Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Josep Gonzàlez-Cambray, consejero catalán de Educación, en el Parlament / EP

Cambray aprovecha la debilidad sindical para imponer su calendario escolar

La medida, en la que fracasaron Maragall y Rigau y de la que toma distancia la Fundació Bofill, referente durante años de la consejería, provoca la convocatoria de una huelga de éxito incierto

7 min

Nadie en el Parlament se explica la visceralidad del consejero de Educación, Josep González-Cambray, en la defensa de un nuevo calendario escolar que ha puesto en pie de guerra a la comunidad educativa. Como ya ocurrió en tiempos de los consejeros Ernest Maragall e Irene Rigau. Al primero, le duró un año el cambio. La segunda, echó marcha atrás al comprobar el rechazo de estudiantes, profesores, padres, sindicatos y patronales.

¿Por qué ahora? ¿Quién asesora al conseller? La debilidad existente en el panorama sindical educativo es, según fuentes sectoriales, clave de una afrenta a la que ayer se sumó hasta el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. Incluso la Fundació Bofill, referente de las instituciones en materia de enseñanza, marca distancias con las formas y advierte de los riesgos de unos cambios que ya son tendencia en nuestro entorno europeo, pero que exigen otras medidas para evitar que aumente la segregación.

Jéssica Albiach y Pere Aragonés, a quien amenaza con retirar su apoyo si no vota a favor de la reforma laboral / EUROPA PRESS
Pere Aragonés y Jéssica Albiach, quien le ha reprochado la falta de diálogo con la comunidad educativa / EUROPA PRESS

En efecto, el nuevo calendario escolar centró buena parte de las preguntas de Aragonès en la sesión de control celebrada ayer en la Cámara catalana. “Es una decisión política, no retiraremos la medida”, aseguraba el president, en la línea de las declaraciones hechas por Cambray en días anteriores.

Declaraciones que en nada ayudan a pacificar un sector que llega exhausto a una convocatoria de huelga tras una pandemia que ha agudizado la precariedad de las plantillas y que tiene que asumir los cambios curriculares que establece la Lomloe, sin que el departamento garantice los recursos necesarios en otro tema fundamental: la formación de profesorado, donde hay un 30% de interinos.

Los profesores, exhaustos

Igualmente débil, y quizá sea la clave de ese empeño en cambiar el calendario, con jornada compactada incluida a cuatro meses de que finalice el curso y se tengan que planificar las plantillas, se encuentran en estos momentos los sindicatos educativos. Hasta el punto de que existen dudas de que la huelga convocada para marzo se pueda prolongar en el tiempo. Ustec, el más fuerte en el sector, se encuentra en fase de relevo generacional. Todavía tiene que definir su estrategia, que de momento se basa en un “no a todo”, mientras que la Intersindical, con menos experiencia, registró recientemente la dimisión en bloque de su sectorial educativa. CCOO, más pactista y veterana en estas lides, tiene ahora menor representación, mientras que UGT, aprecian algunas fuentes, sí está experimentando una deriva hacia ERC, aunque de momento secunda los paros de marzo junto al resto de sindicatos.

Varios niños a su llegada al colegio / Isabel Infantes (EP)
Varios niños a su llegada al colegio / Isabel Infantes (EP)

“Ante esta situación, Cambray opta por el desacuerdo total y rápido. No es persona de renunciar a sus propósitos, no lo era cuando era director de centros públicos de la Generalitat”, explican fuentes sindicales.

El acuerdo, añaden, pasaría por una negociación de “casi dos años” y recuerdan que las prisas también fueron malas consejeras para Rigau y Maragall cuando también pretendieron cambiar el calendario escolar. La experiencia le duró al que hoy lidera ERC en el Ayuntamiento de Barcelona apenas un año. Por su parte, Rigau renunció cuando vio que, en el Consejo de Relaciones Laborales, todo el sector educativo estaba en contra. Una modificación de ese calibre afecta no solo a los docentes. También a personal de limpieza, ocio, portería… “La medida afectaba a 80 convenios laborales”, recuerdan quienes negociaron en aquella ocasión.

Las advertencias de la Fundación Bofill

Ni siquiera la Fundació Bofill, referente durante años del Govern en materia educativa, ve clara esas modificaciones que quiere implantar Cambray. Aseguran en medios políticos que el consejero mantiene una buena relación con el director de esta entidad, Ismael Palacín, quien, en declaraciones a Crónica Global, confiesa su “sorpresa” ante el anuncio de un nuevo calendario que, advierte, tiene sus riesgos a pesar de seguir las tendencias de otros países del entorno. Considera Palacín que el acuerdo previo era difícil, pero considera positivo avanzar el inicio de curso. Cataluña era una de las comunidades donde el curso empezaba más tarde, en comparación con Murcia y La Rioja (6 de septiembre) y Madrid o Cantabria (7 de septiembre).

Una niña camina por un pasillo de su colegio / Ricardo Rubio (EP)
Una niña camina por un pasillo de su colegio / Ricardo Rubio (EP)

Avisa, no obstante, de que “más horas de clase no es positivo. En Cataluña se hacen más horas lectivas que el promedio de los países de la OCDE en primaria, 875 respecto a 791. Y en secundaria, hacemos 1.025 respecto a una media de 907 horas”. La tendencia internacional, afirma el director de la Bofill, es acortar las vacaciones de verano de 11 semanas a siete, pues ese largo periodo perjudica a las familias con menos recursos. Como también quedan en situación de desigualdad quienes pasan apuros para llegar a fin de mes y tienen que afrontar una jornada intensiva. Palacín teme que estos cambios del Govern abran la puerta a una jornada compactada en primaria durante todo el curso, lo que califica de “regresivo”.

Llama a dotar a los alumnos de horas extraescolares “enriquecidas”, como se hace en Estados Unidos, donde la Administración asume el coste de esas actividades. Y, sobre todo, que se dé tiempo al profesorado a planificar los equipos para el nuevo calendario.