Los ojos que observan desde el mástil: el enigma de la bandera de un pueblo de Cataluña con 310 habitantes

Los ojos que observan desde el mástil: el enigma de la bandera de un pueblo de Cataluña con 310 habitantes

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Los ojos que observan desde el mástil: el enigma de la bandera de un pueblo de Cataluña con 310 habitantes

La enseña oficial de esta localidad leridana se ha convertido en un fenómeno por su estética surrealista, aunque su origen responde a una vieja tradición medieval

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Cataluña es una región única. Sus tradiciones, gastronomía y geografía la hacen un territorio especial. Tiene un carácter propio y una identidad muy fuerte. Dentro de ella, se pueden encontrar parajes de todo tipo. Ciertos paisajes invitan a pensar que se trata de otro país, pero no, todo se encuentra dentro de las mismas fronteras. 

Dentro de la especialidad que distingue a Cataluña del resto de lugares, hay una curiosidad de lo más llamativa. Se trata de una bandera y un escudo. Ambos oficiales, pertenecientes a un pequeño pueblo de la provincia de Lleida. De hecho, se ha hecho viral recientemente en la red social X, antiguamente Twitter, por su particular diseño.

Ojos que vigilan

El municipio representado por estos símbolos es Sunyer. Se trata de un pueblo de poco más de 12,5 kilómetros cuadrados, situado en la comarca de Segrià. Se encuentra a poco menos de 20 minutos en coche de la frontera con Aragón. Los últimos datos del Idescat señalan que tiene un total de 310 habitantes y está a 210 metros de altura sobre el nivel del mar.

Los diseños, tanto de la bandera como del escudo, son muy simples. En caso de la primera, se trata de un fondo verde oscuro con unos ojos que imitan los de un humano. Por otra parte, el blasón es un rombo de un tono similar, con los mismos ojos y una corona dorada encima. Se han hecho virales en X gracias a un usuario que ha compartido dos imágenes.

Válido y oficial

Pese al revuelo generado en internet, estos símbolos no son una excentricidad moderna, sino que gozan de plena oficialidad y rigor histórico. La Generalitat de Cataluña dio luz verde al blasón el 14 de abril de 2005 y, cuatro años más tarde, validó definitivamente la bandera, consolidando una identidad visual que, aunque choca con los cánones estéticos actuales, cumple escrupulosamente con las normas de la vexilología institucional.

Escudo del Ayuntamiento de Sunyer

Escudo del Ayuntamiento de Sunyer Ayuntamiento de Sunyer

Desde un punto de vista técnico, la descripción de la bandera es tan precisa como inquietante. Se define heráldicamente como un paño de color verde oscuro —denominado sinople—, que representa el carácter agrícola del término, con un ojo blanco —plata— de iris verde y pupila negra situado en el centro, una composición gráfica que traslada al tejido la carga simbólica del escudo municipal sin perder ni un ápice de su fuerza visual.

Herencia sagrada

La razón de ser de estos órganos en el emblema no tiene nada que ver con teorías de conspiración ni vigilancia vecinal, sino con la devoción religiosa. Los ojos son el atributo iconográfico clásico de Santa Lucía, la patrona de la localidad, a quien la tradición cristiana invoca históricamente como protectora de la vista y cuyo martirio se representa mediante una bandeja con dos ojos.

Esta elección entronca directamente con la vieja tradición de las "armas parlantes", un recurso medieval muy frecuente en la heráldica europea. Ante la falta de alfabetización de la época, los municipios utilizaban símbolos que permitieran a la población identificar rápidamente al santo protector del territorio o al linaje gobernante, convirtiendo la imagen en un lenguaje universal que ha sobrevivido hasta hoy.

Rareza visual

El contraste con los municipios colindantes de la provincia es notable, pues la inmensa mayoría opta por elementos arquitectónicos como castillos, las clásicas barras catalanas o referencias geográficas. Sunyer, en cambio, ha logrado situarse en el mapa global gracias a una estética que roza el surrealismo artístico, pero que paradójicamente hunde sus raíces en la historia sacra más ortodoxa.

Así, los poco más de trescientos vecinos del pueblo conviven a diario con una de las banderas más singulares del planeta. Una enseña que, más allá de la viralidad efímera, los likes y los comentarios jocosos en redes sociales, mantiene viva la memoria de su patrona observando fijamente, y sin parpadear, el horizonte de la plana de Lleida.