'El drama'

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Cine & Teatro

'El drama': ¿conoces todos los secretos de tu pareja?

El cineasta noruego Kristoffer Borgli dirige una película donde se aborda cómo las cicatrices y las sombras de nuestro pasado pasado vital condicionan las relaciones sentimentales del presente

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¿Conoce usted todos los detalles del pasado de su pareja? ¿La sinceridad absoluta es una virtud? Estas son algunas de las preguntas -acaso incómodas- que plantea El drama, que se estrena en cines este viernes. Se trata de la nueva película del noruego Kristoffer Borgli, rodada en Estados Unidos, con producción del cineasta Ari Aster para A24, y con un reparto encabezado por dos estrellas: Zendaya y Robert Pattinson. Interpretan a una joven pareja que, después de un tiempo conviviendo, han decidido casarse. Están con los preparativos de la boda: las fotos, las flores, la DJ que amenizará la fiesta, las damas de honor, los discursos de los novios y el banquete. Una noche acuden con una pareja amiga al restaurante para probar los platos y dar el visto bueno al menú. Con algunas copas de más, ya avanzada la noche, se retan a contar lo peor que han hecho en sus vidas.

Cada uno va contando lo suyo, en todos los casos vinculado con la adolescencia o la juventud: un acto de cobardía parapetándose detrás de la novia ante el ataque de un perro, un gesto de crueldad con un vecino rarito y tal vez con una ligera deficiencia que podría haber acabado muy mal, el acoso a un compañero de colegio en un bullying de manual… Y cuando le llega el turno a la novia (Zendaya) esta cuenta algo que no llegó a hacer pero estuvo a punto de llevar a cabo en su adolescencia. Algo tan atroz, tan inconcebible, que de pronto se hace un silencio muy incómodo, todos la miran con incredulidad, el buen rollito de la velada se evapora en ese instante y la pareja amiga decide marcharse de inmediato.

No les desvelaré de qué se trata por aquello de los spoilers, pero esta revelación se produce a los veinte minutos del arranque. El resto de la película está dedicada a observar cómo el novio (Pattinson) digiere esta información sobre el pasado de su chica y cómo se instala en la pareja la suspicacia y hasta la sospecha. Y surgen unas cuantas preguntas: ¿una persona puede dejar atrás el pasado y cambiar?, ¿tiene derecho a ocultárselo a quien va a casarse con ella?, ¿la sinceridad total en la pareja es un requisito indispensable para el buen funcionamiento de la relación?, ¿hay cosas que sería mejor no saber?

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El humor negro es un vehículo óptimo para plantear debates sobre los comportamientos humanos y la interacción social. Que se lo pregunten al mejor guionista del cine español, el desaparecido Rafael Azcona, del que este año se cumple el centenario del nacimiento. Hay cineastas como el griego Yorgos Lanthimos (Pobres criaturas, Kinds of Kindness, Bugonia…) y el sueco Ruben Östlund (Fuerza mayor, The Square, El triángulo de la tristeza…) que han convertido estos asuntos en el centro de su obra.

El noruego Borgli también juega en esta liga. Sick of Myself, su primer largometraje, rodado en su país natal, era un cuento cruel -muy cruel, hasta lo casi insoportable- sobre una influencer entre la imbecilidad y la enfermedad mental que, obsesionada con el éxito en redes, no dudaba en poner en riesgo su salud para conseguir likes. El segundo, Dream Scenario, ya rodado en Estados Unidos, con Nicholas Cage de protagonista, era un nuevo retrato de las miserias de las redes, sus famas súbitas y sus cancelaciones fulminantes, a través de un ingenioso argumento de ciencia ficción.

En El drama Borgli sigue empeñado en meterle el dedo en el ojo al espectador mediante el humor negro para hacerle reflexionar sobre los comportamientos sociales y las flaquezas humanas. ¿La convivencia civilizada y hasta el amor no se basan en el fondo en contarnos mentirijillas piadosas? ¿Qué sucedería si todo el mundo fuera siempre con la sinceridad por delante, expresando sin cortapisas lo que piensa de los demás? Pero al mismo tiempo, ¿basar una relación en el secreto, por tanto en la mentira, no está condenado al desastre?

La relación de la pareja protagonista empieza con una mentira. Él la atisba en una cafetería y decide ligar con ella. Aprovechando que ella va un momento al lavabo, saca con el móvil una foto del libro que está leyendo, consulta en internet de qué va y se le acerca diciéndole que esa novela le fascina. ¿Una lícita mentirijilla de seductor? ¿Significa que toda la relación se ha construido sobre un engaño? En ese primer contacto se produce un malentendido: ella está sorda de un oído y cuando él le habla, cree que lo está ignorando. La causa de la sordera está vinculada con el episodio inconfesable que aflorará más tarde.

'El drama'

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Y una vez aflora, él ya no puede verla con los mismos ojos. Cualquier detalle cotidiano adquiere otro significado, inquietante, amenazante. Borgli narra visualmente esta progresiva obsesión mediante un eficaz recurso: muestra lo que sucede, pero también lo que pasa por la cabeza del novio, lo que este imagina que podría suceder. Y esta mezcla entre realidad y proyección contribuye a elevar el clima de sospecha y duda. ¿Ella hubiera hecho bien en no contar ese episodio u ocultarlo habría sido un engaño mayúsculo? ¿Tiene derecho a ocultarlo porque ha cambiado? Pero ¿ha cambiado de verdad? Porque si no llegó a llevar a cabo lo que había planeado fue porque se interpuso el azar y a partir de ahí cambió radicalmente. Pero ¿lo hizo por convicción o por conveniencia?

El director y guionista suma algunas subtramas que refuerzan el mensaje. Una noche la pareja cree ver a la DJ a la que han contratado para la boda esnifando heroína en la calle con un grupo de personas y deciden despedirla. ¿Pero están cien por cien seguros de que era ella? Y si lo era, ¿lo que haga en su vida privada es motivo para despedirla? Más adelante, el novio, arrastrado por su caos mental, protagoniza una situación al borde la de infidelidad con una colega en el museo en el que trabaja y eso contribuirá a desencadenar el caos en el que desemboca el convite del casamiento. Un caos que tal vez se precipita y debería haberse cocinado a fuego más lento. El final es abierto. ¿A la esperanza, a la asunción de que necesitamos contarnos mentirijillas para seguir adelante?