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El 14F se decide en el área metropolitana

Gerard Mateo
6 min

En una valla en mitad de la Meridiana luce un gran cartel de Junts per Catalunya con motivo del 14F, aunque, por la estética, un extranjero no sabría si se trata de una propaganda política o es el elenco de un vodevil (difícil en estos tiempos de cerrojazo, por cierto). En él, aparece la fotografía de Carles Puigdemont (la misma de los últimos tres años; se ve que en Waterloo no hay fotógrafos) flanqueado por Laura Borràs, Elsa Artadi, Albert Batet y Ramon Tremosa, entre otras estrellas de la ultraderecha independentista.

La primera semana de la campaña electoral catalana es bastante aburrida. Será, tal vez, porque no hay sorpresas aparentes. Tezanos da a Illa como ganador destacado de las elecciones (habrá que ver con cuántos escaños); ERC y Junts per Catalunya se sacan los ojos en cada intervención (a ver cómo se ponen de acuerdo después); Ciudadanos confirma su declive día tras día (pese a que otros imitan sus formas); la buena oratoria de Alejandro Fernández será insuficiente para hacer algo destacado; los comuns tratan de ser un partido necesario, casi de centro; en la CUP andan algo despistados con su candidata, y Vox es el asunto más delicado. De hecho, todo apunta a un cara a cara entre republicanos y socialistas, que incluso han rechazado un "trío" con Borràs. Sin novedad.

Antes de votar, la gobernabilidad de Cataluña se antoja muy complicada. Hasta ocho partidos (incluso nueve) entrarán en el Parlament. Pero los que podrían sumar mayorías no se ponen de acuerdo ni siquiera en si está nublado o hace sol. No hay que descartar una repetición electoral. Por si acaso, las formaciones independentistas (el Govern) hacen de las suyas con tal de desincentivar la participación. Conocen que ello les va a favor. Tratan de generar dudas y miedo en la gente responsable con sus mensajes contradictorios y catastrofistas. Saben que todo se decidirá en el área metropolitana. Si la abstención es elevada, sumarán los separatistas; de lo contrario, cambiará el color del Gobierno autonómico.

Los juegos de palabras y los subterfugios son el día a día en el Palau de la Generalitat. ¿Recuerdan cuando, hace un par de semanas, el Govern argumentó que había que suspender las elecciones por la evolución del coronavirus? Los especialistas pronosticaban que el pico de la tercera ola llegaría en la víspera del 14F. A ello se acogieron los dirigentes catalanes para defender un decreto mal redactado y, en consecuencia, tumbado por el TSJC. Pero los epidemiólogos se han equivocado y, para colmo, el mismo Govern --el que permitía moverse entre municipios para asistir a mítines-- levanta ahora algunas restricciones a una semana de los comicios. Los mismos que cargan contra la justicia "por fijar la fecha" quedan en evidencia con esta decisión.

A poco más de una semana de las elecciones, hay que insistir en que votar es seguro. Cada elector no debe estar más de dos minutos dentro del colegio, tiene que llevar la mascarilla y ni siquiera ha de abrir la boca; hay que respetar las distancias y ventilar y, en el caso de los componentes de las mesas, basta con que aumenten las precauciones y se les faciliten tests y protecciones adecuadas. Si se puede ir en metro, ir al colegio y comer en un restaurante, el ejercicio de la democracia es mucho más seguro que todo eso. También se puede votar por correo. Del mismo modo, hay que responsabilizar al Govern de cualquier contratiempo en esa jornada y posteriores: ha tenido un año para preparar la contienda.

Gane quien gane el 14F, los partidos afirman que respetarán el resultado. ¿Todos? No, todos no. Puigdemont dice que sí, pero, acto seguido, declara que no necesita ni el 50% de los votos independentistas para seguir con su plan. Le basta, como hasta ahora, con que el separatismo tenga mayoría de escaños. Su problema es que las relaciones con ERC son irreconciliables y, si vuelven a pactar, ya sabemos cómo acabará la legislatura. El objetivo marcado en Waterloo es el de más años de tensión, pulsos, desafíos y crispación contra el “Estado español”. ¿Está más cerca otro 155?, ¿lo desean porque ni ellos mismos saben cómo salir de este embrollo? Pronto saldremos de dudas.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.