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Karl Lagerfeld, el creativo y mascarón de proa de Chanel, junto a la alcaldesa de París Anne Hidalgo en el homenaje que le brindó la ciudad / EFE

Esta es la peletería catalana que se acaba de comprar Chanel

Colomer Leather Group es una empresa bicentenaria de Vic que estaba controlada por las familias Olabarría y Sumarroca

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Chanel ha comprado este verano una peletería bicentenaria catalana. El gigante de la moda en el que centra su trabajo Karl Lagerfeld ha pagado una cifra que no ha transcendido al mercado por el 100% de la propiedad de Colomer Leather Grup, una empresa con sede en Vic (Barcelona) que estaba controlada por dos firmas familiares desde 1993.

Casi el 65% de los títulos estaban en manos de la familia Olabarría, que vehiculaba esta participación a través de Pmerschdra. Esta sociedad de inversión de nombre impronunciable es un título social que ostenta desde finales de 2017. Tal y como avanzó Crónica Global, nació a raíz de una repatriación desde Países Bajos de la mercantil Ducanson. Su capital social alcanza los 52,3 millones de euros y el socio único es la compañía suiza Satlen, otra de las compañías del entramado controlado por Pedro Olabarría. Este empresario también es conocido por haber sido socio de la firma de inspecciones de ITV Certio, implicada en el caso de las ITV que ha acabado con la petición de cárcel a Oriol Pujol.  

Sumarroca

Otro 20% que ha adquirido Chanel estaba en manos de otra familia de inversores catalanes más conocida, los Sumarroca. Tal y como indica Expansión, estaban presentes en el capital de la peletera a través de Bardesa Inversiones. Muy próximos a los Pujol, los negocios que habían erigido al calor del expresidente de la Generalitat les ha llevado ante los tribunales en causas que aún siguen abiertas.

¿Qué tiene de especial Colomer Leather Group? Los expertos de lo textil consultados destacan la alta calidad de sus acabados. De hecho, durante muchos años ha ejercido de líder del segmento del curtido en el país aunque en los últimos años su negocio estaba en retroceso por la competencia de los mercados con producciones más económicas. Cerró 2017 con una facturación de 38,5 millones, lejos de los 113 millones que ingresó en 1997 y el 5% menos que el ejercicio anterior.

Entramado societario

Desde la propia firma destacan la experiencia adquirida a lo largo de los años y la adaptación a las innovaciones tecnológicas y las nuevas demandas del mercado. Actualmente cuentan con participadas dedicadas al producto acabado y otras que se centran únicamente a la compra y comercialización de materias primeras y a la transformación de la piel semiacabada. Este perfil les ayuda a mantenerse en el segmento más premium que ha despertado el interés de una de las principales marcas de moda del mundo.

Cuenta con una planta curtidora en Mora d’Ebre (Tarragona), Adobinve. Sus filiales son Ledexport Group, con sede en Vic; Pieles Quintana de Celrà (Girona); Pells del Llobregat, ubicada en Cercs (Barcelona); y Pieles del Segura, en Molina del Segura (Murcia). También opera en Japón.

Chanel quiere controlar sus pieles

El modelo empresarial encaja con las pretensiones de Chanel. El grupo ha iniciado una operación con el objetivo de asegurarse que siempre tendrá a su disposición productos y acabados de piel de alta calidad y a unos costes que pueda controlar. Lo mismo que ocurre en otras grandes firmas de moda.

La transacción ya ha implicado un cambio en el consejo de administración de la empresa catalana. Bruno Pavlosky, presidente del negocio de moda de Chanel, ha desembarcado como el máximo responsable del órgano de gobierno.

Otra firma familiar

La nueva Colomer también será una empresa familiar. Su nuevo propietario es un rara avis en el segmento de de alta costura al no estar controlado por ningún gran conglomerado de moda. Detrás de Chanel están dos hermanos, Gerard y Alain Wertheimer. Dirigen un negocio que pertenece a su clan desde 1024 y que les ha ayudado a amasar la importante fortuna que disponen, aunque lo más normal para el gran público es desconocer del todo sus caras. Estos ricos gestores intentan mantener un perfil bajo lo máximo posible.