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Albert Rivera (Ciudadanos) y Pedro Sánchez (PSOE) ante el Congreso de los Diputados / EFE

El independentismo, ¿ya ha roto España?

La influencia del proceso independentista condicionará toda la política española con Vox, según los expertos, que ven más diferencias que nunca en el bloque constitucional

08.12.2018 23:45 h.
13 min

La irrupción de Vox impregna toda la política española. El PSOE busca explicaciones para conocer qué ha pasado con su electorado en Andalucía, que en gran medida se ha refugiado en la abstención. Pero el debate traspasa la frontera de un determinado partido, y, en gran medida, se relaciona con el proceso soberanista en Cataluña, y las consecuencias que pueda tener para el centro-derecha y para todo el sistema político español. El independentismo, ¿ya ha roto España? Las diferencias en el bloque constitucional se han acrecentado por la presión independentista, y las respuestas que se han querido ofrecer desde el Gobierno de Pedro Sánchez. Eso alimenta al propio gobierno catalán, que incrementa la tensión.

¿Tiene, realmente, esa influencia el independentismo? ¿Será imposible impulsar una política que tenga en cuenta el interés general en España al margen de las demandas del nacionalismo catalán? Los expertos consultados por Crónica Global, tras diseccionar los resultados de las elecciones andaluzas, y con una visión general, señalan que es así, que ya nada será igual, y que Vox surge por el proceso soberanista, más allá de presentar características de partido populista o de ultraderecha por combatir la inmigración o las políticas de género.

Un trauma político

“Claro que influye, es lógico, hablamos de un trauma político de gran alcance, de lo que ha sido una amenaza contra las mismas bases del Estado constitucional. ¿Cómo podría no afectar al electorado un acontecimiento así?”, asegura Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, que profundiza en esa idea en una entrevista en Crónica Global este domingo. El autor de La democracia sentimental considera que el independentismo ha provocado un seísmo en toda España, con lo que ocurrió en octubre de 2017, y que todos los actores políticos españoles deberán reaccionar buscando consensos que todavía no parecen posibles.

“Mientras el independentismo dé la impresión de que ese desafío sigue vivo y mientras el Gobierno central dependa del estado de ánimo del independentismo en lugar de probar a ignorarlo durante un tiempo, cosa que sería posible e incluso deseable si las mayorías parlamentarias estuvieran constituidas de otro modo, el independentismo será el eje de la conversación pública española”.

¿Se equivocó Sánchez?

Con esa idea de Arias Maldonado surge el debate sobre los pasos que ha seguido el Gobierno de Pedro Sánchez, y que han provocado que salte en pedazos un puente que era posible, el del PSOE y Ciudadanos. Sánchez, que no ha traspasado ninguna línea con el independentismo, y que sólo se ha limitado a buscar acuerdos en diferentes ámbitos que beneficien al conjunto de ciudadanos catalanes –inversiones en infraestructuras, sanidad, educación o políticas de bienestar—tiene un pecado original para ese centro-derecha que le niega el pan y la sal: justo cuando situaba un dique con el independentismo –apoyo al 155, críticas de Sánchez al “racismo” de Quim Torra por sus artículos tras ser elegido presidente de la Generalitat—propició una moción de censura sabedor de que sólo podía salir adelante con los votos de los partidos secesionistas, una vez fue imposible el diálogo con Ciudadanos.

¿Se equivocó Sánchez, y ahora ese independentismo se ha visto que no quiere saber nada con el PSOE? ¿Le da la razón a Ciudadanos y al PP el hecho de que ahora el gobierno de Torra califique de “provocación” que el consejo de ministros se reúna en Barcelona el 21 de diciembre?

Albert Rivera, Juan Marín e Inés Arrimadas, tras conocer los resultados de las elecciones autonómicas de Andalucía / EFE

Rivera, Marín y Arrimadas (Ciudadanos), tras conocer los resultados de las elecciones andaluzas

Sin gobiernos fuertes

Ignacio Torreblanca, ex jefe de opinión de El País, --salió cuando la dirección de El País cambió, coincidiendo con el nuevo gobierno, aunque se estaba ya en un proceso de modificaciones internas-- profesor de Ciencia Política en la UNED y columnista ahora de El Mundo, sostiene que sí, que ese fue el error de Sánchez que ahora dificulta hacer frente de forma conjunta al independentismo, con la posibilidad de formar gobiernos fuertes en Madrid desde el centro, y dejando al margen a los extremos. “Creo que Sánchez se ha equivocado (no el PSOE). Ha sido una huida hacia delante del presidente. En 2016 ya ocurrió. Pudo haber mantenido el acuerdo que alcanzó con Albert Rivera, dejado gobernar en minoría a Mariano Rajoy, y esperar una alternativa. Eso hubiera evitado la polarización, marginando a Podemos y con la posibilidad de mantener una coalición centrista”.

Eso ya es historia. Torreblanca, sin embargo, considera que en junio de 2018 los errores se repiten, aunque por parte también de Ciudadanos. “El juicio de la Gürtel y la torpeza de Ciudadanos le puso en bandeja un gobierno apoyado por los independentistas”, razona.

Ciudadanos y PSOE, un "desastre"

Eso ocurrió. Pedro Sánchez constituyó un gobierno que entusiasmó a sectores económicos y sociales, y albergó la posibilidad de que el independentismo aprovechara esa ventana de oportunidad.  Eso por ahora no ha pasado, y el gobierno catalán se ha ido endureciendo, con el argumento de que el Ejecutivo no ha hecho nada por intentar solventar la situación de los políticos presos, aunque se han establecido reuniones bilaterales entre los ministros y los consejeros de la Generalitat de diferentes ámbitos.

Por ello, Torreblanca considera que Sánchez podía haber convocado elecciones, aprovechando ese “capital moral y de ilusión” que había generado. Este profesor de Ciencia Política señala que, como Oscar Wilde, y su frase, “puedo resistir todo menos la tentación”, Sánchez “cayó en ella”, y sigue adelante sin poder pronosticar qué ocurrirá finalmente cuando convoque comicios. Lo cierto es que, en ese lapso, la polarización se ha incrementado y la relación con Ciudadanos se ha hecho imposible. “Ahora, el partido naranja y el PSOE se quieren destruir mutuamente, y eso es un desastre”.

Los CDR aprietan

Esto es lo que hay de fondo en la política española. Mientras, el PP, con Pablo Casado, trata de rehacerse y de buscar desde la derecha un partido más cohesionado –la convicción es que Vox no deja de ser un grupo de militantes descontentos y de electores que han apoyado siempre al PP—. El puente roto entre el PSOE y Ciudadanos deja a los socialistas con una sola opción: mirar a su izquierda, con acuerdos con Podemos, buscar en el centro lo que se dejan PP y Ciudadanos y no perder de vista al nacionalismo vasco y catalán, por una razón determinante que los expertos consultados reiteran: “El PSOE no puede afianzarse en la Moncloa sin un buen resultado en Cataluña, a diferencia del PP”.

Las acciones de los CDR, las aseveraciones del presidente Quim Torra, que defiende con más pasión a los manifestantes que a los Mossos d’Esquadra, las proclamas desde Bruselas del Consell per la República, en las que se señala que se irá hasta el final, todo ello convulsiona más la política española y supone una enorme presión para el Gobierno de Sánchez. El PP y Ciudadanos ya piden que se vuelva a aplicar el 155, para que los Mossos, por ejemplo, no queden en manos de Torra.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el de la Generalitat, Quim Torra, durante un paseo por los jardines del complejo que alberga la sede de la Presidencia del Ejecutivo / EFE

Pedro Sánchez y Quim Torra, en su reunión en la Moncloa

Pactar con el independentismo

¿Qué debe hacer Sánchez en esa tesitura? ¿Seguir explorando esa España alternativa, con un acercamiento al Gobierno catalán, aunque desde la firmeza de la ley?

El diplomático Juan Claudio de Ramón, autor de Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto), tiene claro que se deben producir acuerdos entre los miembros del bloque constitucional. “No se trata de excluir a los independentistas, sino de que los pactos crezcan desde el centro a los extremos, de forma que abarquen al mayor número de personas. Lo que se penaliza no es pactar con el independentismo, sino que el independentismo dicte el contenido del pacto, porque cuando esto ocurre es seguro que el interés general no se ha tenido en cuenta”, expone.

El diplomático Juan Claudio de Ramón, en el Palacio de la Magdalena en Santander

Juan Claudio de Ramón

España se valora a sí misma

¿Se ha perdido ese interés general? Fuentes del Gobierno socialista discrepan de ese punto de vista. Pero insisten en que se debe intentar bajar la tensión, buscar que el propio independentismo entienda que no le queda otro camino que rectificar, abandonar la vía unilateral y buscar acuerdos.

Lo que provocó esa vía unilateral en otoño de 2017 es que una parte de España despertó y comenzó a valorar España como algo que, hasta ese momento, no estaba tan presente. Es lo que los expertos consultados señalan. Y en esa nueva coyuntura, la capacidad de maniobra de los gobiernos, del color que sean, será más limitada en relación a los partidos independentistas, que no quieren admitir ese cambio.

Saludar a Torra con una sonrisa

Manuel Arias Maldonado lo explica de forma gráfica: “¿Se frena a Vox saludando a Torra con una sonrisa mientras él lleva el lazo amarillo, o diciéndole que el lazo amarillo es un símbolo insurreccional que no tiene cabida en un Estado de Derecho?”

El resultado de las elecciones andaluzas, por tanto, no supone un reto drástico a la democracia española, por la irrupción de Vox, pero sí evidencia ese surgimiento de la ultraderecha que el independentismo lo ha convulsionado todo. Y que la propia gobernabilidad de España sí se pone en peligro, por las tensiones originadas en el bloque constitucional.