Pásate al MODO AHORRO
Chenoa y Estopa, presentadores de las campanadas del 2025 en TVE

Chenoa y Estopa, presentadores de las campanadas del 2025 en TVE Efe/RTVE

Manicomio global

Que vuelva Ramontxu

"Ramón García ya no me felicita el año nuevo, Ana Obregón ya no posa en bikini, se ha muerto Robe Iniesta, el poeta filósofo: mi mundo se acaba"

Publicada

Las campanadas de fin de año no son lo mismo desde que no las presenta en TVE Ramón García, Ramontxu para los amigos, desde la Puerta del Sol de Madrid. Echo de menos su perpetua alegría, su sonrisa cazurra, su capa de Casa Seseña.

En un mundo eternamente cambiante, Ramontxu te daba la seguridad de que algo no cambiaría jamás: cada fin de año, él estaría ahí, en compañía de una señora estupenda, para desearte lo mejor en el nuevo curso. Pero llegó un día en el que Ramontxu desapareció, y ya nada volvió a ser igual.

El pobre Ramón siempre tuvo fama de rancio, pero ahí estaba su gracia, en representar orgulloso el ser de España y el de la empresa que le pagaba su sueldo, que sigue siendo tan rancia como en los tiempos del Caudillo, pero con disfraz progresista (que no impide que a José Mota se le pida que se ahorre los chistes sobre Ábalos, Cerdán y Koldo). La ranciedad de Ramontxu era ideal para una fiesta rancia a más no poder. ¿Para qué prescindir de él si todo sigue como siempre?

Ahí seguimos todos, atragantándonos con las uvas, deseándonos felicidad como si tuviese algo que ver con el cambio de año, viendo cantar a neo rancios que no tienen nada que envidiar a los que aparecen en Cachitos de hierro y cromo (frase extraída de una canción de Kiko Veneno, con el que TVE no cuenta nunca para el fin de año) y pasmados ante la cantidad de gente que se congrega en la Puerta del Sol, con el frío que hace…

El fin de año español se mantiene inalterable desde el principio de los tiempos. Solo distinguiríamos las celebraciones actuales de las que salían en el No-Do porque estas aparecían en blanco y negro. Por eso cada vez hay más gente que se las salta y que ya está en la cama cuando suenan las campanadas de marras, conscientes de que todo se reduce a ser un año más viejo y estar un poco más cerca de la muerte.

En eso pensaba yo, que soy de natural cenizo, mientras iba cambiando de canal en Nochevieja. Chenoa y Estopa en TVE. Chicote y Pedroche en Antena 3 (Cristina en fin de año es una puesta al día de los posados en bikini de Ana Obregón, sin los que no se daba por inaugurado el veraneo: cada año esperamos a ver cuán desnuda va, pensando en el frío que debe estar pasando mientras su compañero seguro que lleva hasta camiseta térmica; ridículo, sí, aunque peor sería al revés: ¿alguien tiene ganas de ver a Pedroche tapada hasta el cuello y a Chicote en tanga de color rojo?); Sandra Barneda y un tal Xuso Jones en Telecinco (aunque solo los siguió el 0,3% de la audiencia)…

Cuando bebía, siempre empezaba el año con resaca, que no sé si es la manera ideal de hacerlo, pero ahora, con la sobriedad, se me incrementa algo parecido a la lucidez y me da por preguntarme qué celebra la turba de la Puerta del Sol o por qué se desnuda Cristina Pedroche cuando más frío hace en Madrid. Pienso inevitablemente en cuántas Nocheviejas me quedan. Y sigo sin saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.

Tampoco lo sabía en tiempos de Ramontxu, pero encontraba cierto consuelo en su alegría profesional, en su risa tontiloca, en su optimismo desprejuiciado. No sé qué habrá sido de él. Igual un día aparece en la pantalla presentando algún concurso de palurdos rurales que se caen de culo cada dos por tres, pero sigo preguntándome por qué lo han sacado de su hábitat natural, que es la Puerta del Sol en Nochevieja.

Ramontxu ya no me felicita el año nuevo. Ana Obregón ya no posa en bikini. Se ha muerto Robe Iniesta, el poeta filósofo. Mi mundo se acaba.