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La economía colaborativa, el nuevo gran aliado del medio ambiente

La economía colaborativa, el nuevo gran aliado del medio ambiente

Los servicios de 'car sharing' o los carriles BUS-VAO-ECO ayudan a reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y minimizar el efecto invernadero

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La economía colaborativa satisface necesidades optimizando recursos existentes y poniendo en contacto a unas personas con otras. El input estrictamente monetario ha cobrado especial protagonismo durante la crisis y postcrisis económica, por lo que la tendencia al alza de esa economía colaborativa desde su nacimiento se está consolidando ya en la medida en que realiza su despegue definitivo en diferentes sectores. La economía colaborativa es hoy una realidad que ha llegado para quedarse y que modifica los patrones de comportamiento social, económico e individual. Condiciona muchos ámbitos, desde la manera de desplazarnos hasta la manera de alojarnos. También la forma de adquirir o vender objetos. Los casos de éxito son ya parte del entorno económico habitual, y los sectores que aún no se han sumado se integran poco a poco con apuestas innovadoras y basadas en la colaboración mutua beneficiosa.

Empresas como BlaBlaCar han hecho de la disrupción una manera de viajar. Otras, como Cabify, han puesto en jaque a sectores tradicionales de transporte obligando a las autoridades públicas a adaptar de urgencia la legislación. Varias personas que viajan juntas por carretera, compartiendo vehículo, gastan menos gasolina, ocupan menos espacio y quizá mantengan una conversación agradable.

Menos contaminación

La economía colaborativa emerge también como tendencia ventajosa para la conservación del medio ambiente, reduciendo por ejemplo las emisiones de C02. El ejemplo de BlaBlaCar es claro: cinco personas en un coche es necesariamente menos contaminante que cinco coches con una persona.

Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), por cada litro de gasolina consumido, un coche emite un promedio de 2,3 kg de CO2, y en el caso de los diésel la cantidad asciende a unos 2,6 kg de CO2 por litro de combustible. Esto se traduce en que al hacer un trayecto Madrid-Valencia con un coche que consuma una media de 7 litros/100 km arrojaremos a la atmósfera en torno a unos 60 kg de CO2. Si los cuatro o cinco individuos  viajaran por separado, la cifra de emisiones se multiplicaría.

Pero este tipo de formas de economía colaborativa en el transporte no es tan reciente. Los llamados carriles BUS-VAO --ahora, con el añadido "ECO"-- son un buen ejemplo. Tradicionalmente se instalaban estas calzadas alternativas en las grandes autopistas para facilitar un tráfico más fluido, permitiendo su utilización, con ciertas excepciones, a vehículos ocupados por dos o más personas. A esta ya clásica medida ecológica, este año se ha incorporado la denominación ECO, permitiendo así que también puedan circular por este tipo de vías los vehículos catalogados en el registro de la Dirección General de Tráfico como "cero emisiones".

Transporte de mercancías por carretera

El sector del transporte en carretera, uno de los últimos ejemplos de innovación aplicada para beneficio de todos, de transportistas a pequeñas y medianas empresas, es otro ejemplo de sector adaptado gracias a algunas nuevas iniciativas como OnTruck. La compañía, fundada por Íñigo Juantegui, pone en contacto a transportistas con pequeñas y medianas empresas para realizar transportes bajo demanda, en tiempo real y a un precio mucho más reducido. La optimización de los transportes, las rutas y las cargas, facilitando que los camiones siempre vayan llenos y se aprovechen las rutas para transportar mercancías, provoca una significativa reducción de emisiones. El impacto de la economía colaborativa supone que los trayectos son más eficientes, los precios mejoran para las empresas y los transportistas no tienen que moverse sin cargas. El componente económico se complementa en este caso con otro componente de sostenibilidad que, en último término, beneficia a la sociedad en su conjunto.

La lucha contra la contaminación y a favor de la preservación del entorno natural se presenta como una de las claves para las próximas décadas. Las innovaciones económicas, pensadas para el ahorro, pueden tener consecuencias netamente positivas. Cuando el ahorro sirve, además, para preservar el medio ambiente y contribuir a reducir las emisiones contaminantes el beneficio es doble: propio y colectivo.