Portada del libro ´Odiar a las mujeres´ de Andrea Dworkin

Portada del libro ´Odiar a las mujeres´ de Andrea Dworkin Random House

Letras

'Incel Horror' o una cultura que respalda la pasividad femenina

En 1974 Andrea Dworkin escribió 'Odiar a las mujeres', sobre cómo las violencias contra las mujeres están arraigadas a la cultura, un libro al que definió como una acción política cuyo principal, y único, objetivo es la revolución

También: Estar vivos pero sin voz

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Hace unas semanas salió Obsession, una película de terror con muy poco presupuesto —750.000 dólares— cuyo director es un Youtuber, Curry Baker, que tenía muy claro el proyecto. A raíz de su popularización ha surgido en internet un debate en torno al mensaje, más allá del terror, de la película.

El relato no es más que un continuo abuso, falta de consentimiento femenino y deseo de poder masculino. La obsesionada Nikki, y el pobre Bear que solo estaba profundamente enamorado, pero que no hace nada cuando observa que ella va perdiéndose a sí misma por quererle a él y que, aún sabiendo que la razón de que acepte estar con él es ajena a ella, el chico muestra una completa pasividad. Convirtiendo el fondo de la trama en el verdadero terror, no la sangre, lo desquiciado del asunto.

El Nice Guy del Incel Horror

En particular hay un video de Anane Monita que habla de un nuevo subgénero de terror, que ya veníamos viendo y clasificando, el Incel Horror. Ella lo enmarca dentro del concepto Nice Guy, este chico que en apariencia parece inofensivo, demasiado bueno incluso, y se cree que por su posición es merecedor de obtener atención romántica femenina.

Ese chico diferente, incomprendido, que jamás nos haría daño, que rebosa de inteligencia emocional, pero, sorpresa, maneja muy mal el rechazo y no entiende el consentimiento femenino al que le es imposible acceder con sus "encantos". Así habla la creadora de contenido de cómo el deseo, herido por el “cuestionamiento de su masculinidad”, se transforma en resentimiento y obsesión. O sea Incel Horror o, en otras palabras, la incapacidad de los hombres para aceptar que las mujeres no son "cosas" que pueden dominar.

Si bien es cierto que no se necesitan hacer películas de terror con demonios y escenas paranormales para transmitir lo que siente cualquier mujer por el hecho de serlo, es buena idea hacer una diferencia. Marcar una línea clara que exponga este subgénero. Ella lo resume bien: “¿Qué da más miedo que un tío que se obsesiona contigo?".

¿Qué respalda el odio hacia las mujeres?

El vídeo y en general todo el tema del Incel horror me ha recordado al libro de Andrea Dworkin, revolucionaria de la segunda ola feminista, Odiar a las mujeres (1974), Debate, En el que la escritora hace un arduo estudio de los últimos siglos para analizar como el odio hacia el género femenino se enmarca dentro de la historia, siendo las prácticas tradicionales y la cultura un respaldo para el machismo, el patriarcado y la violencia contra las mujeres.

Ella habla de “violencia normalizada contra las mujeres” anclada en prácticas centenarias, en relatos tradicionales, y de forma más "actual”, en la pornografía y la prostitución. Y ahora me pregunto cómo dialogarían los últimos diez años con este libro. Cómo han ido desarrollándose estas prácticas y modificándose hasta quedar introducidas en el mundo en que vivimos hoy.

O sea, cómo se retrata el odio a las mujeres con la llegada de las redes sociales, los nuevos relatos y los discursos machistas encubiertos, o no tan encubiertos. Estos hombres —los incels, digo— que reclaman en muros y redes sociales su derecho a tener las relaciones sexuales que las mujeres les niegan, cómo les hace sufrir el odio del género femenino y cómo todo ello justifica o ¿dignifica? su misoginia.

La investigación que comenzó Dworkin podría trasladarse al 2026 con este odio incontenido, popularizado, que pretende construir su papel de víctima mientras demonizan a las mujeres por ser libres y tomar decisiones en contra de sus deseos.

Relatos peligrosos

Andrea Dworkin empieza hablando en su libro de cómo las definiciones de las mujeres en los relatos populares terminan funcionando en la realidad. Se diseña así una cultura específica, con un lenguaje al que ella se refiere como “herramienta rota” porque define un mundo dominado por hombres. En esta estructura cultural existen dos definiciones para las mujeres: la buena, que es dominada, y la malvada, que tiene poder y, por tanto, que debe ser destruida.

Si no estáis entendiendo a qué se refiere solo hay que pensar en cualquier princesa, Blancanieves, la cenicienta, la bella durmiente, todas ellas buenas y deseadas porque son pasivas, sumisas, y su opuesto, las brujas, las madrastras, que tienen poder, que deben ser aniquiladas. ¿No hay figuras, entonces, que puedan tener poder y ser buenas? Por supuesto, príncipes, o sea, los hombres.

Dworkin se refiere a este arquetipo creado como: “Mujeres que se caracterizan por la pasividad, la belleza, la inocencia y la victimización. Son mujeres buenas arquetípicas, víctimas por definición. Nunca piensan, actúan, inician, confrontan, resisten, desafían, sienten, cuidan o cuestionan”. Es decir, el tipo de mujer que todo incel desearía.

Su ensayo continúa con el relato de la prostitución y la pornografía y cómo se representa el cuerpo de la mujer, el placer y las relaciones sexuales. El peligro de los relatos que presentan a las mujeres como fuente de satisfacción del deseo masculino. La historia posiciona a mujeres y hombres en polos opuestos y nos enseña que la supervivencia de uno depende de la posesión del otro.

Reclama la autora la poca culpabilidad que tiene la humanidad respecto de los actos de genocidio que se han cometido a lo largo de la historia contra las mujeres. Y el hecho de que las catástrofes humanas —ella habla de guerras pero podrían también ser crisis económicas o pandemias, entre otras muchas— afecten siempre más a las mujeres que a los hombres.

Llegados a este punto, con los nuevos "relatos peligrosos" construyéndose y, en realidad, ya bien instalados en el siglo XXI, ¿cuál sería la solución? ¿Nuevos discursos? ¿Un nuevo modelo ejemplar de representación de las mujeres? Lo que es seguro es que la pensadora propondría, como única solución, desmantelar el sistema y toda la producción cultural, y reconstruirla de cero.