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Material destinado a los colegios electorales del 14F que será determinante para las mesas depositados en un almacén / EUROPA PRESS

14F: el poder de la abstención será determinante

Las encuestas apuntan una participación inferior al 55% y, aunque debería favorecer a las fuerzas nacionalistas, el efecto sobre el resultado no está claro

4 min

La media de las encuestas que se han publicado hasta ahora sobre las elecciones autonómicas del próximo domingo prevé una participación por debajo del 55%. Solo hay un precedente de ese dato en las 12 convocatorias autonómicas catalanas desde que se reinstauró la democracia: se trata de las elecciones de 1992, en las que solo el 54,87% de los convocados acudieron a los colegios electorales. CiU se hizo con 70 de los 135 diputados de la Cámara gracias al respaldo del 46,74% de los votos.

Parece evidente que la abstención favorece, en principio, a las opciones nacionalistas. Entre los electores procedentes de la inmigración española, primero, y de la internacional, después, las elecciones autonómicas ofrecen menos atractivo que entre la población autóctona. Ese fenómeno, que aún está vivo, y la ley electoral vigente explicarían la equivalencia entre una cosa y la otra.

Las elecciones más 'nostradas'

Los votos ya pusieron en evidencia el fenómeno, ese cierto desapego de los catalanes de no origen, de los nouvinguts, en 1980 con ocasión de las primeras autonómicas. CDC, la formación de Jordi Pujol, había defraudado las expectativas de Adolfo Suárez en 1977 y 1979, dos comicios en los que la izquierda –PSC y PSUC-- se había alzado con la victoria en Cataluña, contrariamente a lo que esperaban en la Zarzuela y la Moncloa.

Sin embargo, en las autonómicas de 1980 CDC dio la sorpresa y se hizo con 43 diputados. La participación fue del 64,34%. Aquella victoria abrió una etapa de 23 años de gobierno ininterrumpido de Jordi Pujol.

El techo electoral de CDC

CiU alcanzó su techo electoral en el Parlament en 1984, cuando obtuvo su primera mayoría absoluta (72 escaños) con una participación del 64,35%, no de las más bajas de la historia. Una intensa campaña de movilización nacionalista para responder a la querella presentada por la fiscalía por la quiebra de Banca Catalana contra sus gestores, a la cabeza de los cuales figuraba Jordi Pujol, logró aquel milagro. Aunque para milagro, el que se produjo pocos meses después, cuando la querella fue desestimada por la propia justicia.

Curiosamente, fue en marzo de 1992, a unos meses del hito histórico de los Juegos Olímpicos de Barcelona organizados por el socialista Pasqual Maragall, cuando CiU obtuvo el segundo triunfo más holgado de su historia: 70 escaños con la citada bajísima participación del 54,87%.

Ecuación imperfecta

O sea, que la alta abstención favorece a las fuerzas nacionalistas, como también parecen demostrar los resultados de 2017, cuando una participación del 79% dio la victoria a Ciudadanos, con el 25,37% de los votos emitidos y 36 diputados. Pero probablemente sería un error tomar esa ecuación al pie de la letra. De hecho, las convocatorias en las que CiU ha obtenido sus mejores resultados son las mismas en las que el PSC ha conseguido el máximo número de diputados.

La posición intermedia entre acudir al colegio electoral y quedarse en casa el 14F podría ser el voto por correo, que ha aumentado un 350% respecto a los últimos comicios. Los votantes de Ciudadanos son los que más han recurrido a esta alternativa, seguidos, sorprendentemente, por los de la CUP. En el otro extremo, los más movilizados, los que menos han pasado por Correos, son los seguidores de JxCat y los comunes de Jéssica Albiach. O sea, que incluso aunque se confirme esa baja participación, menor del 55% de los electores, el resultado final aún no está escrito.

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