Artes

Barcelona a vista de pájaro

10 octubre, 2016 00:00

La Barcelona mestiza, cosmopolita, obrera y burguesa a la vez, vuelve a estar amenazada. Esta vez el peligro viene del interior del país, de los territorios a los que la ex Honorable Ferrusola llamaba la "Cataluña catalana". Carlistones transmutados en indepes amenazan cercenar tanto los libertarios valores de la hedonista y anárquica "Rosa de Fuego", como los de su potente burguesía "emprendedora".

Tuve el honor de ser en la Barcelona democrática el primer y creo que hasta ahora único melillense regidor de la ciudad. Estimo lo suficiente a la Barcelona capital del Mediterráneo como para permitirme hacer unos comentarios a vista de pájaro sobre nuestra querida ciudad.

Barcelona presenta graves problemas de movilidad que se acentúan día a día. Más de un 1,2 millones vehículos invaden nuestra ciudad diariamente y se suman a los 900.000 que circulan por nuestras arterias, lo que provoca sin duda graves problemas de congestión y contaminación con la consiguiente repercusión sobre la salud de los barceloneses. Se necesita pues un plan de movilidad que suponga un cambio modal, que reduzca el tráfico motorizado privado e incremente la movilidad dependiente de la red del transporte público de superficie, que atraviesa una difícil situación. Aparece pues la necesidad de plantearnos el desarrollo de nuestra red tranviaria y la conexión en el tramo central de la Diagonal. La viabilidad de ese proyecto depende de que nuestra alcaldesa sea capaz de liderar el consenso, deje de actuar como activista y la oposición piense en Barcelona y no busque solo la erosión del equipo de gobierno.

Al escenario del Celtiberia show de la movilidad hispana Cataluña habrá aportado su faraónica e inconclusa L9 del metro de Barcelona, una obra inicialmente presupuestada en unos 2.500 millones de euros y que terminará costando más de 16.000

Me permito añadir una maldad. Al escenario del Celtiberia show de la movilidad hispana, con potentes imágenes de algunas estaciones del AVE y aeropuertos sin pasajeros, Cataluña habrá aportado su faraónica e inconclusa L9 del metro de Barcelona, una obra inicialmente presupuestada en unos 2.500 millones de euros y que terminará costando más de 16.000 millones.

Una segunda reflexión nos llevaría a la necesidad de potenciar Barcelona como activo agente emprendedor. En alguna ocasión he sugerido la necesidad de aprovechar la experiencia de la época maragalliana de apostar por un proyecto empresarial con participación público-privada que permitiera transferir al exterior la experiencia de gestión de servicios y del desarrollo de las tecnologías urbanas. La Barcelona del Mobile World Capital y del Supercomputing Center debe seguir adelante.

Barcelona deberá superar proyectos empresariales basados en hermosas metáforas, como aquella maravillosa nota emitida por el Ayuntamiento de Barcelona el pasado julio, en donde proponía un proyecto empresarial basado en "la presentación de una hoja de ruta para liderar la transición hacia la soberanía energética de la ciudad". Una palpable demostración de la desbordante imaginación y de la creatividad literaria de nuestro ayuntamiento, lo que no debe confundirse con la capacidad de gestión empresarial seria y rigurosa.

Barcelona debería ejercer su capitalidad mediterránea, sede de la UPM, desarrollando su liderazgo para la construcción de un espacio tecnológico basado en el binomio agua-energía, factor integrador del espacio mediterráneo, lo que fue en su día el carbón y el acero para la construcción europea.

Para finalizar, permitidme una digresión sobre las ocurrencias historicistas de nuestro ínclito primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello. La retirada del salón de plenos del ayuntamiento del cuadro de nuestra austracista Reina Regente Cristina de Habsburgo --amiga de Barcelona-- es sin duda una clara demostración del permanente ejercicio de pirotecnia que nos ofrece nuestro consistorio. Sugiero al regidor que dedique menos tiempo a estas ocurrencias y más a preocuparse por mejorar las condiciones de vida de todos los barceloneses.

No dudo que Pisarello en sus años en Barcelona ha leído mucho sobre la historia de nuestra ciudad, sin embargo me atrevo a comentarle que deje de estar instalado en la metáfora y acepte la sugerencia de este ex regidor, llegado de las costas norteafricanas...