Ilustración de Luis Goytisolo

Ilustración de Luis Goytisolo Farruqo

Letras

El último Goytisolo: la memoria involuntaria

El escritor español ermitaño que se estudia en los Liceos de toda Francia

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Acaba de fallecer. Le recuerdo en un saloncito del Círculo Ecuestre de Barcelona, en la última etapa del rancio abolengo, junto a la editora de Argos Vergara, atendiendo mi visita, la del periodista. Corrían los primeros ochenta y Luis Goytisolo sin darse apenas cuenta recordó que antes de ponerse a escribir había grabado en el suelo de su celda en la prisión la historia total de Antagonía.

Él no esperaba entonces que la anécdota se convirtiera algún día en categoría. Acababa de publicar el primer tomo de su tetralogía, Recuento, editado antes en México, una narración pegada al realismo social de Martín Santos y hasta de Sánchez Ferlosio.

Su toque de internacionalista con estilo recordaba la imagen de Arthur Koestler que fallecería en París al poco tiempo. Luis Goytisolo fue miembro del Partido Comunista de España, acudió a una reunión en Praga y, a la vuelta, fue detenido por la policía franquista. Pasó por Carabanchel y antes por Sol, centro del terror represivo, convertido después en el edificio de Correos y en el actual palacio autonómico de Isabel Díaz Ayuso. Maldita memoria.

Escribir tras los barrotes

No es el primero que ha escrito sobre el cemento su obra antes de publicarla. Mientras esperaba la ejecución en una celda de seis por tres, el escritor ruso Dostoievski ideó tres historias cortas y dos novelas; terminó un cuento largo, El pequeño héroe, y confesó que tenía dos momentos al día en los que era muy feliz: por la noche, cuando encendía la vela en el escritorio, y durante sus paseos por el jardín.

De Voltaire en adelante son legión los que, como Solzhenitsyn o Wilde, fueron sancionados por los poderes e inventaron sin papeles ni lápiz lo que posteriormente fue su mejor aportación. A ellos se suman también los partidarios del autoritarismo, como Ezra Pound, al que encerraron en un manicomio. Sean del lado que sean, la letra y la opinión sudan sangre.

La amnesia cultural se come a la verdad. Este es el caso de Luis Goytisolo, fallecido el pasado día 12 de julio a los 91 años de edad. Antagonía constituye una reflexión sobre la creación literaria que en ocasiones se antoja proustiana y en otros casos entronca con la educación sentimental flaubertiana.

Luis, el más longevo de los tres hermanos Goytisolo fallecidos —Juan y José Agustín son los otros dos miembros de una cima que encarna a la saga entera en la que el joven Luis fue el niño mimado y amado por las mujeres— logró uno de los clímax más duraderos de las letras españolas en tiempos oscuros. Escribió libros e intervino en películas (guionista, realizador y actor) y especialmente en viajes que luego llenarían su concepción del mundo.

A Recuento le siguieron Los verdes de mayo hasta el mar y La cólera de Aquiles, conocida por el momento en el que Raul Férrer, su protagonista, le entrega a su prima Matilde, el punto de vista femenino de la tetralogía. El autor se refugia en la amplitud de la bahía Rosas; renuncia a la extravagancia de la vida literaria para convertirse en un auténtico misántropo, pero sin patología antisocial.

La Matilde de Goytisolo expone lo que ve, como en la “escuela de la mirada”; no es la prima Montse de Juan Marsé, clave de vuelta del portazo al realismo social que había impregnado la literatura de posguerra.

Goytisolo busca un punto de encuentro entre el sentir colectivo del mañana España y el alma desterritorializada del Faubourg Saint Germain que tantas veces ha pisado en la capital de Francia; trabaja a modo de Balzac sin ser un balzaquiano. En su ir y venir, se acerca al cuadrilátero parisino formado por las calles Lille, Constantin y Bonaparte; pero se aleja del corazón del Barrio Latino añejo para hacer su recorrido y visitar sus librerías favoritas, entre Courcelles y el Faubourg Saint-Honoré.

Más allá de las letras

Luis es un Goytisolo, nacido bajo un conglomerado empresarial de Pedralbes del que se libra estudiando leyes. Combina un corte de pelo discreto con las patillas a lo archiduque, como los que perdieron sucesivamente la batalla de Sadova, pero que, como españoles del exilio interior, acabarán comiéndole la moral al régimen hispano-duro pertrechado en los cuarteles y defendido por la reciente pena capital de miles de opositores.

Fotografía del escritor Luis Goytisolo

Fotografía del escritor Luis Goytisolo

Aunque él ha conocido de muy cerca el drama de la Guerra Civil —su madre murió en un bombardeo de la Legión Cóndor sobre Barcelona— y la ejecución fuera de plazo de Julián Grimau, se aleja lentamente de las batallas ideologizadas de la izquierda. No vive para Jorge Semprún ni para su estentórea expulsión comunista.

Es el Luis que se encierra bajo su caparazón, se transforma en ermitaño de la letra y gana hitos como la entrada en la RAE, el Premio Nacional de Narrativa por Estatua con palomas, en 1993, el Premio Nacional de las Letras, en 2013; y especialmente la decisión de la República de Francia de elegir su Antagonía como la novela vehicular para los estudiantes de español en los Licés de todo el país vecino.

Portada del libro ´Estatua con palomas´

Portada del libro ´Estatua con palomas´ Siruela

Cuando cierra su tetralogía con Teoría del conocimiento, todo ha sido una cosa casi sinfónica sobre el estilismo narrativo del que se busca a sí mismo dentro de su creación. Después de libros como Estela del fuego que se aleja e incluso La paradoja del ave migratoria a Luis nos acostumbramos a verle casi olvidado, pero nada más falso; ha sido, fue y seguirá siendo, después de muerto, un inderrumbable que siempre cae de pie.

Portada de ´Estela del fuego que se aleja´

Portada de ´Estela del fuego que se aleja´ Ana

Abarca el testimonio colectivo e individual en las primeras constelaciones democráticas bajo el Antiguo Régimen, la burguesía Barcelonesa, acompasadas en la compleja sociología de la ruptura del consenso franquista, que abarca a las clases medias urbanas y al mundo del trabajo. Lo había intentado en Las afueras (1958), pero no alcanza su meta hasta cerrar su tetralogía, un jardín inacabable donde colocar la arquitectura interior de los años del hierro.

Portada de ´Las afueras´

Portada de ´Las afueras´ Anagrama

Su alma proustiana expone la “memoria involuntaria”, la resurrección de su lozanía e intensidad, una impresión experimentada en el pasado y tan hundida que jamás la habríamos recuperado sin el olor, el sonido o el contacto de donde surgió todo. Su reminiscencia proviene de un pasado desaparecido, pero reproducido a través de un fenómeno análogo al de las flores de un jardín zen que se abren al arrojarlas al agua.