'Una', de José Valenzuela

'Una', de José Valenzuela MUTATIS MUTANDI

Letras

'Una', de José Valenzuela o la Barcelona multinivel

El ingeniero y neurocientífico debuta en el género de la ciencia-ficción con una novela sobre las cloacas de Ciudad Condal y la tecnología hecha a partir de las enseñanzas de William Gibson y J.G. Ballard

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En primer lugar, es casi increíble que Una sea una primera novela. Más o menos en el mundillo ya sabíamos quién era José Valenzuela, ingeniero y humanista, investigador y neurocientífico, autor de algunos ensayos peculiares y responsable de una considerable actividad académica… Pero esta entrada literaria rutilante no nos la podíamos esperar. En esta edición todo han sido aciertos: Mutatis Mutandis, una editorial nueva, ha optado por una presentación que parece propia de una vanguardia clandestina soviética de los años sesenta, muy adecuada.

El grafismo, el aire de pulp de aventuras intergalácticas… Aunque el contenido de Una, con ser ciencia ficción, no tenga nada que ver con los marcianos, los cohetes y los rayos láser. Estamos ante un cruce entre William Gibson y J.G. Ballard, es decir, ante una realidad multinivel y angustiante, ubicada en las cloacas de la ciudad de Barcelona, diseñada como un viaje interior o intramental, y con una cierta afinidad temática con otro gran título reciente de nuestro género de calidad, o gran literatura que parte del género, Mammalia, de Elisenda Solsona, que fue publicada por Males Herbes en 2024 y que acaba de ser traducida al español por la editorial Lava.

La trama de Una se sustenta en un estilo cotidiano a años luz de cierta ciencia ficción correctista o moral que no alcanza el estándar estético deseable, y ese estilo que combina lo cercano con lo intolerable acerca a Valenzuela a los grandes maestros: Lem, los hermanos Strugatski, Le Guin, o incluso Asimov, porque Valenzuela ha entendido (se nota todo lo que ha leído) que la profundidad está reñida con la solemnidad, y que una historia universal es en realidad y siempre, también, una historia personal, como demostró Eurípides.

Convertir un Coro griego en un amasijo de datos quejumbroso, preguntarse por los estatutos del ser, o plantearse lo que es Dios y lo que es un Autor, y la naturaleza de nuestra conciencia, uniendo a Pirandello con Philip K. Dick, y todo esto desarrollando una historia de yonquis y de tecnología fallida, en un ambiente poblado por sectas, comida basura y programadores fracasados, ha resultado sobradamente convincente.

'Una'

'Una' MUTATIS MUTANDI

El segundo elemento fundamental de este artefacto literario es su diseño externo, mezcla de tragedia clásica y ficción cyber punk. Y todo esto mientras unos personajes especialmente desorientados van al retrete como cualquier otro hijo de vecino o van también al súper a procurarse alimentos. Exploración del antiheroísmo, la anomia y la anonimia, denuncia de las barbaridades que el capitalismo realiza sobre el cuerpo de las mujeres, diálogos vivos, sabiduría compositiva. ¡Que Valenzuela empiece inmediatamente la segunda!

Una es también una letanía, el resultado de unir una primera persona narrativa especialmente problemática con la ignorancia clásica de los héroes edípicos. Una no se aclara, y los seres que la rodean no saben si son personas, ficciones, carne, información o literatura. Pero es que, por no saber, tampoco saben (¿acaso lo sabemos nosotros?) los que son las personas, las vidas, las ficciones, la carne, la información masiva, los simulacros, la locura, la muerte o la literatura.

Un botón de muestra de esta mezcla particular de introspección que tropieza y postfilosofía:

“El espacio físico que durante semanas se había convertido en un sucedáneo de aquel no-lugar donde disfrutaba del no-tiempo en mis desconexiones ya no es el mismo, lo que antes me parecía cómodo ahora es claustrofóbico, tremendamente opresivo y su atmósfera me ahoga a cada día que pasa y las cosas no se arreglan con el hombre que cada vez pasa más tiempo fuera, huele a alcohol cuando entra por la puerta y dedica menos ratos a cuidar de su hija, un hombre que, como tantos otros, parece estar hartándose de una situación que no ha sido capaz de gestionar, probablemente ni de prever, y cuyas consecuencias ha estado sufriendo hasta el punto de tener que buscar el apoyo en la máscara que su hija empleó durante el tiempo que duró su embarazo que hizo desembocar todo aquí, con estas tres personas, y no las tres que se esperaban, no.”

Junto a Elisenda Solsona, Valenzuela también podría formar grupo con Vicente Luis Mora, novelista que presentó Una en Madrid; la elección era evidente. Una se parece también a Cúbit (2024) o a Alba Cromm (2010), y también su ciudad es el pulpo multisignificativo propio de las distopías cercanas, propio de las fantasías científicas que retratan nuestro mundo y nos hielan la sangre porque se parecen demasiado a nuestra realidad.