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José Luis Morlanes, CEO de IQOXE / CCMA

José Luis Morlanes, sentado sobre el polvorín petroquímico

El CEO de la empresa IQOXE está en la diana del sector de la industria química, con la sombra de la utilización de "material reciclado"

10 min

El accidente de la petroquímica de Tarragona era evitable. La Federación de Industrias Químicas (Fedequim) de la CEOE lo tiene claro: “Estos accidentes están descartados”. El sector lo ve así, especialmente en el caso del etileno, un material al que los especialistas y operarios conocen con el sobrenombre de mal bicho por su alta peligrosidad, como explosivo e inflamable. Las instalaciones de Industrias Químicas del Oxido de Etileno IQOXE podrían incluír algún tipo de “material reciclado, de otro modo no tiene explicación”, dice un técnico cualificado de la competencia, un extremo que desde el grupo niegan de frente y recuerdan que sería a todas luces ilegal. Esta explicación la usan para saltar a la yugular de José Luis Morlanes, consejero delgado de IQOXE, los representantes oficiales y oficiosos de sus vecinos en el polígono petroquímico, Bayer, BASFA Dow Chemical o CEPSA (propiedad de Mubadala Investment, de los Emiratos), entre otras.

La indignación en Fedequim parte del hecho de que, por culpa de empresas que no aplican bien los protocolos de seguridad, el sector sale perjudicado humanamente y en términos de opinión. Además, el mundo empresarial también dirige su interdicto de responsabilidad a la Generalitat, la autoridad responsable de los protocolos no aplicados. Pero el consejero del ramo,  Chakir el Homrani, reacciona a destiempo con esta justificación: el Departamento de Treball había sancionado cuatro veces a la misma empresa, IQOXE, por faltas de seguridad e higiene. Excusatio non petita....

Los trabajos no lo valen todo

Las sirenas sonaron con retraso; el plan de seguridad no funcionó, dicen los vecinos de La Canonja y Vila-seca, dos localidades pegadas al polígono. La norteamericana Daw Chemical, la empresa química que sufrió el mayor accidente medioambiental de la historia, con 25.000 muertes en la ciudad india de Bhopal por inhalación de gas tóxico, considera que el accidente de Tarragona se debe a un fallo inexplicable tratándose del etileno. Las cenizas de los accidentes evitables “nunca desaparecen del todo”, escribió Dominique Lapierre en su libro Medianoche en Bhopal. Bhopal y la Seda son dos hechos incomparables, pero el mensaje de fondo es demoledor: el tiempo no cura estas heridas.

Bomberos en las labores de extinción del incendio tras la explosión de Tarragona / BOMBERS
Bomberos en las labores de extinción del incendio tras la explosión de Tarragona / BOMBERS

Durante las noches siguientes al estallido, Tarragona viste enlutada y triste; “los puestos de trabajo de la Petroquímica no lo valen todo”, repiten una y otra vez los vecinos más afectados. La perla del sur está bendecida por el influjo solar que atraviesa el yodo para hacerse violeta. Desde la Cala Romana se ve un horizonte cenital y, al otro lado del balcón del Mediterráneo, las mil lucecitas de la Petroquímica son como luciérnagas de noches en calma. Pero una de ellas estalló el pasado martes. El etileno dijo basta en IQOXE, antigua HQ, filial de La Seda. La holding químico-textil fue el crisol de José Luis Morlanes, como directivo empresarial, primero CEO de la matriz y hoy CEO del que fuera uno de sus pilares, independizada por su accionista y presidente, Ricardo Leal, el extremeño de oro, que fundó la nueva IQOXE. Morlanes proviene de UGT, donde fue secretario de acción sindical y responsable del Baix Llobregat la cuenca metalúrgica más potente de España.

Con convergentes ilustres

Desde su despacho en el sindicato “mandó sobre el metal para alcanzar el mando de la confederal”, como dice un viejo adagio muy extendido en la central de clase. Pero interrumpió su ascenso para entrar a formar parte del staff directivo de La Seda, cuando Rafael Español presidía la compañía. Español asumió el mando de una gran reconversión en la que tomaron parte nacionalistas y socialistas. La Seda tuvo de consejeros a convergentes ilustres, como el ex president Artur Mas, Jordi Vilajuana, Carles Vilarrubí (ex Banca Rothschild) y Jordi Pujol Ferrusola, el escurridizo primogénito del entronque Pujol-Marta, en lo más alto del catalán power del pasado. Por su parte, la rama socialista de la compañía la encarnaron el ex ministro Joan Majó (ex vicepresidente) y José Luis Morlanes, el hombre más cercano entonces a José Montilla, líder del PSC y expresident de la Generalitat.

Morlanes y Montilla caminaron juntos en la etapa en la que el primero fue concejal de Urbanismo en Cornellà y el segundo alcalde de la misma ciudad. Corría el tiempo de los capitanes, cuando el PSC esparció su presencia en el cinturón industrial de Barcelona; un tiempo que feneció con el despotismo ilustrado de los Maragall, Narcis Serra, Toni Castells o Monserrat Tura sobre las bases trabajadoras de su partido; fue cuando Sarrià-Sant Gervasi quiso imponer sus criterios sobre el cinturón rojo de Celestino Corbacho y José Zaragoza, con la cuestión nacional catalana basculando sobre las sufridas espaldas de las fábricas.

Explosión e incendio en la petroquímica de Tarragona / TWITTER
Explosión e incendio en la petroquímica de Tarragona / TWITTER

Un crédito para refinanciar

La economía y el poder conjugaron siempre a orillas del Llobregat; desde la etapa de la Colonia Güell hasta las instalaciones de la Seda, cuando la holandesa Akzo era su máximo accionista. La política rescató a la compañía tras la salida de Akzo y durante un tiempo, impulsó un plan de reconversión portentoso diseñado por Rafael Español, con la vuelta de la empresa a la cotización y con ampliaciones de capital que contaron siempre con dealers reconocidos, como el Santander de Negocios. José Luis Morlanes abandonó el sindicalismo para subirse entonces en este tren en marcha. En el límite del tempo institucional y ante la inminente venta de la empresa a una multinacional del plástico, sus accionistas mayoritarios, los portugueses de BA Vidro y Caixa Geral decidieron dar un golpe sobre la mesa, y recuperar el control. Abortaron en el último minuto un pacto para refinanciar un crédito sindicado de 235 millones de euros que ahogaba a la compañía y que iba a suponer un vuelco en el accionariado, con el fondo buitre Anchorage convirtiéndose en el principal accionista. El resto de la batalla accionarial subsiguiente se ha vivido en los tribunales, donde Rafael Español ha sido condenado a dos años pero probablemente podrá eludir la prisión.

El estallido del pasado martes ha dejado un escenario de destrucción, ceniza y lodo; sus consecuencias solo empiezan a salir a la luz. Los dos primeras víctimas mortales son dos empleados de la empresa; uno murió bajo los escombros y el otro en el hospital. La tercera víctima era un vecino del barrio de Torreforta, a consecuencia de la tapa del reactor que salió despedida y voló hasta impactar en la fachada de su domicilio. Resulta muy contradictorio que un hombre como José Luis Morlanes, metido en el mundo de las energías renovables, se siente todavía sobre un polvorín de ácidos explosivos. El CEO de IQOXE lo es también de Energy Services (GES), una antigua filial de Gamesa, gestora de parques eólicos, que factura más de 100 millones de euros. Sus cifras de hoy han podido con el concurso de acreedores presentado en 2016.

La ciudad de Tarragona

Entre el norte turístico y el sur industrial, Tarragona esconde su entraña de ciudad imperial, rescatada por las excavaciones, hecha de anfiteatros, viaductos, acueductos, fuentes y termas. Las tropas de Escipión el Africano entraron a pie en la ciudad, después de atravesar el Arco de Barà levantado por sus zapadores. La explosión del pasado martes recordó el estallido de un volcán; al saltar por los aires un reactor de etileno, sus fragmentos se esparcieron en un radio de medio kilómetro. Eran pedazos más duros que el material piroclástico del Stromboli, en el archipiélago siciliano bañado por el Tirreno, el mar de Augusto.

Los poros de la vieja muralla de Tarraco se abrieron como flores al oír la explosión del complejo petroquímico. El síndrome del Vesubio que arrasó Pompeya permanece en la memoria de la piedra.

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