Walter Benjamin
¿Quién conoce a Walter Benjamin?
Catarata reedita, en una versión revisada y actualizada, La vida que se cierra, el ensayo que Carlos Taibo dedicó a analizar la vida del pensador alemán, autor de la mejor prosa en alemán de su generación
Diez años después de haber publicado Walter Benjamin. La vida que se cierra, Carlos Taibo reedita en Catarata su peculiar ensayo sobre el pensador alemán, en una versión revisada y actualizada. Motivos no le faltan, porque nuestro conocimiento sobre un pensador tan peculiar ha avanzado mucho precisamente gracias a las obras que enumera: “Pienso en el ensayo de Eva Weissweiler sobre la relación entre Benjamin y la que fue su esposa, Dora (…); en el texto de la misma autora sobre el hotel que la propia Dora regentó en San Remo; en el libro de Antonia Grunenberg sobre Benjamin y Asja Lacis; en la antología de materiales autobiográficos de Benjamin publicada en Argentina por Marcelo G. Burello; en los ensayos de Álex Chico, Sébastien Rongier y Santi Vancells, que beben de la misteriosa relación trabada entre Benjamin y Portbou; en el trabajo de Enric Milà i Caixàs sobre la comarca de Portbou y la guerra civil española, o en la publicación en España de los comentarios radiofónicos de Benjamin”.
De todos estos materiales no inferimos el halcón del pensamiento y mártir que era habitual antes de que asomara el Benjamin real, aquel hombre totalmente faltado de sentido práctico, extremadamente cortés, puntualmente irascible, increíblemente triste y solitario, aprendiz de maldito que ni siquiera supo serlo, que tenía muy mala suerte pero que también tomaba decisiones pésimas; un as de la metafísica y del análisis cultural que no sabía vivir, y amaba mal, sintiendo tan intensa como inoportunamente, y que era una mente prodigiosa encerrada en un cerebro inmaduro de niño, un niño necesitado de una protección y una estabilidad que no llegaron jamás.
'Walter Benjamin La vida que se cierra'
Solo Scholem pareció darse cuenta de lo emocional que era, en realidad, Walter Benjamin. Los demás amigos, Adorno y Brecht, sintieron el deber de ayudarlo, pero no lo comprendían. Algo parecido a lo que nos sucede a nosotros: qué no hubiéramos dado por salvar a un escritor tan fascinante, pero es preciso confesar que nos obsesiona porque nunca entenderemos íntegramente qué demonios quiso decirnos, si es que pretendió otra cosa que sembrar duda y niebla. Llama la atención lo desgraciado que pudo llegar a ser ese hombre tan dotado para el conjuro historiográfico y la profecía críptica, a medio camino entre la poesía, la metafísica y la filosofía periodística. Como en los casos de Andreu Nin, Manuel Azaña o Lluís Companys, la vida de Walter Benjamin parece que se acelere y concentre hechos memorables hacia el final.
Lo mejor del libro es el tono ensayístico, zweigiano o planiano que elige el autor (¿alguien se ha dado cuenta de que Taibo escribió, en realidad, un homenot?), quien llega a escribir que “no quiero ocultar al lector mi nula capacidad para analizar y difundir el pensamiento de Benjamin. Me sucede lo mismo, por cierto, con la obra entera de Pessoa. Confesaré humildemente que en buena medida he sucumbido a un hecho preciso: la fascinación que la vida y los escritos de Benjamin siguen provocando algo le debe a la trágica muerte en Portbou”. En realidad sabemos sin saber exactamente quién era y, sobre todo, qué era Walter Benjamin. Diría que seguramente no lo supo ni él mismo, cosa que debió de perjudicarle bastante. Quizás viajaba constantemente para intentar dilucidar esta cuestión más o menos fundamental.
'Dora y Walter Benjamin'
Nos interesan los escritores misteriosos y desorientados; los acomodados, no tanto. De él mismo decía Benjamin que su alemán era el mejor de su generación porque nunca utilizaba la palabra yo; convendría anotarlo. Scholem afirmaba que nunca hacía afirmaciones solemnes, que dudaba siempre, y que la locución de alguna manera era frecuente en su discurso; en cualquier caso Taibo aporta muchas claves de la cocina literaria benjaminiana, mientras su relato se va volviendo más factual y exhaustivo a medida que nos acercamos al trágico suicidio del 26 de septiembre de 1940: “Apenas sabemos nada, a ciencia cierta, de lo que ocurrió en los últimos días de la vida de Walter Benjamin.
Lo único que podemos dar por seguro es que, bien entrado el mes de septiembre de 1940, y deseoso de alcanzar el puerto de Lisboa para trasladarse a Estados Unidos, salió de Banyuls, un pueblo de la costa del Rosellón, cruzó clandestinamente la frontera francoespañola por el monte, a escasos kilómetros del mar, llegó a Portbou, del lado español de esa frontera, y falleció al cabo de unas horas en ese pequeño pueblo costero, para ser enterrado en la parte católica del cementerio municipal”. Antes de descender hasta la comisaría de Portbou, Benjamin había dormido en el monte para ahorrarse unos kilómetros de caminata. Su cartera, con un manuscrito que apreciaba más que a sí mismo, no ha aparecido nunca.
'Walter & Asja'.
Resulta difícil alcanzar a Benjamin, saber qué ocurrió y por qué escribió textos oraculares. Hannah Arendt fue una de las personas que lo intentó con más esfuerzo. Abundan las hipótesis contrafactuales. Otro problema inquietante lo plantea Taibo en su nuevo prólogo; no sabemos adónde vamos, o lo que es peor, sí lo sabemos pero preferimos no mirar: “A buen seguro que por detrás de mis intenciones a la hora de redactar este trabajo estaba, rara vez confesada, la intuición de que hay muchos elementos en común entre la época que al Benjamin postrero le tocó vivir y lo que tenemos delante de los ojos o, en su caso, lo que nos espera”.
En su última carta a Adorno, Benjamin escribió que “El tiempo de que disponemos podría ser mucho más limitado de lo que suponemos” (2 de agosto de 1940). ¿Acaso no es esta la sensación angustiosa que nos asalta con demasiada frecuencia? Nuestro futuro también se está cerrando. A Benjamin se le fue cerrando el futuro a una velocidad de vértigo entre 1939 y septiembre de 1940; hace tiempo que muchos filósofos nos advierten de la posibilidad de que la falta de imaginación política nos arroje a una vieja amenaza de esclavitud nacida hace unos doscientos años, la obediencia total y absoluta a la razón tecnificada al servicio del poder, presentada como un hecho natural inevitable. Esa violencia burocratizada atrapó al escritor alemán y lo terminó de triturar en la pequeña localidad de Portbou, hace ahora ochenta y cinco años. Para intentar comprender quién era ese hombre avejentado, que sufría de miocarditis y ya no podía ni andar, una buena puerta de ingreso es este libro de Carlos Taibo que se acaba de reeditar casi por sorpresa.