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Leo en una revista que la tecnología es la nueva aliada de la privacidad en este siglo en el que nos gusta explicar todo lo que hacemos, vemos, tocamos y probamos hasta extremos grotescos. Un diseñador holandés, después de observar que los materiales antirreflectantes impiden tomar fotografías con flash, puso a los técnicos a trabajar a fin de conseguir una prenda de ropa que anule la imagen. Y lo han conseguido. El resultado es Ishu, un pañuelo al que se le han incorporado materiales que escupen literalmente la luz del flash. En su página web aparece Paris Hilton, una de las más fotografiadas del planeta, antes y después de protegerse con él. La cara y el cuerpo de la persona quedan totalmente oscurecidos y lo único que se ve es el pañuelo con sus dibujos geométricos. Está disponible por 268 euros y en colores que combinan el blanco, el negro y el granate. Una bagatela para aquellos a los que el producto está destinado: actores, músicos, estrellas del deporte, gente famosa en definitiva, que quieran circular libres por el mundo y librarse del acoso de los paparazzi. Como dice la publicidad de la marca: "Dar a la gente su derecho a que la privacidad esté de vuelta".

Todo tiene un precio. Cuando cedes parte de ti al público hay que tener claro que este es voraz, y siempre quiere más

Es curioso que se hable de esta privacidad como un derecho arrebatado, cuando precisamente muchos de los sufridos personajes que se quejan de ser acosados viven de ello, de exponer sus vidas al público. Argumentan que no siempre están en permanente exhibición y que, como todos, tienen derecho a sus momentos íntimos y a vivir sin el perpetuo agobio de un tipo con una cámara en las manos que espíe sus gestos más cotidianos. Y ello es cierto, sin duda, para muchos profesionales que hacen su trabajo, sin que este suponga una patente de corso para ser observados permanentemente. Pero hay otros que se quejan con hipocresía del acoso, ya que sus idas y venidas son un espectáculo continuo que les reporta muchos beneficios. Ahora, todo tiene un precio. Cuando cedes parte de ti al público hay que tener claro que este es voraz, y siempre quiere más. Y es muy cruel: si dejas de aparecer en los medios, se olvida de ti en un parpadeo. Ya decía Oscar Wilde que "hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti". Si no sales en la foto (nunca mejor dicho) no eres nadie.

Así que a los que vivan de exponerse constantemente no les va a interesar el invento, salvo si deciden usarlo en su propio beneficio. Oscurecer la imagen alimenta el morbo, ya que al pie de la foto (o no-foto, según se mire), siempre puede añadirse "juro que, aunque no se vea, es la Kardashian, pero se puso el pañuelo y fastidió el asunto justo cuando estaba con...", y dejarlo en el aire. Aunque no hay documento gráfico, ello ya genera interés: ¿Por qué se lo puso cuando en otras ocasiones se expone en pelota picada? ¿Qué era eso que estaba haciendo? ¿Algo inconfesable o con alguien aún más inconfesable? Al final, la dichosa prenda servirá no solo para promocionar a la marca y a su artífice, sino para seguir arrastrando a la gente a modo de polillas hacia la luz de los famosos. Porque, si ellos lo llevan, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros, los simples mortales? Aunque solo sea para sentirnos especiales, por una vez...

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Graziella Moreno

Licenciada en Derecho por la UB con un postgrado en Derecho Civil Catalán. Funcionaria de la Administración de Justicia, primero como agente judicial (1991-1993) y después como oficial (1993-2002). Ingresó en la carrera judicial en 2002, ocupando plaza en los juzgados de Gavà, Amposta y Martorell y, desde 2010, en el Juzgado de lo Penal número 6 de Barcelona. Es formadora de la academia de oposiciones Eureka y del Centre d'Estudis Jurídics. Es autora del dossier 'El Codi Penal, part general' y de dos novelas: 'Juegos de maldad' (2015) y 'El bosque de los inocentes' (2016), ambas editadas por Grijalbo.