Imagen de Kazuo Ishiguro

Imagen de Kazuo Ishiguro ANAGRAMA

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´El Gourmet' (y2), de Kazuo Ishiguro

En 1984, Ishiguro escribe un guion original para la BBC, que fue llevado a la gran pantalla bajo el nombre de The Gourmet, una de sus obras maestras que, junto a novelas como Lo que queda del día y Nunca me abandones, le llevó a ganar el Premio Nobel de Literatura en 2017. Esta es la segunda y última parte.

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Letra Global con Kazuo Ishiguro. Tras un acuerdo con la prestigiosa revista Granta en español, publicada por Vegueta, Letra Global presenta una selección de los mejores textos, como muestra de la literatura contemporánea. Granta en español, publicación dirigida por Valerie Miles, ha logrado una gran repercusión gracias a la atención y al cuidado de escritores de todos los continentes.

Granta en español, nace de la revista británica Granta, y se publicó por primera vez en mayo de 2003 por iniciativa de la editora Valerie Miles y el editor Aurelio Major, motivados por la necesidad de interpelar y trasvasar las literaturas que han ido surgiendo en países hispanoparlantes y angloparlantes en los lustros recientes.

El texto El Gourmet, de Kazuo Ishiguro, apareció en el número 3 de Granta en español, bajo el título de La última frontera, en 2004. La traducción está hecha por Jesús Zulaika. En este artículo se recoge la segunda parte del texto.

50 CRIPTA DE LA IGLESIA.

Alguien empuja un carrito con comida. Sobre él vemos un gran recipiente de sopa, una bandeja de pan con un surtido de panecillos, dos cucharones, unos cuantos montones de vasos de plástico.

No vemos con claridad el lugar por donde rueda el carrito, pero la débil luz artificial sugiere que nos hallamos cerca del sótano del edificio. El carrito se detiene momentáneamente; se amplía el encuadre y vemos que ello se debe a unas puertas de doble hoja que están cerradas. El Voluntario 1, una mujer joven con camisa y vaqueros, entra en campo y mantiene abierta una de las puertas. El carrito cruza el umbral, y entra en campo un hombre joven, el Voluntario 2. Es él quien empuja el carrito. Seguimos a los voluntarios y al carrito hasta el interior de la cripta.

La cripta es el mismo sótano espacioso que hemos visto en la secuencia segunda. Si la amplitud fuera el único elemento a tener en cuenta, este sótano bastaría para albergar a los cincuenta hombres presentes. Sin embargo, se trata de un lugar desapacible y mal ventilado. Si exceptuamos los colchones tendidos en el suelo, a lo largo de las cuatro paredes, el recinto apenas ha cambiado desde 1904. La iluminación es de focos, que crean espesas sombras en torno.

Los hombres están sentados en los colchones, y charlan con mayor liberalidad que en la cola. Cuando el carrito entra en la cripta se hace un silencio extraño, pero enseguida vuelve el rumor de voces y los hombres se levantan y van hacia el centro de la cripta, donde suponen que el carrito va a pararse. Nadie empuja a nadie ni se precipita hacia la comida. Pero hay en ellos un ademán de urgencia.

51 CRIPTA. UN RINCÓN.

Por encima del hombro: un croquis de la iglesia –el que hemos visto en el maletín–.

Desde otro ángulo: Manley está sentado en el colchón, de espaldas a la pared, estudiando el croquis. Hace caso omiso a la llegada del carrito. A su lado, David está en cuclillas. Mira con ansiedad en dirección a la comida, y luego, vacilante, a Manley. Las sombras que fluctúan a su alrededor sugieren que son de los últimos en levantarse.

DAVID: Creía que tenías hambre.

MANLEY: ¿Qué? Oh… No, no. Cenaré luego.

DAVID: Luego no va a quedar nada.

Pero Manley está absorto en el croquis. Lo mira con atención extrema, frunce el ceño, y estira el cuello para alcanzar a ver algo en el otro extremo de la cripta. David se encoge de hombros, se levanta y sale de campo.

El escritor Kazuo Ishiguro

El escritor Kazuo Ishiguro

52 CRIPTA. UN RINCÓN.

Manley sigue sentado junto al muro, estudiando el croquis.

53 CRIPTA.

Los dos voluntarios están totalmente ocupados en la distribución de la comida.

Sigue una sucesión de planos de hombres comiendo. Algunos de los hombres, no lejos del carrito, comen de pie. Otros comen sentados en los colchones, con la espalda contra la pared. No sólo lo que les rodea sino los propios medios que se ven obligados a emplear para comer hacen que la escena resulte bastante desagradable. Los hombres “beben” las judías del vaso de plástico; luego mastican, y de cuando en cuando dan un mordisco a un panecillo. Algunos comen con voracidad. Otros se diría que lo hacen sólo porque saben que tienen que hacerlo, sin que les importe realmente si lo hacen o no. Muchos parecen mental y físicamente exhaustos. En ningún momento deja de oírse el rumor de la charla, por encima de la cual oímos:

VOLUNTARIO 1: [En off: en voz alta] No tiréis los vasos al suelo, por favor. Dentro de un minuto vamos a pasar con una bolsa a recogerlos. No los tiréis al suelo, que luego tenéis que dormir aquí, tenedlo en cuenta.

Un hombre joven mira fijamente el interior del vaso de plástico, sin comer nada.

Un hombre de más edad se está pringando con la comida. Las judías le caen por la barbilla, pero él sigue comiendo, impertérrito.

54 CRIPTA.

Han apagado los focos, pero sigue entrando luz por algún hueco, lo cual nos permite distinguir las formas de la cincuentena de hombres que se acurrucan o duermen tendidos en los colchones.

Se oye un grotesco coro de ronquidos.

55 CRIPTA. ANTE LAS PUERTAS DOBLES.

Los ronquidos continúan.

Se abre una de las puertas dobles. Entra Manley. Camina de espaldas, absorto en algo que hay fuera de las puertas. Lleva la bolsa marinera al hombro. Cierra la puerta sin ruido y se vuelve. Tiene el croquis en la mano. Se lo acerca a la cara, a la débil luz de la cripta, y lo vuelve a bajar, y luego mira a su alrededor con aire perturbado.

56 CRIPTA.

Panorámica lenta de hombres dormidos que roncan.

57 CRIPTA. UN RINCÓN. NOCHE.

Plano corto: David, dormido sobre un costado. Una mano entra en campo y le sacude por el hombro. David despierta con un respingo –reflejo de alguien acostumbrado a dormir en sitios donde teme ser descubierto–. Alza la mirada.

Punto de vista: el de David. Manley le está mirando.

Hay algo alarmante en su cara vista en tales circunstancias.

MANLEY: [Susurrante: más animado de lo que le hemos visto hasta ahora] Necesito tu ayuda.

DAVID: ¿Qué pasa?

MANLEY: [Sosteniendo el croquis de la iglesia] Mi información no ha resultado todo lo exacta que me sentía autorizado a imaginar. ¿Conoces bien este sitio?

DAVID: [Se incorpora hasta apoyarse sobre los codos y mira más allá de Manley, como en busca de una explicación] ¿Qué? ¿Qué pretendes?

MANLEY: Quiero llegar a la sacristía. Antes tengo que subir a la iglesia principal.

DAVID: [Señalando con el dedo] Bueno, puedes subir por… [Se interrumpe] Oye, ¿qué estás planeando?

MANLEY: Estoy hambriento. Quiero cenar. ¿Serías tan amable de indicarme cómo llegar a la iglesia principal?

DAVID: No me extraña que tengas hambre. Tenías que haber comido cuando has tenido la oportunidad de hacerlo. ¿Qué pasa con la sacristía, de todas formas?

MANLEY: [Poniéndose impaciente] Espero encontrar allí mi cena.

DAVID: ¿Tú crees?

MANLEY: Hasta ahí mi información debería ser fidedigna. Venga, si eres tan amable de ayudarme… Tengo mucha hambre.

DAVID: Tendrías que haber comido cuando te he dicho que lo hicieras.

David se da la vuelta para volver a dormirse. Pero recuerda las veces en que él ha tenido mucha hambre. Casi de inmediato, vuelve a alzar la vista hacia Manley, suspira y empieza a incorporarse.

DAVID: No va a quedar ya nada, de todas formas.

58 ESCALERA.

David y Manley suben por la escalera que antes han bajado. No podemos ver gran cosa en la oscuridad, pero oímos la respiración trabajosa de Manley, que aunque quizá sea debida al esfuerzo físico suena asimismo a excitación creciente.

59 EN LO ALTO DE LA ESCALERA.

La luz es mejor y permite que veamos a Manley con la bolsa marinera al hombro.

DAVID: [En voz baja] La próxima vez tendrás más cabeza. El estómago siempre acaba haciéndose notar.

Manley, respirando con dificultad, consulta el croquis.

MANLEY: Mmm…

Manley echa a andar en una dirección. David le toca en el hombro y le indica la dirección contraria.

DAVID: Por aquí.

60 IGLESIA.

Vista desde el púlpito. Sombras. Vemos los bancos y demás cosas a la luz de la luna que entra por los ventanales.

En un plano sumamente evocador de la secuencia tercera, se oye la respiración de Manley, y luego, gradualmente, se van perfilando las formas de David y de Manley. Y oímos, en voz baja:

DAVID: [Voz en off] Si nos cogen haciendo esto, nos prohíben la entrada para siempre. [Y un nuevo pensamiento] Va a estar todo cerrado, de todas formas.

MANLEY: [Voz en off] Tengo todas las llaves que necesitamos.

DAVID: [Voz en off] Dios. ¿Cómo las has conseguido?

61 ANTE LA PUERTA DE LA SACRISTÍA.

Primer plano: las manos de Manley buscando en el manojo de llaves de mortaja. Todas ellas tienen grandes astiles, y son las mismas que hemos visto en la secuencia décima.

Plano más largo: Manley elige una llave y la introduce en el ojo de la cerradura de la puerta de la sacristía. Mientras tanto David sigue a su lado, echando miradas nerviosas a su alrededor.

MANLEY: [Al ver que la llave gira] Ah…

Manley abre la puerta. David mira rápidamente hacia el hueco, y luego vuelve a mirar furtivamente en torno.

DAVID: Bueno, que te diviertas.

David hace ademán de irse. Manley le agarra del brazo, aunque no agresivamente: un gesto que casi podría tomarse por una invitación insistente.

MANLEY: Puedes venir conmigo si quieres. De hecho, creo que voy a necesitar ayuda. Por favor.

Manley hace pasar a la sacristía a un David reacio.

62 SACRISTÍA.

David mira a su alrededor. Manley entra detrás de él. Cierra la puerta y echa la llave. David no le ve hacerlo. Manley inspecciona a su vez la sacristía.

Punto de vista: el de ambos. Un pequeño recinto vacío, como el de la secuencia cuarta. La luz del exterior ilumina el hueco que da un cuarto trasero. Ahora, como en 1904, se trata de un hueco sin puerta. Negro y siniestro, como el de acceso a otro mundo.

DAVID: [Tratando de ocultar el nerviosismo] Bien, no veo nada de comida. Aunque yo ya he cenado.

David se vuelve y va hacia la puerta de la sacristía, y descubre que está cerrada. Intenta abrirla unas cuantas veces. Vemos claramente que lo único que quiere es salir de la sacristía. Se vuelve y mira a Manley.

Manley, mientras tanto, ha estado inspeccionando la sacristía detenidamente, sin importarle lo más mínimo los intentos de David de salir de aquel recinto.

DAVID: La has cerrado con llave.

Manley deja en el suelo la bolsa marinera, se quita el abrigo y deja al descubierto la sahariana, de la que cuelgan cazos, cucharas, etc. Deja caer el abrigo al suelo.

David lo mira por espacio de un instante, y luego mira hacia el hueco del cuarto trasero.

DAVID: [En tono como despreocupado] Esto… Echaré un vistazo a ver qué hay ahí dentro.

David pasa junto a Manley y avanza hacia el hueco negro. Manley está demasiado ocupado en la operación de desembarazarse de su impedimenta como para mirarle.

El hueco negro: David vacila en el umbral, tratando de escrutar la negrura del hueco. Echa una rápida mirada hacia Manley, y desaparece a través del hueco.

Manley: alza la vista y mira hacia el hueco, como para confirmar lo que sabe que va a suceder a continuación.

El hueco negro: la cámara mira fijamente el hueco durante un tiempo ominosamente largo –lo bastante largo como para que esperemos oír un grito o algo parecido–.

Al cabo David aparece en el umbral. Parece completamente exhausto.

MANLEY: [Sonriendo] ¿Y bien? ¿Qué has encontrado ahí dentro?

DAVID: [Conmocionado] Nada. No hay nada. Está totalmente a oscuras. [Deja escapar una risa nerviosa] Durante un momento me ha parecido que no iba a poder salir nunca.

MANLEY: Vamos, amigo mío. ¿Por qué no me ayudas en vez de andar dando vueltas sin ton ni son? Buen chico, sí señor…

Manley alarga la mano hacia suelo en ademán de invitación.

Otro encuadre: entrevemos en la penumbra una serie de objetos que Manley ha extendido en el suelo. Son en su mayoría los objetos que hemos visto en la secuencia vigésimo segunda: cocina de camping, utensilios de metal, tarros y recipientes, la red…, y la caja del señor Grosvenor.

David: la experiencia que acaba de vivir en el cuarto trasero lo ha conmocionado. Parece haber perdido toda fuerza para oponer resistencia a Manley. Mira dócilmente los objetos del suelo. Luego, como si de pronto recordase, mira con nerviosismo hacia el hueco negro y se aleja un paso más de él. Funde a:

63 SACRISTÍA.

Plano corto: una vela arde en el suelo, sobre un platillo.

Otro encuadre: Manley se mueve por la sacristía examinando algo que hay en el suelo, cerca del hueco negro. Aún no podemos ver lo que es. Se agacha, se desplaza para observar desde otra perspectiva, como un golfista calculando un golpe decisivo.

David está de pie detrás de él, apoyado contra el muro.Se aferra con fuerza a su chaqueta y se la pega al cuerpo en ademán de protegerse.

MANLEY: Mmm…

Manley vuelve a agacharse para examinar los objetos (que no vemos) extendidos en el suelo. Es obvio que algo le causa un gran disgusto.

Manley se yergue y, sin apartar los ojos del suelo, dirige un gesto a David.

MANLEY: Tu chaqueta. Eso servirá.

DAVID: ¿Qué?

MANLEY: [Gesticulando con mayor impaciencia y la mirada aún fija en el suelo] Dame tu chaqueta.

David sigue apretándose la chaqueta contra el cuerpo.

DAVID: Mejor no te la doy, si no te importa. Necesito la chaqueta.

MANLEY: [Impaciente] Enseguida te la devuelvo, hombre. Es muy importante. Dame la chaqueta.

Manley sigue examinando el suelo, y tiende la mano para que David le dé la chaqueta.

David mira a su alrededor, y luego, a regañadientes, empieza a quitarse la chaqueta. En un momento dado, vacila, pero luego continúa. La razón de su vacilación es un enorme roto que tiene en la camisa y que antes tapaba la chaqueta. Trata de ocultar el roto con un brazo.

Manley coge la chaqueta de David sin mirarle, y sigue moviéndose sobre el terreno haciendo cálculos, mientras sostiene ante sí la chaqueta abierta.

DAVID: Oye… Necesito esa chaqueta. No va a poder…

MANLEY: [Interrumpiéndole] Te la voy a devolver. Ahora, por favor, guarda silencio unos minutos. Es vital que lleve a cabo unos cálculos precisos.

David sigue mirándole, preocupado por su chaqueta.

64 SACRISTÍA. MÁS TARDE.

Plano corto: el roto de la camisa de David. David se lo palpa una y otra vez, cohibido, como si se tratara de algo que pudiera enmendarse.

El encuadre se amplía para mostrarnos a Manley y a David sentados en el suelo, con la espalda contra del muro, mirando de frente el hueco negro. Tienen la vela delante de ellos, en el suelo. Manley no espera que el fantasma aparezca en ese momento. Sin embargo, tiene los ojos fijos en el hueco negro. Su expresión es meditabunda. David mira también el hueco. Parece tratar de hacer que la distancia entre él y el hueco aumente todo lo posible.

El hueco negro: la cámara lo enfoca durante unos instantes, y luego va bajando hasta mostrarnos algo que ha sucedido en el suelo, frente al umbral. Ha aparecido una línea (de lo que parecen trocitos de pan) que forma un semicírculo en torno al umbral. Dentro del semicírculo, el suelo aparece cubierto de un polvo blanco, salpicado de lo que podrían ser aceitunas. Y, tendida más o menos en el centro, con los brazos extendidos, vemos la chaqueta de David.

Manley y David: Manley dice algo, y aunque no lo hace en voz alta, David da un respingo al oírle.

MANLEY: Muy bien. Te lo contaré.

DAVID: ¿Qué?

MANLEY: Una noche de 1904 se dio muerte a un indigente. Ahí dentro.

David sigue la mirada de Manley.

El hueco negro: la cámara se acerca lentamente a él mientras oímos el diálogo siguiente:

DAVID: [Voz en off] ¿Por qué?

MANLEY: [Voz en off] ¿Qué?

DAVID: [Voz en off] ¿Por qué lo mataron?

MANLEY: [Voz en off: tomándolo como una digresión que no hace al caso] Oh… Se necesitaban ciertos órganos para una investigación científica o algo parecido. En cualquier caso, lo trajeron aquí y le dieron muerte en ese umbral. Hace ochenta años.

MANLEY: [Prosigue, incitando a David para que llegue a una conclusión] En esta precisa noche.

DAVID: Entiendo. Estamos esperando a que aparezca su fantasma.

MANLEY: Muy bien. Y, según me dicen, es un fantasma muy de fiar (para lo que suelen ser los fantasmas). [Pausa]

DAVID: Y tú vas a…

MANLEY: Exactamente.

El hueco negro.

MANLEY: [Prosigue, en off] Y ahora tengo muchísima hambre.

65 SACRISTÍA. UNA HORA DESPUÉS.

Plano corto: el roto de la camisa de David. Ahora no intenta tapárselo. El encuadre se amplía y vemos a David sentado como antes, con la espalda contra del muro. Ya no parece asustado, sino resignado. Como si ya no le importase nada.

Panorámica lenta hasta enfocar a Manley, que sigue sentado junto a David. Ahora parece mucho más hambriento e impaciente. Está encorvado hacia delante, respirando trabajosamente, con la mirada fija en el hueco negro. Su expresión es lasciva.

Otro encuadre: Manley, de pronto, da un respingo hacia delante, con la mirada fija en el hueco que tiene enfrente. David no reacciona, pero sigue mirando con expresión vacía el mismo punto. (Su falta de reacción se debe a que Manley ha dado ya numerosos respingos en el curso de la última hora.) Manley se relaja y sigue en su sitio.

MANLEY: Mmm… Me ha vuelto a parecer que se movía algo.

DAVID: [Impasible] Aquí el fantasma soy yo. Yo mismo.

MANLEY: Bien, sabes lo que tienes que hacer, ¿no? Es absolutamente imprescindible que lo hagamos todo en el momento justo.

DAVID: [Con los ojos fijos en el hueco y la mirada vacía] Aquí el fantasma soy yo. Si desaparezco esta noche nadie se daría cuenta.

MANLEY: ¡Chsss!

Manley da un nuevo respingo hacia delante.

El hueco negro: unos cuantos segundos. No sucede nada.

Manley y David: Manley vuelve a relajarse. David sigue mirando hacia delante con ojos vacíos.

MANLEY: Mmm…

66 IGLESIA.

Punto de vista: el de una figura que no podemos identificar. Avanza por un pasillo lateral hacia el altar de la iglesia, y al llegar busca la puerta de la sacristía.

67 SACRISTÍA.

Plano corto: la cara de Manley se enciende por la excitación.

MANLEY: [Entre dientes] ¡Allí!

Manley se pone en pie de un brinco, sin dejar de mirar el hueco. Vemos que tiene la red entre las manos. David, como despertando de un sueño, se sobresalta y se pone en pie apresuradamente.

MANLEY: [En off, entre dientes] ¡Ahora sí! Se ha movido algo. Prepárate.

El hueco negro: algo se mueve en la negrura; algo que no podemos identificar. De pronto, aparece un vagabundo en el hueco. Vemos el abrigo y la cara. Es un vagabundo “anticuado”, con un abrigo grande y harapiento. De mediana edad, es menudo y su semblante es descarado y amistoso. No hay en él nada de fantasmagórico. Se frota los ojos, como si acabara de despertarse, y sonríe mansamente.

VAGABUNDO: Buenas noches.

Manley y David: ambos miran fijamente al vagabundo, un tanto aturdidos. Manley tiene la red en la mano.

VAGABUNDO: ¿Qué pasa aquí? ¿A qué viene todo esto? [Señala con el pie el polvo del suelo] Se os ha caído algo, ¿no?

MANLEY: ¡No toque eso!

VAGABUNDO: [Ofendido] No sé quiénes sois, compadres, pero no creo que vayáis a cazar mucho con eso. Si lo que queréis es mariposas, tenéis que ir a Hampstead Heath.

MANLEY: [Bajando la red, indignado] ¿Qué estás haciendo aquí?

VAGABUNDO: ¿Que qué hago aquí? Os podría hacer la misma pregunta a vosotros. Siempre duermo aquí. Friego los suelos para el viejo pastor, y él me deja este sitio. No puedo dormir con tanto ronquido, y sabe Dios qué más cosas… Pero aún no sé cómo habéis llegado hasta aquí.

MANLEY: Lo que hacemos es esperar a que ocurra algo de suma importancia. Y usted, señor mío, ¡está en medio!

VAGABUNDO: [Encogiéndose de hombros] Perdóname, compadre. Pero te aseguro que no hay gran cosa ahí dentro. Si lo hay, yo nunca me he dado cuenta.

Mientras dice esto se vuelve y mira el hueco oscuro. La cámara nos muestra su espalda durante unos segundos.

MANLEY: Bien, yo le aseguro que con toda probabilidad está a punto de materializarse algo, y le pediría amablemente que se quitase de ahí enseguida.

El vagabundo no se mueve. Sigue de espaldas desde que se ha vuelto. La cámara sigue fija en él unos instantes, y luego va acercándose a medida que el vagabundo va dándose la vuelta hacia ella. Por espacio de una fracción de segundo vemos la cara del vagabundo, que ha cambiado por completo. Es la cara de un muerto: la mirada fija, horrorizada, los labios manchados de sangre. Sólo podemos captar esto muy fugazmente, porque de inmediato la cámara nos muestra el semblante sobrecogido de Manley y David. Manley es el primero en recuperarse.

MANLEY: ¡La llama, rápido! ¡Rápido, la llama, rápido!

Otro encuadre: algo hace que surja de pronto en torno al hueco un anillo en llamas. La figura del vagabundo sigue inmóvil como una estatua, a medio volverse, mirando por encima del hombro. No podemos verle la cara a través de las llamas.

Punto de vista: el de fantasma. David lanza frenéticamente hacia él, a través de las llamas, polvo de un bol que tiene en las manos. Su urgencia se debe más a un irracional deseo de defenderse que a cualquier posible entusiasmo por la causa de Manley.

Manley despliega la red. Afina cuidadosamente la puntería y la lanza hacia el fantasma. La red cae sobre la cámara. Fundido a negro.

68 CUARTO TRASERO DE LA SACRISTÍA. MEDIA HORA DESPUÉS.

Fundido de apertura: la sacristía está vacía. La red, al igual que la chaqueta de David, está tirada en el suelo, delante del hueco que da al cuarto trasero. Las llamas han cesado, y no hay señales de daños causados por el fuego.

Ahora nos llega una luz del cuarto trasero. La cámara avanza despacio a través del hueco y nos muestra a Manley sentado en un pequeño taburete, encorvado sobre la cocina de camping, cocinando algo en el wok. La llama de la cocina es al parecer la única fuente de luz. No es lo bastante fuerte para mostrarnos los detalles del recinto, pero vemos:

A David al fulgor de la cocina de camping. Está apoyado contra la pared, y mira fijamente en dirección a Manley.

Primer plano: la cara de Manley. Impaciente y lascivo, mira lo que está cocinando. Sonríe, expectante.

Manley echa especias en el wok, que emite chisporroteos y sonidos sibilantes, y cuyo contenido aún no podemos ver.

Los ojos de David, de mirada vacía, siguen fijos en Manley.

69 CENTRO DE LONDRES. MUY DE MAÑANA.

Charing Cross y Trafalgar Square. La ciudad aún no ha despertado.

70 CALLEJÓN CERCANO A CHARING CROSS. MUY DE MAÑANA.

Basura y periódicos viejos en el suelo. Una hilera de cubos de basura contra el muro. Al fondo un viejo hurga en uno de ellos. Lleva una bolsa de plástico en la que va metiendo cualquier cosa comestible que encuentra. Va de cubo en cubo, y se acerca poco a poco por el callejón hacia la cámara.

Vemos a Manley en primer término del plano. Lleva de nuevo el abrigo. Se tambalea. Se detiene y se apoya contra el muro, y mientras lo hace va volviéndose hacia la cámara. Parece muy enfermo. Se agarra el vientre y respira con dificultad. Se vuelve y vomita en el cubo de basura más cercano. Entretanto, el viejo sigue hurgando unos cubos más allá; de espaldas a Manley, no le ve vomitar. Manley termina de hacerlo, se vuelve hacia nosotros y sale de campo dando tumbos. El viejo deja de hurgar en un cubo y pasa al siguiente. Le basta una ojeada para ver que está vacío. El cubo siguiente es aquel en el que ha vomitado Manley. El viejo se acerca hacia la cámara por el callejón, con la bolsa de plástico abierta y lista, esperanzado. En el momento mismo en que está a punto de mirar en el cubo, el plano cambia y nos muestra lo siguiente:

71 PASO BAJO EL PUENTE. MUY DE MAÑANA.

Vemos a unos quince hombres en la acera del paso subterráneo bajo un puente. Todo parece indicar que tal albergue es permanente; botellas vacías, mantas, periódicos y cajas de cartón marcan el “territorio” de cada uno de ellos. Aproximadamente la mitad están sentados, apoyados contra el muro, bien porque están despiertos o bien porque duermen de ese modo.

La figura de Manley aparece al fondo del paso, y se acerca tambaleante hacia nosotros. Los hombres apenas se fijan en él. Manley se detiene a mitad de camino y busca apoyo en el muro para recuperar el resuello.

Otro encuadre: en el momento en que Manley se detiene vemos a uno de los hombres sin hogar sentado en el suelo. Tiene unos cuarenta años. Lleva traje, pero no corbata. Aunque sus manchas y arrugas son muchas, no es descabellado imaginar que, meses atrás, nuestro hombre ha vendido seguros con esa misma ropa. Ahora alza la mirada hacia Manley con expresión solidaria, y le indica un hueco a su lado: un “asiento” de cartón aplastado.

HOMBRE SIN HOGAR: Siéntate. Descansa un poco.

MANLEY: Mmm…

Manley se sienta, aun sin aliento. Mira, meditabundo, el espacio que hay frente a él. El hombre sin hogar mira a Manley con una sonrisa amistosa. Manley no le presta atención durante un rato, pero el hombre sigue sonriéndole. Manley le dirige una mirada rápida, y luego sigue mirando más allá de él, hacia la entrada del paso bajo el puente.

Manley y el hombre sin hogar: Manley se frota el vientre despacio, y vuelve a mirar hacia el vacío con aire ensimismado.

HOMBRE SIN HOGAR: Nos hemos pasado un poco, ¿no?

MANLEY: ¿Qué?

HOMBRE SIN HOGAR: Se nos ha ido un poco la mano con… [Hace como que empina el codo]

Manley mira al hombre sin hogar con desprecio. Luego, muy digno, dice:

MANLEY: Tenía hambre. Y he comido. Y ahora estoy enfermo.

HOMBRE SIN HOGAR: [Encogiéndose de hombros] Está bien, está bien. Entiendo lo que quieres decir.

MANLEY: ¿Que entiendes lo que quiero decir? Lo dudo mucho. ¿Cómo podrías llegar a entender la clase de hambre que yo tengo?

HOMBRE SIN HOGAR: Bueno, a todos nos entra el hambre, ¿no?

Manley dirige al hombre sin hogar otra mirada despectiva.

MANLEY: No tiene ni idea de lo que es el hambre verdadera.

El hombre sin hogar se encoge de hombros. Manley sigue mirando al aire con aire pensativo y se frota lentamente el vientre.

72 PASO BAJO EL PUENTE. MUY DE MAÑANA. UN POCO MÁS TARDE.

Un Rolls Royce aparece al fondo del paso subterráneo y comienza a acercarse hacia la cámara; va pasando despacio por delante de los indigentes.

73 COCHE. MUY DE MAÑANA.

Carter, al volante, va mirando la acera. Lleva algún tiempo buscando. Su mirada se fija en Manley, y un fugaz atisbo de sonrisa se dibuja en su semblante. Se detiene y, durante unos instantes, sigue en su asiento mirando hacia Manley.

74 EL PASO BAJO EL PUENTE.

El Rolls se ha parado enfrente de Manley y el hombre sin hogar. Manley alza la vista hacia el coche con aire taciturno, pero no hace ademán de levantarse. Carter se baja del coche, sin prisa. No hace gesto alguno de ayudar a Manley a levantarse; en lugar de ello, abre la portezuela trasera y se queda quieto esperando. Manley se pone en pie con cansancio. Carter sigue manteniendo la portezuela abierta, sin hacer el menor ademán de ayudar a Manley, que monta con esfuerzo en la trasera del Rolls.

El hombre sin hogar: no hay sorpresa en su cara. Pocas cosas lo sorprenden. Observa la escena con la misma sonrisa afable.

Se cierran de golpe las portezuelas del Rolls.

Otro encuadre: el Rolls inicia la marcha. Pasa por delante del resto de los hombres sin hogar y sale de campo.

75 UNA CALLE DE LONDRES.

El Rolls avanza por una calle desierta.

76 COCHE.

Durante el diálogo siguiente, Manley sigue mirando por la ventanilla con aire cansino. Aunque está claro que se dirige a Carter, en realidad está pensando en voz alta y no le parece nada fuera de lugar el silencio de su chófer.

MANLEY: [Sin tono de triunfo] Puede que quiera saber, Carson, que anoche logré hacer lo que me proponía.

Carter sigue impasible.

MANLEY: No fue tan extraordinario como habría cabido esperar. [Pausa] En conjunto, una decepción. Quizá vuelva a viajar a Islandia. [Pausa] Mmm… Tan aburrida y gris, Carson… [Pausa] La vida se vuelve tan aburrida y gris cuando has probado sus ofrendas más evidentes…

Manley, sumido en sus pensamientos, sigue mirando por la ventanilla.

77 CUARTO TRASERO DE LA SACRISTÍA. MUY DE MAÑANA.

Plano corto: David dormido, apoyado contra el muro.

Despierta sobresaltado. Mira a su alrededor, y se tranquiliza. El cuarto trasero es pequeño y desabrido: una especie de almacén para trastos y objetos desechados de la iglesia. Aunque aún no es necesario que lo veamos, en uno de los muros hay un viejo espejo de cuerpo entero. En el suelo vemos la huella del paso de Manley: el desorden propio de un campamento abandonado. El wok descansa, torcido, sobre la cocina de camping. Las cucharas, las paletas de servir, el plato vacío, los frascos y los envoltorios están esparcidos por el suelo, y el taburete de Manley caído.

David se comporta de forma muy similar a la de alguien que despertara de una larga borrachera. Suspira profundamente y se frota la nuca. De súbito recuerda el roto de su camisa, y se la mira como con esperanza de que haya podido enmendarse de la noche a la mañana. Se levanta, muy cansado. Sigue tocándose el roto con preocupación, mientras sus ojos van de un lado a otro del cuarto en busca de algo.

Punto de vista: el de David.

El wok, con dos o tres trocitos de carne aún pegados a los bordes. Con curiosidad cansina, David se acerca al wok y se agacha ante él.

Alarga la mano y coge uno de los trozos. Lo levanta con recelo, como si se tratara de una babosa. Se lo acerca a la cara con cautela. El olor –fuerte y atroz– le da en plena cara. Tuerce el gesto y arroja lejos de sí el trozo de carne. Vuelve a suspirar y mira hacia el frente con ojos vacíos. Tocándose de nuevo el roto de la camisa, va hacia el hueco que da a la sacristía. Sigue mirando a su alrededor en busca de algo. A través del hueco podemos ver la puerta de la sacristía, ahora un poco entreabierta. La cámara enfoca el suelo en torno al hueco del cuarto trasero y vemos lo que David está buscando: su chaqueta. Está tirada en el suelo, en medio de una ceniza blanca que parece polvo.

David coge la chaqueta del suelo, le sacude la ceniza todo lo que puede y se la pone. Cerca del hombro tiene un agujero grande: una quemadura. Repara en ello con consternación. Se palpa el agujero con un dedo; luego llama su atención algo que ve en el cuarto trasero. Vuelve a entrar en él, con la mano en el agujero de la chaqueta como si se estuviera tapando una herida.

Lo que David ha visto es el espejo de cuerpo entero, abandonado contra un muro. Se pone enfrente de él, y quita la mano de la quemadura de la chaqueta. Se contempla con expresión vacía. Luego suspira, se encoge de hombros y se da la vuelta, mientras se frota de nuevo la nuca.

78 CENTRO DE LONDRES. MUY DE MAÑANA.

Un Rolls rueda por el asfalto de las calles en la mañana temprana.