A relatar, a la ONU

Ramón de España
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Entre los 21 puntos --no de sutura, que sería lo suyo-- de la carta a los Reyes Magos por persona interpuesta que Chis Torra le ha hecho llegar a Pedro Sánchez hay uno que ha pasado prácticamente inadvertido y que a mí se me antoja una muestra muy clara del retorcido sentido del humor que anima a nuestro líder por subrogación. Exige Torra “frenar el deterioro de la imagen de España en el mundo”. Si tenemos en cuenta que tal deterioro, caso de existir, es culpa del propio Torra y de sus compadres, la petición resulta de una desfachatez y de un cinismo impresionantes. Aunque también es verdad que el jefe de su pandilla ha sido capaz de recurrir al Constitucional para que le defienda de Roger Torrent, que se supone que es de los suyos, pero parece que no acaba de serlo del todo --aunque el otro día hizo grandes méritos apagándole el micro a Inés Arrimadas en el Parlament por considerar que se estaba poniendo demasiado farruca con ese mandamás de los CDR que dice que es el presidente de la Generalitat--, otra muestra de humor siniestro a la altura de la del antiguo guardián de los sagrados pedruscos del Born.

Ante este humor que hiela la sangre, creo que el Gobierno central debería responder de la misma manera, si no fuese porque Pedro Sánchez solo piensa en aprobar sus malditos presupuestos y en no despegarse jamás de esa silla a la que se ha enganchado con varios litros de Super Glue. Tiene una oportunidad de oro con lo de ese relator que se supone que tiene que hacer de notario, de intermediario o de no se sabe muy bien qué en el encuentro entre los separatas y los secuaces del presidente Sánchez --que ahora se dedica a la auto ficción con la ayuda de Irene Lozano-- para afrontar los problemas de Cataluña, según Torra.

Mientras la justicia les dice amablemente a los observadores internacionales que no hay nada que observar y que si quieren seguir el juicio en directo solo deben madrugar y hacer cola para que no les soplen el asiento, Sánchez satisface en parte las ansias de los nacionalistas por contar con un maestro de ceremonias sacándose de la manga un relator, que es una figura que muchos creíamos que era exclusiva de la ONU, y que éste, según Carmen Calvo, no es un mediador ni nada que se le parezca, sino alguien que conozca a fondo la realidad catalana. Antes de que Torra se le adelante proponiendo a Toni Albà o a Ramón Cotarelo, creo que Sánchez debería demostrar que, puestos a tener sentido del humor, a él no hay quien le gane.

Por eso le propongo desde aquí al presidente del Gobierno que el cargo de relator caiga sobre José Mota, convenientemente caracterizado como La Vieja del Visillo, personaje acostumbrado a escuchar, fisgar, chismorrear y, en definitiva, envenenar el ambiente. Dado que, según Calvo, el relator de marras no sirve absolutamente para nada, que se trate por lo menos de alguien que contribuya al tono festivo y jocoso de la reunión. Y en cuanto a Sánchez, si de lo que va la idea es de no moverse de la Moncloa ni con agua hirviendo, que vaya encargando mientras tanto una nueva remesa de Super Glue, ya que cada día se parece más a aquel personaje de Forges que, ante la preocupación de su secretario por su salud, respondía airado: “¿Guardar cama? ¡Yo lo que tengo que guardar es sillón!”

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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