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José Manuel García-Margallo, en la entrevista con 'Crónica Global' / LENA PRIETO

Margallo: "Zapatero hizo saltar por los aires el manual de instrucciones de la Transición"

El exministro con Rajoy justifica su labor en Exteriores: "¿Hay interés más supremo para España que mantener la unidad de la nación? Para mí, no"

16 min

José Manuel García-Margallo(Madrid, 1944)  se considera un “heterodoxo”. Fue ministro de Exteriores en el Gobierno de Mariano Rajoy, y proviene de la UCD, algo muy importante para un integrante del centroderecha español. Él mismo rechaza esa condición, y se define como de “extremo centro”. Acaba de publicar Memorias heterodoxas (Península), un libro en el que deja muy claras sus diferencias con Soraya Sáenz de Santamaría pero, principalmente, constata su voluntad de servir a España y de impulsar reformas, las que Rajoy no promovió para solucionar la cuestión catalana. En esta entrevista con Crónica Global señala que él sí tenía algunas fórmulas alternativas, desde la premisa de que la unidad de la “nación española” es lo más importante.

--Pregunta: ¿Qué falló en el Gobierno de Mariano Rajoy? ¿No tener buenas antenas en Cataluña o considerar que el problema no era tan importante, desde la Diada de 2012?

--Respuesta: Todos en el Gobierno éramos conscientes de que la situación se había enrarecido mucho desde la sentencia del Estatut, en 2010, con aquella manifestación en la que participó el presidente José Montilla, que tenía como lema Som una nació, nosaltres decidim, y que me parece que se va a replantear ahora en esas mesas de diálogo que ha impulsado el Gobierno de Pedro Sánchez. Como decía Cambó, Cataluña condiciona toda la política española. Pero la clave de todo fue en 2012, con la reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas. No era posible hablar del pacto fiscal, porque hubiera sido abrir un melón con el resto de autonomías.

--¿Entonces?

--Artur Mas inició la vía de la independencia porque, con la crisis económica, sabía que tenía un problema. Decide cambiar el juego. Yo digo que si había los indignados de la Puerta del Sol, en Cataluña había los indignados con barretina. Pero yo tuve un disgusto, porque dije que en 2012 se produjo un éxito de organización, que había que tomárselo en serio. Y algunos, en el Gobierno, no se dieron por enterados, pensando que el suflé bajaría. Yo no lo pensé, y reunía cada viernes a un grupo en Exteriores para analizar la situación. Y no me escondí para debatir con todos, con Junqueras, Tardà, Mas, Ortega y quien fuera. El proyecto de España es muy sugestivo, pero entiendo que haya gente que no lo vea así, que no vea que es un buen negocio pertenecer a la Unión Europa. Y quise defender mis posiciones.

José Manuel García Margallo escucha las preguntas de Manel Manchón / LENA PRIETO
José Manuel García-Margallo en la entrevista con 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿Estaba muy solo en ese Gobierno de Rajoy?

--Había otros ministros que estaban de acuerdo conmigo, pero por razón de sus competencias tampoco me parecían los más indicados. Como todo dependía del reconocimiento externo, cuando impulsas un proyecto de independencia, yo entendí que era el más indicado para ocuparme del asunto. E impulsé una resolución de Naciones Unidas para no ir en contra de las constituciones de los países miembros. Además, soy nieto de catalana, y siempre me ha preocupado mucho la cuestión del separatismo.

--¿Usted llevó al consejo de ministros una reforma constitucional?

--No, lo que hice fue plantear el problema a Rajoy, con la idea de que había tres pilares, una vez se impidiera la consulta del 9N de 2014. Se debían resolver tres cuestiones: infraestructuras; lengua, cultura y financiación; y reforma de las cuestiones que se habían quedado por actualizar, como la propia Constitución. Había un paralelismo con la situación de 1898 bastante clara. Lo señaló en aquel momento La veu de Catalunya, con la idea de que los diferentes pueblos de España debían romper las amarras con un país que iba a la deriva. Los regeneracionistas abogaban por Europa, y yo siempre me identifiqué con esa posición. Por eso propuse la aplicación del 155, durante 24 horas, para bloquear el 9N; resolver los temas específicamente catalanes y una puesta al día del Estado con cuatro premisas: soberanía, seguridad, igualdad y solidaridad.

--¿Y Rajoy?

--La respuesta de Rajoy fue que para qué se quería reformar la Constitución, y por mí no iba a ser, así que le presenté una reforma constitucional, a él, artículo por artículo, como punto de partida para la discusión: modificación del Senado, o limitación y clarificación de competencias, entre otras cuestiones.

José Manuel García Margallo comparte sus ideas para Crónica Global / LENA PRIETO
José Manuel García Margallo, compartiendo sus ideas para 'Crónica Global' / LENA PRIETO

--¿Pero el centroderecha no ha ido siempre a remolque en España para ese tipo de reformas?

--No comparto esa percepción. El centroderecha, el centro para mí, ha sido el protagonista indudable de la Transición, hasta 1982, con la recuperación de la Generalitat, con Adolfo Suárez y Josep Tarradellas. Hubo dos amnistías, y los pactos de la Moncloa. Se impulsó el proceso constitucional, pero no desde el Gobierno, no se quiso liderar, sino que se hizo a través de una comisión con todas las fuerzas políticas. Luego hubo otro cambio, una segunda Transición, con José María Aznar, con el objetivo de subirse al euro desde la estación de partida. Y la tercera, para mí la gran reforma, llega con la crisis económica y con Mariano Rajoy, cuando se implementan distintas reformas, en un momento muy complicado.

--Pero esa derecha se acoge al poder judicial para parar la legislación o el Estatut de 2006...

--Fueron un error los recursos sobre artículos que los mismos populares en Andalucía o en Valencia habían aprobado, con reformas de sus Estatutos. Sí, pero el recurso se debía presentar, porque el Estatut chocaba con la Constitución. Cataluña se definía como nación, y si se hizo era para consagrar el derecho de autodeterminación, que es lo que me preocupa que pase ahora con los proyectos del Gobierno. Si se dice que es casi lo mismo, nacionalidades y nación, ¿por qué se quiere cambiar? O si se dice que es lo mismo el Estado autonómico que el federal, entonces, ¿por qué se desea ir en esa dirección?

--Pero ese Estatut se votó y luego fue retocado por el Tribunal Constitucional. ¿No se debe resolver esa cuestión?

--No había el recurso previo de constitucionalidad, es verdad. Pero en cualquier Constitución de un Estado complejo debe haber un tribunal, un intérprete. Y ahora, que ya se rectificó el recurso previo --existe y no podría pasar lo del Estatut de 2006-- se debería recuperar también que es ilegal convocar un referéndum como el que se hizo. Además, eso lo prometió Pedro Sánchez en la campaña electoral.

--¿Ha habido un exceso en las penas, con una Justicia que ha tomado un papel demasiado central en todo este asunto?

--Es que hay una premisa previa. Las leyes se respetan, es la doctrina de Kelsen. Y cuando se dice que el Derecho emana del pueblo, eso es Carl Schmitt: se rompe el principio del constitucionalismo.

--¿Hubo exceso en las penas?

--Que hay que encontrar una solución en el marco de una solución global está claro. Ahora bien, no se puede admitir una amnistía, ni un indulto si no hay arrepentimiento. Lo que hubo es un golpe de Estado, que es alterar la Constitución por un establecimiento no previsto en la Constitución. Y hay tres delitos sobre eso: rebelión, sedición y desobediencia. Es Brumario que fue un golpe sin armas.

--El juicio es una convención.

--Si, la civilización es una convención.

--¿Pero cómo se sale de esta?

--Insisto en las tres partes que comentaba. Debe haber un compromiso de todos los actores por moverse en el perímetro legal, dentro del Estado de Derecho. Y luego abordar las tres cuestiones específicas catalanas y la actualización del Estado, el aggiornamiento que dicen los italianos, con un carácter federal. Me parece la única salida.

--¿El PP y el PSOE deben colaborar?

--Pablo Casado ofreció 11 pactos de Estado a Pedro Sánchez, pero Sánchez ha escogido una mala opción. Con el actual contexto, era necesaria una segunda Transición, con PP y Ciudadanos. Sánchez tuvo esa oportunidad y no la exploró.

--¿No la exploró Sánchez o Casado no la ofreció?

--Es que ha pasado una cosa que viene de lejos, de Rodríguez Zapatero. Fue Zapatero quien cambia la idea de nación, del Estado autonómico al federal o multinacional. El PSOE cree que se puede apoyar en partidos nacionalistas para que éstos lo apoyen en la Moncloa, y ello conlleva la desaparición de los partidos constitucionalistas en esos territorios de las nacionalidades históricas. El PSOE, con ello, se consagra como partido de Gobierno para la eternidad.

--Pero eso lo hizo el PSOE y el PP con CiU.

--Lo hizo Felipe González con CiU, y luego Aznar, con los pactos del Majestic. Pero el centroderecha nunca dejó al PSOE en una situación difícil. Cuando Felipe González dimitió, en el famoso congreso del PSOE, para que se abandonaran los principios marxistas, la UCD dio la orden de no cargar contra el PSOE y se puso a su disposición RTVE. Para que eso funcione, para que España siga adelante, el centroizquierda y el centroderecha deben entenderse en algunas cuestiones, en elementos esenciales.

--¿Y qué pasó, a su juicio?

--Que hubo una mutación. Zapatero hizo saltar por los aires el manual de instrucciones de la Transición. Se puso, y se ponen ahora, en juego tres principios. Uno, el procedimiento --la ley pasando por la ley--, no cambiar la Constitución a través de un Estatut, como puede pasar ahora de nuevo con esas mesas de diálogo. Dos, el consenso: se saltó con el Pacto del Tinell y puede pasar ahora. Y tres, prudencia, no abrir el circo, como decía Cabanillas, sin saber qué harán los domadores.

--¿Se puede tener confianza en ERC?

--ERC es un partido genuinamente independentista. En Convergència, en cambio, lo que ha habido es una conversión paulatina. Esquerra tiene claro que hoy paciencia y mañana independencia. Es un partido que ha leído a Gramsci y el concepto de hegemonía cultural. En Junts per Catalunya, en cambio, por cuestiones personalistas, pesa más el cuanto peor, mejor. Y a las dos fuerzas políticas les interesa ganar la Generalitat, y actuarán, respecto a Pedro Sánchez, en función de ese objetivo.

--Entonces, con todo este proceso, ¿se equivocó Mariano Rajoy dejando a Sáenz de Santamaría la carpeta catalana?

--Soraya es una anécdota. Se equivocó al no ver un Estatuto alternativo al de 2006; con los recursos presentados; con no debatir en 2012 alguna propuesta; con el rechazo a los cambios en la Constitución. Y luego se toman decisiones que Sánchez parece que ha tomado en una dirección parecida: se designa a Dastis como ministro de Exteriores como un antiMargallo, como ahora se ha nombrado a Arancha González Laya como una ministra antiBorrell.

--¿Usted no ha pecado de frívolo al situar el tema catalán a la altura del conflicto de Israel, con sus declaraciones sobre sus relaciones con la diplomacia de ese país, para que no reconocieran una Cataluña independiente?

--La cuestión catalana es el problema más grave que tiene España, y condiciona el resto de políticas. Lo dijo Cambó, y lo ratifico. La secretaria de Estado Madeleine Albright señalaba que la política exterior es defender los intereses de tu país con la palabra o con los misiles. Porque, ¿qué es la política exterior? ¿Hay interés más supremo para España que mantener la unidad de la nación? Para mí, no.

--¿Se puede conseguir una solución que dure en el tiempo?

--Puede haber una conllevancia orteguiana, pero hay soluciones. Por mi parte, ya no puedo ofrecer más mimbres, recordando que en mi propuesta había una ley de lenguas, siguiendo al poeta Aresti: “Cierra los ojos despacio, pestaña contra pestaña, sólo es español quien sabe las cuatro lenguas de España”.

José Manuel García Margallo se muestra pensativo ante las preguntas de Crónica Global / LENA PRIETO
José Manuel García Margallo se muestra pensativo ante las preguntas de Crónica Global / LENA PRIETO