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Andres Rodríguez Pose, economista profesor de la London School of Economics, en la conferencia de la Societat Amics del País

La decadencia puede llevar a Barcelona a ser “la Birmingham” de España

El economista Rodríguez Pose señala que Madrid ha crecido más que el área de la capital catalana por su mayor dinamismo, pero advierte también de la falta de innovación

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España ha logrado algo que otros países de su entorno han sido incapaces de sostener: dos grandes áreas económicas que mueven el país, Madrid y Barcelona y su área metropolitana, que es casi como decir Cataluña. No ocurre en Francia, ni en el Reino Unido, con grandes capitales como Londres y París que lo copan todo. Pero esa realidad puede ser diferente en los próximos años. Si Barcelona arrancaba en la Transición como el gran motor económico de España, ahora una suave decadencia, pero continua, la podría llevar a ser la “Birmingham” de España, en alusión a la tercera ciudad del Reino Unido. Es la visión del economista Andrés Rodríguez-Pose, profesor de la London School of Economics que, junto con Daniel Hardy, ha elaborado un amplio trabajo sobre la evolución de los dos grandes centros económicos de España.

La explicación de por qué Barcelona ha sido superada por Madrid sigue creando un gran malestar en la élite política y económica de Cataluña. En gran medida, el inicio del proceso soberanista, en 2012, se quiso justificar, por una parte de esa élite, como una reacción para recuperar el pulso económico. Pero ha habido otros muchos factores. Rodríguez Pose lo ha señalado en un acto organizado por la Societat d'Amics del País, conducido por el economista Martí Parellada.

Efecto capitalidad, pero no sólo eso

La idea central de Rodríguez Pose es que la falta de una clase política y económica más homogénea, a diferencia de la catalana, en los años 70 y 80 provocó un clima propicio en Madrid para el dinamismo económico posterior. El hecho de que “grupos distintos tuvieran que conectar con otros, sin que ninguno tuviera la hegemonía” permitió ese salto adelante, que llegaría a partir de los años 90. El profesor de la London School of Economics no esconde que Madrid “se ha beneficiado del efecto capitalidad”, y que eso nadie lo puede poner en duda, pero Barcelona partía con una clara ventaja, justo después de los Juegos Olímpicos de 1992, para ser la gran referencia económica de España. “Hubo diversas cuestiones, y es que esas clases económicas, más coordinadas, que eran una ventaja a principios de los 80, lo dejaron de ser, porque se cerró el paso a muchos otros”. El problema se estableció entre “los de dentro y los de fuera”, con una clase política --nacionalista-- que “cooptó” a la clase económica y cultural, algo que ocurrió también en Quebec, en Canadá, un caso que sirve para entender la situación en Cataluña.

“Hubo costes de entrada, y costes de transición, y el aumento de rentas se buscó con un acercamiento al poder”, señala el economista, que indica que, pese a todo, “a Barcelona no le ha ido nada mal, el problema es el potencial que tenía y cómo podría haber avanzado”. Eso le lleva a Rodríguez Pose a afirmar que Barcelona “pudo ser la Milán de España y puede derivar en la Birmingham del país, aunque no tenga nada contra esa ciudad porque, de hecho, allí estudia mi hijo”.

¿Dónde está el capital humano?

Pero el sentido fue claro. La dinámica de la economía mundial, al margen de la situación actual provocada por la pandemia, lleva a la concentración del poder económico en unas pocas capitales. En el Reino Unido es Londres, que ha arrasado con el resto de ciudades británicas, que quedan a mucha distancia. Sólo Londres concentra el 30% del PIB británico, mientras que en España la Comunidad de Madrid ha alcanzado el 19,2%, un poco superior al 19% de Cataluña.

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El economista Martí Parellada

Lo que falta es “capital humano, inversión en innovación y no tantas infraestructuras”, ha señalado Rodríguez Pose, que lo ha asegurado con convicción, a modo casi de provocación: “el corredor mediterráneo no es necesario, en España se concentran las mejores infraestructuras del mundo, pero se ha descuidado la innovación, la formación a jóvenes que dejaban de estudiar tras la secundaria, y con una muy poca capacidad de innovación empresarial”. Ese es el talón de Aquiles del conjunto de España, que afecta también a los dos grandes núcleos económicos, Madrid y Barcelona.

"Osificación" también en Madrid

Hay una cuestión política, sí, y también puramente económica, de concentración de capital y de inversiones. Madrid es el centro de las inversiones directas del extranjero en España, con un porcentaje humillante para el resto, hasta el 62%, por el 16% de Cataluña. Pero será necesario algo más. Para este economista, Madrid ha concentrado sectores económicos, como el financiero o el mundo de los seguros, “con poca capacidad de innovación”, incidiendo, por ejemplo, en que las fintech no están en Madrid. El problema es también la "osificación" de las elites madrileñas.

La cuestión es que es el futuro de España el que está en juego. “Si en los 80 y 90 España fue un modelo, ahora y en función de cómo reaccione, puede aparecer como un enfermo de Europa, porque es incapaz de transformar todo su potencial en un gran dinamismo”.

El Royal Bank of Canada, en Toronto, ciudad a la que se desplazó desde Montreal / YOUTUBE
El Royal Bank of Canada, en Toronto, ciudad a la que se desplazó desde Montreal / YOUTUBE

Los problemas internos catalanes

El reto es que tanto Madrid como Barcelona sepan tirar del carro y conseguir otros polos económicos en España, siguiendo el modelo de Alemania. Pero Rodríguez Pose no es partidario de hacerlo casi por decreto, o con una redistribución del poder que ahora se concentra en la capital española, como defiende el IVIE, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. “Si se hace, si se llevan organismos o agencias estatales a otros puntos de España que se diga que es por criterios políticos, pero no económicos, porque éstos tendrían un efecto muy menor”.

La lección de todos estos años, desde la Transición, resulta una gran paradoja. Barcelona fue el centro económico de España bajo el franquismo con una descentralización del poder inexistente. En el momento en el que se constituyó el Estado de las autonomías, ha sido la Comunidad de Madrid la más beneficiada, al reunir una serie de características propias, y sin olvidar el llamado efecto capitalidad. En Barcelona, y por ende en Cataluña, las relaciones de poder, con el nacionalismo y las pugnas de poder internas y administrativas --problemas de Fira de Barcelona, dando pie a Ifema en Madrid, diferencias para diseñar el recorrido del AVE, entre muchas otras-- han conducido a una cierta parálisis. Se mantiene el 19% del PIB, mientras Madrid ha pasado en todos esos años, del 14% al 19%, pero la cuestión es el potencial que se ha perdido. Para Rodríguez Pose, mayúsculo.  

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