Prófugos no cualificados

Ramón de España
4 min

No sé cuanta pasta llevan recaudada los indepes para alimentar a Anna Gabriel, que parece estar más tiesa que la mojama en Ginebra, pero me temo que no va a ser suficiente para darle a nuestra cupaire favorita la vida que ella cree merecer. En vez de plantar la tienda de campaña en algún prado a las afueras de Ginebra, se ha instalado en uno de los barrios más caros de la ciudad, a no mucha distancia de otra exiliada de campanillas, la infanta Cristina. Confiaba en que le diesen curro en la universidad, pero la cosa no ha colado: puede que las exigencias suizas sean superiores a las catalanas, ya que aquí, si eres indepe, te colocan en cualquier parte, mientras que en el extranjero lo más probable es que te pregunten qué tienes que ofrecer al alumnado más allá de cuatro lugares comunes y una buena dosis de demagogia.

También el tránsfuga Comín dijo que iba a buscar trabajo en la universidad de Lovaina y aún está esperando que se lo ofrezcan. Mientras tanto, se dedica a tocar al piano canciones de Llach y no me extrañaría que pasara la boina después de sus improvisadas actuaciones. Como Gabriel, Comín es un hombre cuyos méritos, muy apreciados en Cataluña, no parecen ser vistos como tales en Bélgica. A no ser, claro está, que ambos sean víctimas de una campaña represiva y xenófoba impulsada por el CNI. Hay otra posibilidad: que sean sendas patatas de la docencia y que las universidades para las que se postulan se muestren exigentes a la hora de ampliar el profesorado.

Comín está condenado a tocar L'estaca hasta el fin de los tiempos, ya que, si vuelve a España, lo crujen. Pero Gabriel podría regresar cuando quisiera porque solo se expone a un chorreo del juez Llarena: en toda esta historia, Anna es como Averell, el mayor de los Dalton, alguien al que la justicia, que ofrecía suculentas recompensas por sus hermanos, ni lo buscaba. Yo ya entiendo que a cualquiera le apetezca pasar una temporada fuera de Cataluña, pero no hay por qué disfrazar el turismo de exilio. Y, además, ¿a quién se le ocurre irse a uno de los países más caros del mundo --por no hablar de su culto social al dinero, que es la religión oficiosa del lugar-- pudiendo desplazarse a Cuba o Venezuela, que son más baratitos y más propensos a echarle algo?: el chavismo está trufado de asesores cubanos y hasta ha dado trabajo a etarras, por lo que no sería difícil sacarle algo (sobre todo, por la manía que Maduro le tiene a Rajoy).

La idea que uno tiene de sí mismo no siempre coincide con la que tienen los demás. Gabriel y Comín lo están comprobando en sus carnes. No es que en Cataluña fuesen gran cosa, pero en Europa no son nada.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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