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Imagen de uno de los salones del restaurante Via Veneto de Barcelona, uno de los que notan un descenso de clientes por el 1-O / CG

Las reservas en los restaurantes de Cataluña caen tras el 1-O

Los establecimientos sufren cancelaciones de eventos de varios miles de euros por el clima político actual

6 min

Preocupación entre los restauradores catalanes. La celebración del referéndum en Cataluña el pasado domingo 1 de octubre ha puesto en jaque a la economía del sector, que empieza a verse afectado por el clima de tensión e incertidumbre que se respira en el territorio.

Son varios los propietarios de bares y restaurantes, sobre todo de la capital catalana, que han notado un descenso en sus reservas y, en consecuencia, de sus ingresos, llegando a perder varios miles de euros por la cancelación de eventos importantes.

‘Turismofobia’ y atentado

Según explica a este medio el Gremi de Restauradors de Barcelona, se están empezando a recibir llamadas de restauradores preocupados por la situación. “No olvidemos de dónde venimos”, dice el director general, Roger Pallarols. Se refiere al brote de turismofobia que se ha vivido este verano en la capital catalana y al atentado terrorista en Las Ramblas en agosto.

Dos escenarios ante los que la mayoría de bares y restaurantes del centro barcelonés todavía no se ha recuperado. “Y ahora, esto: un choque de trenes que da paso a la inestabilidad política”, sostiene. Además, este clima de incertidumbre no prevé que vaya a calmarse en un corto periodo de tiempo, sino todo lo contrario.

Calma y diálogo

Las últimas noticias de la marcha de varios bancos a otros puntos de España han suscitado más intranquilidad todavía y se suma, además, la llegada del invierno, temporada baja que ya es floja de por sí. “Pedimos calma, que se frenen las decisiones unilaterales, que haya diálogo y no se juegue con la estabilidad económica”, argumenta Pallarols. Un mensaje dirigido tanto al gobierno de Mariano Rajoy como de Carles Puigdemont, a quienes ha pedido responsabilidad en sus decisiones.

El fenómeno no solo se da porque los turistas empiezan a elegir otros destinos, evitando viajar a Cataluña, sino también porque los ciudadanos catalanes dejan de consumir. “Hay mucha gente en la calle, pero el consumo local no es el normal. Desde el atentado, ha habido un cambio”.

Contra la libertad

Por eso quiere lanzar un mensaje de alerta en el que subraya que en la pasada huelga del 3 de octubre hubo locales que cerraron porque estaban a favor de la protesta, pero también hubo otros que se vieron obligados a hacerlo para no tener represalias, algo que considera inaceptable. “Nuestro papel es hacer un llamamiento para que no se permitan estas situaciones contra la libertad”, afirma.

El Gremi de Restauradors de Barcelona todavía no tiene datos concretos del impacto de la supuesta independencia de Cataluña inminente, pero el director general desvela que el volumen de cancelaciones de las dos semanas próximas es inquietante, hasta el punto que “la línea de flotabilidad del sector se está viendo afectada y es un sector con poco margen de beneficio”.

Tensión

Se cancelan eventos porque, en el clima de tensión actual que se percibe en la ciudad, los barceloneses prefieren suspenderlos hasta que vengan tiempos mejores. A modo de ejemplo, uno de los trabajadores del restaurante Bobo Pulpín, en el distrito de Ciutat Vella, explica que el local ha sido escenario de varios encontronazos entre clientes.

“Había un grupo en esta sala cantando Els Segadors y, en la de al lado, otro que se puso a cantar el Cara al Sol. Se enfrentaron y tuve que separarlos”, cuenta. Fue uno de los restaurantes que cerró en la huelga de la semana pasada: “Si cierras, parece que seas de un bando. Si no lo haces, que estés a favor del otro. A mí me da igual, solo quiero que pase todo esto y el negocio vuelva a funcionar”.

Presencia de policías

El propietario de otro restaurante situado en el barrio del Raval, que prefiere mantener su anonimato, explica que ha notado un descenso brusco de clientes e imagina el motivo: “Aquí vienen muchos policías de toda la vida, la gente lo sabe y me ve saludarlos por la calle”. Ahora ni siquiera los agentes comen en su local, ya que lo que les pagan para sus dietas es menos del precio del menú diario allí.

También los propietarios de otros negocios como Via Veneto, situado en la zona alta de Barcelona, ha notado un descenso de clientes. Confiesan estar asustados porque hace unos diez días que tienen el local vacío a mediodía, cuando anteriormente colgaban el cartel de completo. Lo mismo ocurre en Ca l’Isidre, en el Paral·lel: no están acostumbrados a semejante panorama y temen que la situación política actual condene sus negocios.