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Una mujer 'vapea' un cigarrillo electrónico con un 'fumador' pasivo a su lado / CG

El cigarrillo electrónico es casi inocuo para los ‘fumadores’ pasivos

Los médicos alertan de la toxicidad directa de los dispositivos en el consumidor y de la adicción a la nicotina que causa

5 min

No hay indicios de que exista el vapeador pasivo. Así de contundente se muestra Ángel González, doctor en Física y Química y director del departamento de Láseres y Haces Moleculares en la Universidad Complutense de Madrid, ante los daños que pueden provocar los cigarrillos electrónicos a personas que se encuentran cerca e inhalan el vapor. En este sentido, son casi inocuos. Y es que los estudios todavía son pocos sobre esta cuestión.

Pese a las diferencias en este ámbito con el tabaco, la comunidad médica alerta de los peligros que tienen los cigarrillos electrónicos, que en España tuvieron su gran boom en 2013, con 3.000 tiendas especializadas y 950.000 usuarios. La caída fue tan fuerte como el auge y las últimas cifras que baraja el sector –de la primera mitad de 2018– sitúan el número de tiendas en 420 y el de vapeadores en 472.500.

Humo vs vapor

Uno de las principales factores que cambia al hablar de cigarrillos convencionales o electrónicos (e-cig) es las sustancias que contienen unos y otros. El estudio realizado por González se centra en la nicotina, aunque esta no es la más perjudicial, sino la que provoca adicción. “Las cantidades que inhala el vapeador pasivo son muy insignificantes: nanogramos o menos que esto”, indica González.

Un solo fumador emite 100 veces más nicotina en el humo de su cigarrillo convencional que un usuario de e-cig con su vapor. Ahora, una vez descartada la exposición a la nicotina por parte de una persona situada a entre 30 centímetros y un metro del vapeador, quieren estudiar los demás componentes: alcoholes (propilenglicol y etanol) y glicerol (o glicerina vegetal).

Ángel González, director del departamento de Láseres y Haces Moleculares en la Universidad Complutense de Madrid / AITOR LAMADRID

Ángel González, director del departamento de Láseres y Haces Moleculares en la Universidad Complutense de Madrid / AITOR LAMADRID

Enfermedades respiratorias

El doctor Joaquim Gea, jefe del Servicio de Neumología del Hospital del Mar de Barcelona, coincide en que es posible que los cigarrillos electrónicos no tengan ningún efecto en terceros. Sin embargo, apunta que se ha investigado poco sobre el asunto y que faltan muchas evidencias para poder afirmarlo con total seguridad.

El facultativo indica dos principales problemas de los e-cig: la adicción que provoca en jóvenes que no fuman pero que empiezan a vapear y la toxicidad directa. Gea explica que el peligro está en las grasas que emiten y que entran directamente a los pulmones. Éstos pueden absorber una parte, las más acuosas, pero otra no. “Aunque no hay estudios específicos sobre el cigarrillo electrónico, hay evidencias que este tipo de grasas que se acumulan pueden provocar enfermedades respiratorias”, asegura.

A esto se añade la nicotina, que cada vapeador puede decidir si incluye en su dispositivo o no. “El problema es que los fármacos pasan muchos controles, pero los cigarrillos electrónicos son como los productos cosméticos, que esquivan las inspecciones y pueden publicitar lo que quieran”, afirma.   

El tabaco en el futuro

Actualmente, la ciencia y la tecnología ya no se centran en el tabaco. Incluso las industrias del sector apuestan por desarrollar alternativas a los cigarrillos convencionales –el tabaco calentado y los e-cig– que “reducen profundamente el daño”, indica el científico González. El doctor Gea incluye otro factor que hace que las tabacaleras se interesen por los nuevos dispositivos: “Las normativas siempre tardan en aparecer y esto les da margen de actuación”.

Así, González ve poco futuro al tabaco y augura que aparecerá un cigarrillo que “no produzca ningún daño, sino sol el placer que busca el consumidor”. El jefe de Neumología del Hospital del Mar afirma que otra de las estrategias de las empresas productoras de tabaco contra la caída de consumo es cambiar el público objetivo de su publicidad y dirigirla a los colectivos que más fuman: jóvenes y países en desarrollo.