Escena de la serie 'Young Sherlock' (El joven Sherlock).
‘Young Sherlock’: La venganza de Guy Ritchie
Han pasado los años y el señor Ritchie ha querido insistir en las aventuras de Holmes. Para ello ha ideado, a medias con Matthew Parkhill, una serie de ocho episodios que se centra en la primera juventud del detective, a su paso por la universidad de Oxford
Hasta ahora, la mayor ofensa a la obra de sir Arthur Conan Doyle y su personaje principal, Sherlock Holmes, había sido la serie Elementary, ambientada en época actual y con el papel del doctor Watson interpretado por una actriz china, Lucy Liu. Claro ejemplo de cómo tomar el nombre de Holmes en vano, Elementary desfiguraba al detective hasta extremos intolerables y convertía a su eterno ayudante en una señora inexpresiva que, encima, tenía que vigilarle porque no acababa de estar del todo en sus cabales. Afortunadamente, la serie Sherlock, con Benedict Cumberbatch y Martin Freeman en los papeles principales, devolvió a nuestros héroes a su lugar, aunque fuese el Londres actual y no el de Jack el Destripador.
Hace años, cuando me enteré de que el bombástico Guy Ritchie pensaba llevar a la gran pantalla las aventuras de los dos inquilinos del 221 B de Baker Street, me llevé las manos a la cabeza, temiendo que las convirtiera en una sucesión de tiros y guantazos (cuando Sherlock se limitaba a coger un bastón cuando se olía que iban a pintar bastos).
La primera juventud
Algo de eso hubo (además de todas las cámaras lentas y demás triquiñuelas posibles del ex marido de Madonna), pero se salvaron los muebles: pese a los sopapos y los disparos, las dos aproximaciones del señor Ritchie al universo de Conan Doyle resultaron ser, además de muy entretenidas, mínimamente respetuosas con el original (a lo que también contribuyeron sus dos protagonistas, Robert Downey Jr. y Jude Law).
Imagen de la serie sobre el joven Sherlock
Han pasado los años y el señor Ritchie ha querido insistir en las aventuras de Holmes. Para ello ha ideado, a medias con Matthew Parkhill, una serie para Amazon Prime (ocho episodios) que se centra en la primera juventud del detective, a su paso por la universidad de Oxford, y que lleva por título, lógicamente, Young Sherlock (El joven Sherlock). El resultado es entretenido, pero la fidelidad al espíritu de su creador brilla por su ausencia.
Tirando a tontorrón
Aquí, Ritchie y Parkhill se han sacado de la manga unos personajes que son Holmes y el profesor Moriarty porque así se nos indica, pero podría haberse tratado de caracteres de nuevo cuño y habría dado exactamente lo mismo.
Para empezar, el doctor Watson ni aparece (normal, si tenemos en cuenta que se conocieron años después, cuando Watson, recién llegado de una guerra colonial, buscara aposentos en Londres y acabara compartiendo los de Holmes y su fiel ama de llaves, la señora Hudson), pero es sustituido como compañero de aventuras del futuro detective por su némesis de los relatos y las novelas, el siniestro profesor Moriarty (que también estudia en Oxford, pero con beca, dado sus orígenes pobretones).
El inefable inspector Lestrade solo es un bobby un tanto simple y tirando a tontorrón. Y el hermano mayor de Sherlock, Mycroft, lince del Foreign Office, solo está para sacarlo de su vida disipada, que ya le ha llevado algunas veces al calabozo.
Una jaimitada
Aunque, como ya he dicho, la serie es divertida (a ratos) y, como es habitual en las producciones británicas, la ambientación y el vestuario son espléndidos, desde el principio, los fans de Holmes y Watson detectamos que, como diría el comisario Maigret, ahí hay algo que chirría. Y me temo que se trata del carácter irreverente, juvenil, desprejuiciado y minifaldero (a su edad) del señor Ritchie y su socio, que se toman con nuestros héroes unas confianzas que se nos antojan excesivas.
En las adaptaciones audiovisuales de las aventuras de Holmes y Watson se agradece un respeto al espíritu original de sir Arthur, que aquí no se detecta por ninguna parte. Ritchie se ha servido de nuestros héroes (no sé si aparecerá Watson porque me di de baja tras tres episodios) para fabricar otra de sus alegres gansadas en la que no es que Holmes pegue tiros y reparta leñazos (algo que no hizo jamás), sino que se comporta como un majadero de escasas luces y un saltimbanqui a la manera de los Beatles en las películas de Richard Lester.
La intriga gira en torno a una presunta princesa china que ha venido a estudiar a Oxford y que parece ocupar el centro de todas las conspiraciones, pese a su escasa relevancia como Gran Malvada. El principal escollo en el camino de Holmes (Hero Fiennes Tiffin) y su amigo el joven Moriarty (Dónal Finn) es, de hecho, el rector de la universidad, Sir Bucephalus Hodge (Colin Firth), un energúmeno que lleva muy mal la permanente insubordinación de los dos amigotes y que estaría más a gusto en la academia de Harry Potter.
Puede que para un público juvenil que nunca haya oído hablar de Sherlock Holmes la serie funcione, pero para el espectador curtido en la obra de sir Arthur Conan Doyle, la cosa no pasa de ser una jaimitada concebida por dos adultos de los que cabría esperar algo más acertado. Y respetuoso.