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Torra o la coherencia

Ramón de España
6 min

La incoherencia, que puede conducirle a llevarse la contraria a sí mismo, es una de las principales señas de identidad de Quim Torra, ese inútil que hace como que preside un gobierno autónomo con ínfulas de nación milenaria. Al principio de la pandemia del coronavirus, insistía en confinarnos a todos durante meses, pero luego le entraron las prisas y se pulió la fase tres del estado de alarma en veinticuatro horas, contribuyendo tal vez a los funestos rebrotes que padecemos en la actualidad. Hace unos días tuvo la brillante idea, aún no llevada a la práctica porque cosas de semejante calibre precisan de una larga y profunda reflexión (actividad, por cierto, para la que nuestro hombre está negado), de llevar a juicio a Juan Carlos I por corrupción, como si no hubiese ya en marcha suficientes iniciativas para intentar empapelar al emérito por sus trapisondas financieras, su aceptación de sobornos internacionales y su tendencia al despilfarro con busconas aristocráticas. Si está en contra de la corrupción, tiene mucho más cerca a gente con la que tomarla, tan cerca que forman parte de su propio partido: podría querellarse contra Artur Mas por su práctica del famoso 3%, u ofrecerse como testigo de cargo en el próximo juicio contra el clan de los Pujolone al completo por latrocinio seudo patriótico continuado durante más de dos décadas; y saliendo de su hábitat natural, hasta podría tomarla con Ada Colau y su tendencia a regar de dinero público a asociaciones seudo progresistas dirigidas por gente de su pandilla (me resisto a considerar a los Comunes un partido político, por desprestigiados que estén estos).

Chis Torra podría, incluso, llevarse a juicio a sí mismo por su manifiesta incompetencia en la gestión de la pandemia, incluyendo en la querella a la cuadrilla de ineptos a sus órdenes (Buch, Vergés, El Homrani e tutti quanti), pero lo que el cuerpo le pide es emprenderla con el emérito, del que ya se ocupan otras instancias con competencias para ello. De momento, se contenta quedando como un cochero con Felipe VI, a quien da plantón en Poblet, supongo que por aquello de que Cataluña no tiene rey, aunque hace unos días, en una nueva muestra de lo que entiende por coherencia, coincidió con él en Madrid durante el funeral de estado por las víctimas del coronavirus.

¿Más muestras de lo que este cenutrio entiende por coherencia? ¿Qué les parece ésta?: mientras prohíbe (o recomienda evitar) reuniones de más de diez personas en Barcelona, le parece estupendo que un centenar de energúmenos reclutados por Omnium y la ANC se vayan de romería a Poblet, sin respetar la distancia de seguridad, para abuchear al rey. Cuando los manifestantes se vienen arriba y hay que molerlos a palos, Torra le echa la culpa de tan intolerable represión a la Casa Real y sus estrictas medidas de seguridad mientras defiende la libertad de expresión que les niega a los grupos de más de diez personas con ganas de pillar una buena tajada. Ya puestos, lo más normal en un sujeto como Torra habría sido llegar a Poblet encabezando la manifestación anti borbónica y, una vez allí, convertirse en el anfitrión protocolario del rey de España. Estoy convencido de que a él le hubiese parecido lo más normal del mundo y una muestra más de su muy especial concepción de la coherencia.

Ahí va un último ejemplo de la coherencia de Torra: responsable final del envío de mossos d´esquadra a Poblet, ahora le exige al simplón de Buch (el que rima con ruc) un informe pormenorizado de la actuación de la policía autonómica para ver si se propasaron con los inofensivos manifestantes que intentaban atravesar a lo bestia el cordón de seguridad y responsables también de cargarse el AVE entre Gerona y Figueras a base de quemar cosas en la vía que acabaron jorobando la catenaria.

Va a costar encontrar algo peor que Torra para colocar al frente de la Gene, pero yo creo que lo lograrán. Apuesto por el gasolinero Canadell, quien, siendo aún más fanático y más zote que el mayordomo de Puchi, constituye su relevo ideal. No digo que Mònica Terribas no fuese una gran presidenta de la Generalitat, pero tiene un problema gordo: es demasiado lista para un cargo que del Astut hasta ahora parece diseñado única y especialmente para zoquetes como Torra.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.