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El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en su conferencia en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) / EUROPA PRESS

Aragonès se queda sin hilo (argumental) para recoser las costuras independentistas

Sin alternativa a la mesa de diálogo, el presidente catalán llama a reconstruir la imposible unidad secesionista, que se encomienda al “cuanto peor, mejor” de un Gobierno de PP y Vox

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No hay alternativa a la mesa de diálogo. Pere Aragonès lo sabe. Sus socios, un año después de las elecciones del 14F, carecen de hoja de ruta. Y eso permite al president jugar con cierta ventaja. Ganar tiempo. Solo ha pasado un año desde las elecciones del 14F. Y el independentismo vive sus días más erráticos.

Los amagos de desobediencia de Junts per Catalunya --los de Laura Borràs-- se han revelado como puro postureo. Y la CUP hace meses que se desmarcó de un gobierno que todavía se autodenomina independentista, pero no avanza en ese camino hacia a república catalana. De ahí que el lema de la conferencia que ayer pronunció el presidente catalán llevara como lema Avancem, a modo de llamamiento a resucitar aquellos días de bloques y confrontación. El republicano, en efecto, tocó a rebato a quienes apuestan por el Estado propio catalán. “Aquí no se trata de identificar a héroes y traidores”, dijo.

Pere Aragonès, en su conferencia de balance de mandato
Pere Aragonès, en su conferencia de balance de mandato

Cruce de reproches

Pero el cruce de reproches que estos días han protagonizado Junts per Catalunya, ERC y CUP apunta a lo contrario. A una caza de brujas dentro del llamado "52%" independentista, que no encuentra hilo con el que recoser sus costuras y que se encomienda al “cuanto peor, mejor” que supondría un futuro Gobierno de PP y Vox.

Los resultados de las elecciones de Castilla y León, donde el auge de la extrema derecha ha puesto contra las cuerdas a los populares, permitieron al president advertir al Gobierno de Pedro Sánchez de las consecuencias que tendría para Cataluña una alternativa Casado-Abascal. Ciertamente es el independentismo más radical, el que cree en la confrontación como única forma de romper con España, el que fantasea con ese escenario. Se trata de sectores para los que la mesa de diálogo es un fracaso y/o una tomadura de pelo, pero que acaban de ver a Laura Borràs dando marcha atrás en sus promesas de desafío al Estado.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, junto a la vicepresidenta segunda, Assumpta Escarp, durante la reunión de la Junta de Portavoces sobre el caso Juvillà / EFE - Marta Pérez
La presidenta del Parlament, Laura Borràs, junto a la vicepresidenta segunda, Assumpta Escarp, durante la reunión de la Junta de Portavoces sobre el caso Juvillà / EFE - Marta Pérez

También la han visto cortando la avenida Meridiana para protestar contra el gobierno del que forma parte su partido, JxCat. Aunque ese gesto, obviamente, iba dirigido a ERC, es decir, al consejero de Interior, Joan Ignasi Elena.

Gestión del 'caso Juvillà' e inmersión

La presidenta del Parlament, la gran esperanza del separatismo más irredento, ha defraudado a los suyos. E incluso traicionado, pues ayer mismo, horas antes de la conferencia de Aragonès y en una intervención en la Junta de Portavoces en abierto, culpaba a los funcionarios de la retirada del escaño a Pau Juvillà, diputado de la CUP inhabilitado por desobediencia. Los mismos funcionarios a los que prometió proteger, al igual que ha hecho el propio presidente en el conflicto sobre la inmersión, cuestionada por los tribunales.

Sobre la supremacía del catalán habló el presidente de la Generalitat en esa conferencia, celebrada en el MNAC, convencido, dijo, de que “Cataluña es un solo pueblo”. Tierra de acogida en la que no se mira a las personas por su procedencia, aunque después el Govern se conjure para reducir el castellano a la mínima expresión en los colegios. Si se quiso mostrar conciliador, Aragonès no lo logró. Solo se dirigió a los catalanes independentistas. El resto, sencillamente no existe.