Dettale de la portada de 'Gekiga. La revolución del manga', del norteamericano Ryan Holmberg

Dettale de la portada de 'Gekiga. La revolución del manga', del norteamericano Ryan Holmberg

Artes

Los otros cómics japoneses

Se deduce de la lectura de 'Gekiga. La revolución del manga', del norteamericano Ryan Holmberg que la vida no fue fácil para sus dibujantes, que solo buscaban ampliar el foco del género y hacerlo más disfrutable por los adultos, una transición que fue mucho más suave en Europa y Estados Unidos

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Como europeo criado con Tintín, Astérix y el Capitán Trueno (o sea, un maldito boomer), siempre he tenido problemas para aclimatarme a los manga japoneses, de gran éxito entre las generaciones posteriores a la mía: guiones que se me antojan más pueriles que los de Stan Lee (¡que ya es decir!), dibujo uniforme y adocenado con escaso (o nulo) margen para la experimentación personal, universos ficticios que me la soplan…En resumen, que nunca he logrado entrar en la estética y el contenido de los tebeos nipones.

Con una excepción: el gran Yoshihiro Tatsumi (1935 – 2015), escasamente conocido en su país, al que descubrí en las páginas de la revista El Víbora y que es el responsable de uno de los mejores tochos de toda la historia del cómic, el monumental Una vida errante (editado aquí por Astiberri), una mezcla de autobiografía e historia reciente del Japón que tuvo bastante éxito en Estados Unidos gracias al patrocinio del espléndido dibujante de origen nipón Adrian Tomine.

Me había quedado con la copla de que solo podía confiar en Tatsumi para un poco de esparcimiento intelectual oriental tebeístico, pero un libro recién publicado entre nosotros (por la pequeña editorial de Gijón Satori, especializada en literatura japonesa) me ha sacado de mi error. Afortunadamente para la cultura en general y la japonesa en particular, Tatsumi no estuvo solo en sus esfuerzos en pro de una historieta más literaria que la mundialmente conocida de Bola de Dragón y Naruto.

Vida más allá de los tebeos

Es lo que se deduce de la lectura de Gekiga. La revolución del manga, del norteamericano Ryan Holmberg, un estudioso de Japón y su cultura que lleva años prestando especial atención a sus comics, a los que también se ha acercado como traductor al inglés.

Gekiga. La revolución del manga, del norteamericano Ryan Holmberg

Gekiga. La revolución del manga, del norteamericano Ryan Holmberg

El movimiento Gekiga, iniciado a finales de los años 50, proponía unas historietas para adultos que no eran lo que solía editarse y venderse. El citado Tatsumi brilló con luz propia en ese movimiento, pero no fue el único, como deja claro el libro del señor Holmberg, especialmente adecuado para quienes creíamos que en el comic nipón apenas había nada que salvar (especialmente desde una óptica literaria).

Aparecen aquí un montón de nombres de los que uno, en su ignorancia y desinterés, nunca había oído hablar y que demuestran que hay vida más allá de los tebeos que han cautivado la atención de nuestros menores (una maniobra sutilmente iniciada con los dibujos animados televisivos y continuada luego en los tebeos).

Luchador solitario

Se deduce de la lectura de Gekiga (traducción literal: imagen dramática) que la vida no fue fácil para sus dibujantes, que solo buscaban ampliar el foco del género y hacerlo más disfrutable por los adultos (una transición que fue mucho más suave en Europa y Estados Unidos). Es el tradicional peligro de salirse del camino trillado, pero, a fuerza de insistir, el gekiga se fue imponiendo en Japón y hasta llegó a influir en autores del ancien regime, como el gran patrón del manga Osamu Tezaka (1928 – 1989), creador del popularísimo Astroboy.

El gekiga ha viajado poco a España y sigue siendo, en cierta medida, un gran desconocido entre los lectores locales. Ryan Holmberg nos cuenta su historia, nos hace interesarnos por sus autores y, de propina nos ofrece una hermosa historieta de Seiichi Hayashi (1945), Puerto de flores, a modo de colofón a un texto muy necesario para los que creíamos que el pobre Tatsumi fue un luchador solitario que acabó pereciendo en el intento de integrar los comics de su país en la cultura adulta.

Supongo que los devotos de Naruto no tendrán nada que hacer con el libro del señor Holmburg, pero los consumidores de historietas adultas encontrarán en él una información de primer orden.