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El "Dream Team" de Puigdemont

Ramón de España
7 min

Los desafectos al régimen vivimos en un pasmo permanente ante las sucesivas sustituciones de los nacionalistas al frente del gobierno regional: cada nuevo líder se nos antoja más inútil y delirante que el anterior. Todo arranca de la imposible sucesión seudo monárquica que el patriarca Pujol tenía en la cabeza y que consistía en que Artur Mas le calentara la silla a su hijo Oriol hasta que éste pudiera ocuparla, no sé si con su propio nombre o con el más adecuado de Pujol II. Lamentablemente, la justicia se interpuso en el camino del joven heredero y Mas se quedó la silla para él, se sacó de la manga el prusés para pasar a la historia y disimular las mangancias del partido y a partir de ahí, la lista de frikis ya fue imparable.

Arrojado al basurero de la historia por los tiñosos de la CUP, el Astut nombró sucesor a un periodista de Girona que había llegado a alcalde de Girona y que nadie sabía muy bien quién era (supongo que Mas buscaba a alguien que no le hiciera sombra, pero le salió el tiro por la culata). Cuando Puigdemont salió pitando tras organizar un referéndum de independencia, los desafectos creímos que habría que recurrir al reino animal para encontrar un sustituto en su línea, pero Puchi bendijo a Quim Torra, un racista de pueblo monotemático y obediente: por el mismo precio, la Cataluña catalana tenía un president y Puchi un mayordomo leal, pero podría haber nombrado a un chimpancé disecado y nadie habría notado la diferencia.

Ya no se puede caer más bajo ni deshonrar más el cargo de presidente autonómico, nos decíamos, ilusos, los desafectos. Pero el nacionalismo lo ha vuelto a conseguir y Puchi parece haber encontrado el sustituto ideal de Torra, Joan Canadell, ese magnate del petróleo (atesora la friolera de doce gasolineras, casi todas de autoservicio, que luego se te van todas las ganancias en pagar sueldos) que llegó a presidir la Cámara de Comercio de Barcelona porque nuestra nunca bien ponderada burguesía, fuese por vagancia, frivolidad o pura estupidez, no fue a votar en las preceptivas elecciones mientras la ANC acudía en masa a las urnas.

 

 

Terror empresarial ante una candidatura ‘indepe’ liderada por Canadell / CG

Canadell ya había dicho que le apetecía meterse en política y había demostrado una fidelidad perruna al orate de Waterloo, hasta el punto de circular en su coche con una careta del fugitivo atada al reposacabezas del asiento del copiloto. ¡Y todavía le quedaba tiempo para la investigación científica! Lo demostró presentándose en TV3 --¿dónde, si no?-- a mostrarnos la MaskCat, una mascarilla anti coronavirus de su invención que no servía para una mierda, pero era indudablemente vistosa, con su cartulina de colorines y su plástico transparente: de hecho, parecía que Canadell se había puesto en la cabeza una caja de muñeca Barbie tras la que exhibía su ya legendaria sonrisa cazurra y autosatisfecha.

Durante los últimos tiempos, el magnate petrolífero ha cultivado la adulación a Puchi, tanto de manera presencial como telemática, y el lumbreras de Waterloo, lógicamente, ha visto que está en la misma longitud de onda que Torra, pero todavía un poco más p´allá, lo cual lo hace ideal para ejercer de presidente de la Generalitat teledirigido desde Bélgica, como su antecesor. Ni corto ni perezoso, Canadell ya forma parte de ese dream team transversal que Puchi está organizando desde la Casa de la República para las próximas elecciones autonómicas, que se celebrarán cuando a él le salga de sus gónadas y le transmita su decisión al servicio.

De momento, ya se ha asegurado los servicios de Lluís Llach --si hay elecciones en noviembre igual lo pillamos en la operación cambio de gorrito, cuando sustituye el modelo de primavera-verano, de rejilla o macramé, por el de otoño-invierno, de lana-- y de un tal Guillem Fuster, portavoz de Poble Lliure, una pandilla de la CUP, cuyo principal mérito es haber esquivado la alopecia prematura que afecta a casi todos los que son o han sido alguien en la CUP. También le ha hecho una oferta a Carod-Rovira, para jorobar un poco a ERC, que nunca está de más, y es probable que éste la acepte, pues hace tiempo que no pinta nada en ninguna parte y se debe aburrir como una seta.

Los desafectos creemos que ese dream team es un truño impresionante, pero de una lógica indudable. Personalmente, echo de menos a Ramón Cotarelo y a Jordi Galves, los dos sicofantes más serviles de Puchi, pero me consuelo pensando que la lista de ungidos aún no debe estar del todo cerrada. Por otra parte, la posibilidad de que el hombre con la cabeza metida en una caja de muñeca Barbie llegue a presidente de la Generalitat la encuentro muy verosísimil, dado el marco mental de un número considerable de los habitantes de este paisito que va a su bola sin fijarse en nada de lo que pasa fuera porque de fuera, bien lo sabía el Caudillo, solo llegan cosas malas.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.