Triginer: "Es un error querer satisfacer al nacionalismo con más competencias"

Uno de los impulsores de la unidad del PSC como dirigente de la federación catalana del PSOE, cree que "en la disputa entre identidades nunca hay ganadores"

Josep Maria Triginer, durante la entrevista con 'Crónica Global'/ CG
03.02.2019 00:00 h.
18 min

libro triginierUnidad y unidad, y gestión y objetivos. Esos son los lemas de Josep Maria Triginer (Agramunt, Lleida, 1943), uno de los muñidores del actual Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC). Fue el secretario general de la Federación Catalana del PSOE, una de las tres patas, junto al PSC-Congrés (Joan Reventós) y el PSC-Reagrupament (Josep Verde i Aldea) que conformaron la unidad socialista, en 1978. Ha pasado mucho tiempo. Triginer acaba de publicar Memoria de una transición inacabada, de la clandestinidad a la unidad socialista (Ediciones La lluvia), en que, de forma detallada, pero con un estilo minimalista, da cuenta de una unidad socialista que supuso gobernar en España, pero no en la Generalitat, cuando ese había sido el objetivo inicial. Triginer, en una entrevista con Crónica Global, elige un local del barrio de Sant Antoni en Barcelona muy elocuente: El Federal. Lo que señala Triginer es que “es un error querer satisfacer al nacionalismo con más competencias”, con la mirada puesta en la experiencia del PSC y en sus acuerdos con Esquerra Republicana, que dieron pie al primer tripartito. Triginer responsabiliza a Pasqual Maragall de iniciar la reforma de Estatut, pero defiende la gestión de los dirigentes socialistas, que mantuvieron un papel secundario en Cataluña, bajo los gobiernos de Felipe González en la Moncloa

--Pregunta: Habla de la unidad de los socialistas catalanes, que no pudieron gobernar la Generalitat en 1980, cuando todo estaba dispuesto para que ocurriera. ¿Se arrastra aquella primera gran dificultad? ¿Se equivocó el PSC al no pactar con Jordi Pujol, aunque se quiso preservar que aquella unidad socialista no se rompiera?

--Respuesta: Nosotros, y yo particularmente, viendo que seríamos la primera fuerza en España, queríamos gobernar también en Cataluña. Yo hice todo lo que pude. Lo que ocurrió es que se puso mayor énfasis en pretender ser la primera fuerza de la izquierda que en gobernar Cataluña. No se quiso hablar de cosas concretas, y es cierto que nos pasó una cosa: todos plantearon aquellas primeras elecciones autonómicas contra los socialistas, hasta se presentó el Partido Socialista de Andalucía, y con la unidad de la derecha contra los socialistas. Lo que se pretendió es alcanzar la unidad antes, como se hizo, porque en caso contrario el PSC-Congrés hubiera sido marginal, y hubiera caído en manos del PSUC, incrementando la ingobernabilidad en Cataluña. Ganó Jordi Pujol, es cierto, sin tener ni idea de gobernar. Y ahí empezaron todos los problemas de Cataluña, con la cuestión de la industrialización, que no se hizo lo suficiente para paliar una situación muy negativa para la clase trabajadora.

--¿Se optó, entonces, por no pactar con Pujol para no romper el PSC?

--Sí, el partido se podría haber roto. Había una cuestión que nunca se acabó de resolver, y es que las decisiones que se tomaban dependían mucho de las relaciones de fidelidad entre los dirigentes. A diferencia del PSOE, donde los cargos se otorgaban por estricta meritocracia, en el PSC era más importante la fidelidad. Además, se pensó que acabaríamos ganando, que se podía esperar.

--Cosa que no sucedió. ¿Ese fue el gran error?

--Bueno, lo que teníamos claro es que se gobernaría en España (la victoria del PSOE llega en 1982). Después del 23F sólo quedaba un partido para asegurar la gobernabilidad. Y se prefirió aguantar en Cataluña, en la oposición, con el PSOE gobernando en España.

--Pero CiU creó la administración de la Generalitat a su imagen y semejanza, y, en gran parte, aún se está en esa situación.

--No sólo a su imagen y semejanza. La Generalitat de Pujol se cargó todo aquello que había puesto en marcha Josep Tarradellas, con el gobierno unitario. Tarradellas quería fortalecer la Generalitat, como institución, y Pujol quería fortalecer la propia figura del presidente. Una de las cuestiones centrales fue la voluntad de crear una escuela de altos estudios administrativos, que era una propuesta de Josep Maria Bricall. No tenemos Estado propio, pero eso se puede compensar con altos funcionarios, con una gestión excelente. A Pujol no le interesó.

--¿Esa carencia se comprueba ahora, a pesar de que se puso en marcha la Escuela de Administración Pública, que ha dirigido el activista Agustí Colomines?

--Sí, porque si quieres lograr la independencia, y no tienes a nadie para el día de mañana, ¿qué garantías tendrás, cómo aseguras que las leyes se deben cumplir? Sin los instrumentos apropiados no funciona nada. Y Pujol construyó un modelo basado en el clientelismo.

--¿El PSC ha sido víctima de la necesidad del PSOE de contar con el apoyo del nacionalismo catalán? ¿No quedó marginado a partir de Banca Catalana a mediados de los años ochenta?

--El problema fue que toda la derecha española ayudó a promocionar la Operación Roca. Si no fue útil, si podía ser una alternativa en la política española, con otros elementos. Y Felipe González quería dejar de gobernar, a finales de la década, y fueron varias las veces que tuvimos que frenarle para que no lo hiciera. No lo veo como usted dice.

--¿Entonces? ¿Cómo explica que ahora se ponga en cuestión la transición, y que el nacionalismo catalán la entienda como una continuidad poco menos que franquista?

--Entrar en ello es complicado. Porque lo fundamental que deberíamos decir es que la transición se llevó a cabo porque el Rey pactó con los americanos, y el partido socialista lo hizo con los socialdemócratas europeos. Y ya está. No hubo más. Y el gran problema es que Estados Unidos decide sustituir ese acuerdo con el Rey con el 23F, porque ve que los españoles no se ponen de acuerdo, y prefiere la continuidad del franquismo.

--¿Y qué pasa?

--Pasa que Thatcher deja claro que el 23F es un acto terrorista y Reagan no se atrevió a enfrentarse a Thatcher, que tenía influencia en los países europeos y occidentales, como primera ministra del Reino Unido. Se abrió un proceso de negociación. Los hechos van en esa dirección, aunque no haya pruebas documentales.

--¿Y se frena el autogobierno de Cataluña, a partir de ese momento?

--Es otro momento. Es más complejo que sostener esa afirmación. Pero el proceso autonómico se mantiene.

--¿Y el PSC? ¿La federación catalana del PSOE se resigna a tener una posición secundaria?

--Felipe González, para defender los intereses de España y del gobierno socialista, tenía que dejar ganar a Obiols y compañía. Porque, en caso contrario, hubiera supuesto reforzar al nacionalismo, perjudicando la imagen del socialismo en general. Lo que ocurrió fue que llegaron momentos difíciles. Era una espada de Damocles. Si provocabas un lío interno, entonces sufría el PSC, y es lo que no se quería que sucediera.

--Pero la federación catalana del PSOE era la parte minoritaria del PSC. O esa es la versión que se ha defendido desde el PSC.

--No era verdad. Yo tenía los números en la mano. Otra cosa es que el catalanismo, sólo por serlo, tiene un áurea de gestionar mejor para poder liderar el proyecto. Pero el PSC-Congrés era una agrupación de cosas diferentes, y el PSC-Reagrupament eran muy pocos. La cuestión es que si lograbas la unidad, como pasó, se unía el obrerismo con las clases medias ilustradas, con un proyecto común, y eso era lo que se parecía más a la realidad de Cataluña.

--¿Qué partido se parece ahora más a la realidad de Cataluña?

--Me parece que ninguno.

--El nacionalismo, para justificar en parte todo lo que ha sucedido en los últimos años, asegura que la Operación Tarradellas fue una estrategia de Adoldo Suárez para frenar a la izquierda y al nacionalismo. Pero, ¿no fueron ustedes los que impulsaron su retorno?

--Sí, Reventós y yo mismo. Le pedimos a Suárez y al Rey el regreso de Tarradellas. Lo que pasó es que Tarradellas negoció con el Rey de forma brillante, después de rechazar la oferta de Suárez de presidir una Mancomunidad de Municipios, como sí aceptaba Jordi Pujol. Tarradellas le dijo al Rey que podía aceptar una institución republicana, como la Generalitat, mandando un monarca a un republicano. Y el Rey dijo “hágase”. Y se recuperó la Generalitat.  

--¿Pero Suárez no lo aprovechó para parar a la izquierda?

--Las encuestas que tenía Suárez, que eran las mismas que nosotros recibíamos, mostraban que si el PSUC no se presentaba a las elecciones, los socialistas ganarían las elecciones. Lo que se quería era condicionar a todas las partes. Y es verdad que la legalización del PCE también servía para que los socialistas no ganaran de forma amplia. Pero, al margen de todo, se recuperó la Generalitat.  

--El PSC ha tenido grandes problemas con el llamado derecho a decidir. El independentismo se acoge a que el PSOE reconocía el derecho de autodeterminación de los pueblos, y que quien lo defendió fue, ni más ni menos que Rubalcaba.

--Rubalcaba era una persona que procedía de la federación de partidos socialistas, que era muy partidaria de las tesis de la nueva izquierda y consideraba que había una relación entre clases y también entre pueblos. A partir de esos criterios Rubalcaba lo que hizo fue plantear las tesis desde Madrid, desde la nueva izquierda. Me encontré en el Congreso de Suresnes, en la comisión de autonomías, con esa cuestión. La federación de Madrid incluyó la autodeterminación, pero no se asumió. Por ejemplo, no fue incluido ni en el protocolo de unidad del PSC.

Josep Maria Triginer, durante la entrevista con 'Crónica Global'/ CG

Josep Maria Triginer, durante la entrevista con 'Crónica Global'

--¿Entiende el derecho a decidir, el referéndum de autodeterminación que reclama el independentismo? ¿Por qué cree que surge?

--Hay muchas razones, el problema principal es una crisis económica enorme, con Artur Mas sin capacidad de encontrar una salida, con un gasto enorme por parte de la Generalitat. O le ayudaba el Estado, o la comunidad entraba en quiebra, y, con ella, el Estado. Yo expliqué en un libro, en 1985, la idea de la discontinuidad del cambio, el hecho de que el crecimiento económico no puede ser indefinido. No se pensó en las consecuencias de los actos, ni en la capacidad de gestión. Yo eso que reclaman no lo veo. Además, falta formación política. Sin Estado, no puedes hacer un país. Y sea cualquiera el acuerdo que alcances, el Estado español tiene más poder que Cataluña.

--¿El catalanismo debía derivar de forma natural hacia esa petición de un Estado propio, y, por tanto, para muchos catalanes el catalanismo ha sido un engaño?

--Todo nacionalismo tiende a buscar un Estado propio, la gente cree más en lo suyo, en su propia cultura, pero, al final, la interdependencia con el entorno es inevitable y la España autonómica es un hecho y un producto del acuerdo con los países europeos. Lo hemos hecho desde la transición. Y esos mismos países, como Francia o Alemania, nos han pedido concesiones, como ocurrió con Alemania, que logró la unidad del país con la incorporación de la Alemania Oriental.

--¿Entonces, el catalanismo deriva hacia el nacionalismo?

--El catalanismo deriva en nacionalismo cuando no tiene otra salida. Había independentistas al inicio de la transición, alrededor de Xirinacs, pero tenían pocos votos, porque había más expectativas en la democracia que en otra cosa.

--¿No ha tenido salida ese catalanismo?

--Eso es subjetivo, claro, nos movemos en la subjetividad. Yo soy muy racionalista, y cuando decidí enrolarme en la federación catalana del PSOE lo hice porque era el único partido que yo veía racionalista, porque todo el resto de fuerzas políticas parecía que intentaban repetir la guerra civil de una manera o de otra.

--Los errores del PSC llegan con el acuerdo con Esquerra Republicana?

--Se equivocó, sí, pero no por ir con ERC, sino porque con la formación de un tripartito debes tener un proyecto compartido, y no ir cada uno por su lado, como ocurrió.

--¿Y no fue un error impulsar un nuevo Estatut, con todo lo que ha sucedido, con la sentencia posterior del Tribunal Constitucional y el proceso independentista?

--Sí, cierto. Y la responsabilidad es de Pasqual Maragall. El catalanismo se sabe lo que es desde el punto de vista sentimental, pero no ya desde el punto de vista político. ¿Qué puede ofrecer? Y se optó por lo fácil, por aumentar las competencias. No son ninguna garantía. Hay más poderes, en la Justicia, en el ámbito económico, en la sociedad. Si ofreces competencias para lograr satisfacer a ese nacionalismo, siempre habrá cosas para sentirse insatisfecho. Es un error querer satisfacer al nacionalismo con más competencias.

--¿Cree que el proceso independentista, como sostiene Puigdemont o Junqueras, se puede considerar un proceso democrático, y que, por tanto, hay una represión judicial injustificada?

--Desde un punto de vista democrático existe el derecho de la mayoría a poder gobernar y el poder de la minoría a ser respetada. Ha habido un error, en todo caso, para mí, y es pensar que el Estado democrático es sólo el Estado de derecho. Entonces, en los años 60, España se podría haber entendido como un Estado democrático, porque ya era un Estado de derecho. No, hay más cosas, y España es un Estado de derecho, democrático y social. Y eso lo ha recordado el Rey. Lo que pasa es que los que mandan no se han leído la Constitución.

--¿Ve alguna salida, con el inminente juicio ahora a los políticos presos?

--Hay una especie de principio, para mí, y es que en la disputa de identidades nunca hay ganadores. Ocurre en Estados Unidos, en el Reino Unido, en Rusia. Los sentimientos no pueden ser gestionados. Son percibidos, pero no se pueden gestionar.

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