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Pere Aragonès (en primer término), junto a Javier Godó, Pedro Sánchez y Josep Sànchez Llibre (de derecha a izquierda), en un acto empresarial / FOMENT

Los poderes económicos fracasan al intentar centrar el debate político catalán en la gestión

Foment, Pimec y el Círculo de Economía reclaman la ampliación del aeropuerto y superar ya el 'procés', con el independentismo agarrado a la negociación con el Gobierno

8 min

La ansiedad deriva ahora en frustración y en casi depresión. Los poderes económicos catalanes han empujado en los últimos meses en una sola dirección: señalar las cosas de comer, ir a lo concreto, y superar, a través de una agenda centrada en la gestión y en las inversiones, el procés y los planes de los partidos independentistas. Pero, aunque a medio plazo esa estrategia pueda tener éxito, por ahora no da resultados tangibles, con la suspensión de la inversión de 1.700 millones de euros para ampliar el aeropuerto de El Prat. “Lo económico ha quedado supeditado a lo político, aunque sea nefasto para los intereses de Cataluña, la racionalidad ha sido devorada por las emociones”, señala el historiador y buen conocedor de la burguesía catalana, Jordi Canal.

La voluntad de ir a por todas, de cambiar el paradigma, la ha representado con contundencia el presidente de Foment, Josep Sánchez Llibre, que, con una actividad frenética, lleva meses buscando todos los apoyos posibles en el mundo económico. El Círculo de Economía, que preside Javier Faus, y la patronal Pimec, con Antoni Cañete a la cabeza, han mantenido esa línea, que se expresó con claridad el pasado 2 de junio en un acto multitudinario en Esade para pedir la ampliación de El Prat. Pero las conversaciones, los actos y los pronunciamientos se habían producido desde meses atrás. La idea era que, con el nuevo Govern de Pere Aragonès, se quemaran etapas con celeridad.

Solo una voz más entre muchas

“No puede haber otro camino, pero es cierto que exigirá más tiempo del que pudiéramos pensar”, señalan fuentes del mundo empresarial. Sánchez Llibre, por su parte, reclama ahora la ayuda de los sindicatos para que la ampliación del aeropuerto pueda ser una realidad, y el Gobierno de Pedro Sánchez y la Generalitat acerquen posiciones.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al de Foment, Josep Sánchez Llibre / EFE
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al de Foment, Josep Sánchez Llibre / EFE

El hecho es que el poder económico ya no mantiene la misma influencia que años atrás. Los pronunciamientos de las patronales y del lobi empresarial que preside Faus, o de otros grupos de presión forman parte del paisaje, son “una voz más”, pero no son la “voz”, ni la posición de referencia. No la son, incluso, ni en cuestiones como el aeropuerto. Tampoco lo han sido respecto al final de los peajes de las vías rápidas, con documentos extensos, como los que había elaborado Foment, que han sido ignorados y que apuntaban a una posible solución anticipándose al final de las concesiones de las vías rápidas.

Ni pronunciamientos moderados ni exaltados

Y no han servido ni las actitudes moderadas ni los pronunciamientos claros y contundentes. Sánchez Llibre aseguró el pasado viernes que el Govern de Pere Aragonès podía llevar a la “ruina económica” a Cataluña, con su oposición a la ampliación de El Prat. ¿Una exageración contraproducente para los intereses de Foment?

“Resulta increíble cómo el Gobierno independentista deja escapar y renuncia a las inversiones en Cataluña, y eso a pesar de las demandas del empresariado”, señala Jordi Canal. Pero para el empresario Jordi Alberich, que conoce a la perfección el mundo empresarial, que dirige el Instituto de Estudios Estratégicos de Foment y que fue ex director general del Círculo de Economía, el problema deriva de la actitud poco combativa de ese mismo empresariado en el inicio y en el transcurso del proceso independentista. “Ahora puede parecer que se reclama con contundencia un cambio, y no tiene consecuencias, pero es que tampoco se pudo influir cuando esas peticiones se formulaban con una mayor moderación”, señala.

Advertencia directa a Aragonès

La cuestión es que el poder económico no encuentra su sitio. Clama, influye, y orienta, y una parte del poder político sigue esa estrategia. Lo hace el PSC y el Gobierno de Pedro Sánchez, que considera que todo se puede reorientar con inversiones, con diálogo y con proyectos comunes. Y lo hace una parte de Esquerra Republicana, que, sin renunciar al ideario independentista, está convencida de que necesita tiempo para reorganizar la sociedad catalana, y demostrar, además, que sabe gobernar. Pero el propio Pere Aragonès, partidario de esa estrategia, acaba tomando decisiones muy condicionado por la estructura de su partido, por la batalla interna con Junts per Catalunya, por intereses electorales --los republicanos luchan contra los socialistas y los Comuns en el Baix Llobregat para llegar a ser, a medio plazo, hegemónicos-- y por sus propias dudas sobre qué hacer en Cataluña.

Pere Aragonès, en su mensaje institucional con motivo de la Diada / GENCAT
Pere Aragonès, en su mensaje institucional con motivo de la Diada / GENCAT

Ante eso, fue Aragonès el que señaló que no podía aceptar los planes de Aena, porque afectaban a la zona protegida de La Ricarda en El Prat. Una cuestión que ya conocía desde hace meses. El presidente catalán se agarra ahora a la mesa de diálogo con Pedro Sánchez, que se celebrará esta semana, con la idea de que se pueda hablar, por lo menos, del referéndum de autodeterninación

Un problema interno entre catalanes

Por eso, Foment atacó directamente a Aragonès, al entender que el Govern de la Generalitat no sigue el propio camino que ha comunicado que seguiría al mundo empresarial. Y es que el independentismo, dividido y desorientado como se vivió en la Diada de este sábado, ha dejado a todo ese tejido económico en un segundo plano.

El empresariado comienza a admitir que deberá transcurrir más tiempo del que inicialmente pensaba para superar todos los efectos negativos del procés. Jordi Alberich precisa que “el problema es interno, entre todos los catalanes, y no habrá nada que hacer hasta que ese camino se despeje, y no parece que pueda ser de forma rápida”.