nunca está en blanco, en el sentido de que siempre estoy en diálogo con otros libros. La invención no comienza sobre el vacío, sino con una conversación con otros textos.
En Papeles falsos, afirmaba: “escribir: taladrar paredes, romper ventanas, dinamitar edificios, excavaciones profundas para encontrar, encontrar qué, no encontrar nada.”
Es curioso. Papeles falsos y Principio, medio, fin se llevan 20 años, pero se ve que una tiene las mismas obsesiones siempre. Desde hace veinte años tengo claro que la escritura nace de la lectura activa y de la observación atenta y activa del mundo. En otras palabras: de la lectura de libros y del mundo.
¿Existe una posición ética en esta definición de escritura?
Para mí la escritura no sucede desde el aislamiento. Quizás porque soy madre desde que escribo nunca he conocido un mundo sin ruido e interrupciones y sin necesidades urgentes. Esto, al menos en mi opinión, da más sentido a la escritura también. Creo que las escritoras de mi generación hemos tenido más suerte con la escritura y la maternidad como, en gran medida, sí tuvieron que hacer las escritoras de generaciones anteriores que debían no dejar traslucir su realidad como madres para ser tomadas en serio. A base de insistencia y terquedad, hemos cambiado un poco ese panorama.