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Collage con una imagen de Zurbarán de la Virgen María y otra de Gossaert de Eva / FOTOMONTAJE de CG

Magdalena de San Jerónimo, azote de prostitutas, mujeres vagantes y ociosas

Magdalena, una mujer de "singular virtud", impulsó las Galeras, tras varias cartas a Felipe III, que fueron cárceles para mujeres "ladronas y alcahuetas"

Antonio Fernández Luzón
10 min

La contraposición entre la virgen María y Eva como arquetipos antagónicos surgió en la antigüedad cristiana, cuando los Padres de la Iglesia pretendieron hallar la salida del inquietante laberinto de la sexualidad femenina en la virginidad. “Eva, la penetrable ramera, es la antítesis de la impenetrable virgen María”, sostuvo san Atanasio de Alejandría en los Discursos contra los Arrianos (339-346). No obstante, un San Agustín precristiano y mal interpretado, que había escrito sobre el meretricio desde el punto de vista de la legislación romana siendo un simple profesor de derecho, se convirtió en el referente de la tolerancia religiosa hacia la prostitución regulada. Siguiendo al obispo de Hipona, la Iglesia consideró el sexo de pago un mal menor necesario para la salubridad de la sociedad, igual que lo eran las cloacas para los palacios. Desde fines de la Edad Media hasta que Felipe IV las prohibió en 1623, las mancebías o burdeles públicos vivieron una época dorada: eran un negocio lícito, sin merma de la honra del que lo disfrutaba, y el dinero del pecado engrosaba las arcas municipales, señoriales y eclesiásticas. 

Uno de los personajes más representativos del giro hacia la radical intolerancia del comercio sexual fue Magdalena de San Jerónimo. De origen oscuro, es una figura conocida por sus obras y escritos cuya vida aún nos es casi desconocida. Ignoramos cuándo nació o dónde y cuándo murió, así como otros muchos datos de su trayectoria biográfica. El monje cisterciense Fray Ángel de la Cruz, en su Vida de sor Ana de Jesús, la define como “una mujer de singular virtud y de mucha oración y trato con Dios; y a ese título conocida y estimada en toda Europa, a lo menos en España y Flandes muchos de sus príncipes”. Ciertamente, estuvo muy vinculada a la Corte de Felipe III entre 1601 y 1606, mientras Valladolid era la capital del reino, y fue consejera de la princesa Isabel Clara Eugenia cuando esta gobernaba los Países Bajos. Antes, hacia 1597, había dirigido el seminario de Santa Isabel la Real para niñas huérfanas, pensionistas e hijas de los criados de Felipe II.

Mujeres tomando el sol en una galera, una cárcel para mujeres en Madrid durante el franquismo / CÁRCEL LAS VENTAS
Mujeres tomando el sol en una galera, una cárcel para mujeres en Madrid durante el franquismo / CÁRCEL LAS VENTAS

Siempre celosa de Dios, en 1594, promovió la fundación en Valladolid de una obra pía denominada Casa de Aprobación de Santa María Magdalena, con objeto de corregir  a las meretrices y otras “mujeres que no vivían en servicio de Dios nuestro señor y con el recogimiento y honestidad necesarios”. Inspirada por el ejemplo de María Magdalena, la prostituta santa hoy reivindicada por algunas corrientes feministas, la casa de recogidas erigida por Magdalena de San Jerónimo tenía dos fines: “procurar que Dios no sea ofendido sino reverenciado y honrado y obedecido… y sean remediadas las mujeres que han errado y andan ofendiendo a Dios con el peligro de sus almas. Y con harto daño de la república porque, además del escándalo y mal ejemplo que con sus malas vidas dan, provocando a otros y otras a que les sigan e imiten en sus personas y desenfrenadas vidas y costumbres, inficionan también la república con sus ocultas y secretas enfermedades”.

Contra las mujeres "vagantes"

Magdalena de San Jerónimo acompañó a la infanta Isabel Clara Eugenia en su toma de posesión como gobernadora de Flandes y, entre 1600 y 1613, realizó varios viajes a París, Bruselas e Inglaterra con el encargo de traer a España los cuerpos de San Mauricio, mártir de la Legión Tebana, y de San Pascual, papa, así como un cargamento de reliquias que requirió una autorización especial del pontífice Clemente VII. Ahora bien, si hoy rememoramos a Magdalena de San Jerónimo no es solo por haber promovido una casa de corrección para prostitutas, ni por haber actuado de intermediaria en el acrecentamiento de las colecciones reales y nobiliarias de partes de los cuerpos de los santos, sino también por su plan pionero para crear las Galeras, nombre que se dio a las cárceles de mujeres a semejanza de las galeras o navíos donde cumplían condena los galeotes. En 1608, dirigió un memorial a Felipe III titulado Razón y forma de la Galera y casa Real, que el Rey Nuestro Señor manda hazer en estos Reynos, para el castigo de las mujeres vagantes, ladronas, alcahuetas y otras semejantes, detallando las características que debían reunir las primeras cárceles femeninas. En dicho opúsculo argumentaba que debía castigarse a “este linaje de malas mujeres” con las mismas penas que a los hombres, “pues muchas de ellas les llevan harta ventaja en la maldad y pecados”.

Relicario con el cráneo de San Mauricio, Catedral de Valladolid / FOTO DE J.A. CABRERIZO
Relicario con el cráneo de San Mauricio, Catedral de Valladolid / FOTO DE J.A. CABRERIZO

La galeras erigidas a instancias de la virginal Magdalena de San Jerónimo eran verdaderos presidios donde se obligaba a las prostitutas a vestir toscos sayales, raparse el cabello y las cejas, y se las sometía a un durísimo régimen carcelario de comida y alojamiento para que expiaran la gravedad de sus pecados y los grandes males y daños que hacían a la república: “Digo, pues, lo primero que hay muchas mujeres mozas, vagabundas y ociosas, y entre ellas algunas muchachas de dieciséis y menos años, que no se sustentan de otra cosa sino de mal vivir. Y para esto, llegada la noche, salen como bestias fuera de sus cuevas a buscar la caza”.

El pene del gobierno

La creación de cárceles exclusivamente femeninas había sido propugnada en aquella época por algunos juristas, teólogos y humanistas, pero salvo el protomédico de las galeras reales, Cristóbal Pérez de Herrera, ninguno llegó a darle forma, ni a contar con el apoyo del rey. Fue una mujer, Magdalena de San Jerónimo, quien, tras enviar su manuscrito y varias cartas a Felipe III, logró lo que otros escritores de mayor enjundia pero de menor religiosidad e influencia en la Corte, habían propuesto sin que llegara a materializarse. En su empeño por erradicar la prostitución y la delincuencia femenina, el tratado carcelario de Magdalena de San Jerónimo incidía en el castigo y contemplaba también la tortura con cadenas, esposas, grillos y mordazas. A las reincidentes se las marcaba a fuego, llegando incluso a ejecutarlas en la horca instalada en la puerta de la galera. Huelga decir que donde se instalaba una galera huían despavoridas las prostitutas, alcahuetas, vagabundas o hechiceras, buscando otros lugares donde ganarse el sustento.

Fiesta de Reyes en la cárcel franquista para mujeres de Las Ventas / CÁRCEL DE VENTAS
Fiesta de Reyes en la cárcel franquista para mujeres de Las Ventas / CÁRCEL DE VENTAS

Mientras que el Discurso de amparo de los legítimos pobres (Madrid, 1608) de Cristóbal Pérez de Herrera, en los capítulos donde trata de las cárceles femeninas, trasluce compasión hacia las personas que ha visto sufrir, la Razón y forma de la Galera y casa Real de Magdalena de la Cruz es implacable con las prostitutas, haciendo recaer toda la carga de la culpa en las mujeres a las que pretende reformar mediante el temor y el castigo. En cierto modo, fue una precursora de las políticas decimonónicas aplicadas en Inglaterra y otros países, que, desde posiciones higienistas o religiosas, también encarcelaban a las trabajadoras sexuales que no se sometían a la revisión médica mediante el espéculo, al que llamaban irónicamente “el pene del gobierno”.