Artes

Una alcaldesa para la historia

19 diciembre, 2020 00:00

Los anales de la ciudad de Barcelona ya cuentan con un lugar reservado para la actual alcaldesa. Nuestra ciudad ha sufrido inundaciones, incendios, revueltas, atentados, desgracias naturales,… pero nunca un alcalde ha sido capaz de hacerle tanto daño como la actual.

Estamos peor que antes en seguridad, limpieza, imagen, atractivo,… pero la peculiar cruzada contra el coche no tiene parangón. El objetivo confeso es hacer la vida imposible al conductor, como si tener un coche fuese un lujo imperdonable. Quedan para la historia las declaraciones de la teniente de alcalde de ecología, urbanismo, infraestructuras y movilidad cuando conocimos la tragedia del cierre de las plantas de Nissan en Cataluña, alegrándose de la pérdida de este activo industrial. Sin duda una auténtica declaración de principios nihilistas.

La cruzada contra el coche viene de largo. Después de varios escarceos comenzó a coger velocidad al cerrar la ciudad a los pobres. El plan de bajas emisiones es, sobre todo, socialmente injusto porque quien tiene un coche que contamina mucho es fundamentalmente porque no puede comprarse uno nuevo. Si no puedes cambiarte de coche, quédate en casa, parece el mensaje de nuestro populista ayuntamiento. La guinda, anecdótica frente a la injusticia para quienes viven en el área metropolitana y trabajan en Barcelona, es que los coches clásicos tampoco pueden circular en nuestra ciudad, lo que mata un pequeño pero interesante sector económico. El famoso rally Barcelona-Sitges deberá partir de, por ejemplo, L’Hospitalet, la ciudad que más se está beneficiando de la torpeza de nuestra alcaldesa. Una vez más enhorabuena vecinos.

En marzo y abril se cometieron tropelías contra la circulación no solo a traición sino además con un pésimo gusto: bloques de cemento, garabatos en el suelo, vallas de obra, calles peatonales solo el primer fin de semana de mes, como si el virus tuviese un afán especial para contaminar a comienzos de mes,… todo estaba tan mal hecho que parecía provisional, pero ya han pasado nueve meses y ahí siguen, entorpeciendo el tráfico y haciendo que nos acostumbremos a que la ciudad esté cada día más fea.

Pero de todas las tropelías perpetradas sin duda la “aportación” de las superillas no tiene parangón. El diseño del Eixample es ejemplar y tremendamente avanzado a su época, una gran parte de nuestra ciudad es ordenada, descongestionada y permite una convivencia más que razonable entre personas y vehículos gracias al maravilloso invento del chaflán y la ortogonalidad de las calles. Tras 160 años de su diseño han sobrevivido pocas illas interiores pero a cambio tenemos un número de parkings más que razonable. Pues nuestra alcaldesa se viene arriba y corrige el diseño cerrando calles y cambiando sentidos para crear un caos donde antes había orden, rematado con el absurdo carril bici de la calle Aragón y el estrangulamiento definitivo de la Diagonal, las dos arterias que regulan el tráfico del Eixample. Cuando todos estos engendros estén perpetrados el tráfico en el centro será un infierno, lleno de atascos, que, por cierto, harán que la contaminación se eleve.

Todos estos pegotes van a consolidarse en un Plan de Movilidad Urbana que será el legado para la historia de la sin par alcaldesa. Su objetivo es que en 2024 el 81,52% de la movilidad sea a pie, en transporte y en bicicleta lo cual, de nuevo, deja huérfanos a quienes viven fuera pero trabajan, se divierten o compran en la ciudad. Y de propina un tranvía que ya fue rechazado por la población hace diez años y que prácticamente cortará el tráfico de la Diagonal, de momento, desde Paseo San Juan.

La evolución de 'superheroína supervivienda' a alcaldesa gracias al voto de un ex primer ministro francés y ahora apoyada por los republicanos, además de por un PSC en un extraño papel de cómplice silente, es digna de análisis por politólogos e incluso psicólogos, pero el daño que dejará su legado tardará lustros en ser borrado. Que largos se nos van a hacer los dos años y medio que restan de su mandato aunque en nuestra política se ha demostrado con creces que quien viene te suele hacer mejor. Ojalá no sea el caso, porque significaría el entierro definitivo de Barcelona como una ciudad moderna.