Menú Buscar
El periodista y escritor Sergio Vila-Sanjuán, durante la entrevista con 'Crónica Global' / CG

Vila-Sanjuán: "El castellano ha forjado la identidad catalana"

El periodista y escritor, que publica 'Otra Cataluña', sobre la creación catalana en castellano, asegura que el pujolismo "olvidó" conscientemente una parte "necesaria y básica" de la cultura

23.09.2018 00:00 h.
14 min

Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) lleva años entre papeles y libros, rescatando historias que también narra en novelas como Una heredera de Barcelona (Destino). Periodista​ cultural y escritor, responsable del suplemento Cultura/s en La Vanguardia, considera que la cultura catalana se debe entender como la creación, a lo largo de los siglos, en dos lenguas, el catalán y el castellano, además de otras, como el latín. La influencia ha sido mutua, pero la identidad catalana, a su juicio, no se entiende sin la aportación de creadores en castellano, como Campmany, Balmes, Pi Ferrer o Pi Margall. A su lado, formando parte de la misma cultura catalana, han sido también determinantes escritores en lengua catalana como Josep Pla, Verdaguer o Sagarra. Tiene claro, por tanto, que “El castellano ha forjado la identidad catalana”, y lamenta que el nacionalismo haya prescindido de ese legado, “como si no existiera”. Acaba de publicar Otra Cataluña, seis siglos de cultura catalana en castellano (Destino), un manual para conocer quién fue Enrique de Villena, Estefanía de Requesens, o Francesc Canals, o Balmes, del cual recomienda la lectura de El Criterio, que, según Vila-Sanjuán, no ha perdido vigencia.

--Pregunta: ¿Qué ha pretendido con este libro titulado Otra Cataluña?

'Otra Cataluña', de Sergio Vila-Sanjuán--Respuesta: Es un tema que he ido trabajando hace ya algún tiempo. En Cataluña ha habido una convivencia entre las dos lenguas, castellano y catalán, pero faltaba información básica sobre una parte. Se ha publicado mucho sobre la historia de la literatura en catalán, pero poco sobre la tradición catalana en lengua castellana. Constaté que, desde 1910, no se había actualizado esa información. Lo hizo Miquel dels Sants Oliver, en una serie de largos artículos. Durante todo ese tiempo, se han descubierto publicaciones, se han realizado estudios muy serios, y faltaba el relato de todo eso, porque creo que es muy sustantivo para la propia cultura catalana.

--¿Hay una tesis inicial, y la ratifica después, o se ha encontrado con sorpresas?

--Conocía el tema, y me estimulaba la idea de que se identifica la cultura catalana con la cultura en catalán, y me parecía que eso no es correcto. La cultura catalana se produce en dos lenguas, como mínimo, catalán y castellano, porque después también está el latín. Pero con Jordi Pujol todo eso se minimiza. El nacionalismo deja de lado ese hecho, porque no le interesa para su proyecto de construcción nacional. Hace ver como si no existiera. Se dice que el castellano es producto de la imposición franquista, que es una excepcionalidad. Y no es así.

--¿Cómo fue?

--Antes de la Guerra Civil, hay autores que ya lo analizan, como Manuel de Montoliu. Conocían una realidad a partir de dos lenguas. En los años 70 y 80 se intenta identificar la cultura catalana con la cultura en catalán. Y se deja la otra parte. Eso ha sido un estímulo para escribir este libro.

--¿Dice que se actuó como si no existiera?

--Sí, el pujolismo, los altos cargos de la Generalitat no se ocuparon de este asunto. Mientras que en el País Vasco los premios literarios se otorgaban en las dos lenguas, castellano y euskera, en Cataluña sólo se ofrecen en una, el catalán. La Institució de les Lletres Catalanes o el Institut Ramon Llull, ya de entrada, dejan claro que no se ocuparan de la cultura catalana en castellano. Todo eso queda desistido, se deja de lado parte de la cultura catalana, que ha tenido éxito, y que ha tenido proyección internacional para Cataluña, que la ha enriquecido. Son dos lenguas que han sido una riqueza, que existen.

--Usted aporta que la producción catalana en castellano se da ya en el siglo XV, y no a partir del XVI

--Lo que constato es que la producción cultural catalana en castellano es importante ya en la edad media y en el Renacimiento, con nombres como el príncipe Enrique de Villena, Francisco de Moner, o Juan Boscán. Son miembros de la elite catalana, pertenecientes a familias nobles, que, tras el Compromiso de Caspe, con la entrada de la dinastía de los Trastámara, se castellanizan. Es fascinante, por ejemplo, el caso de Estefanía de Requesens, que fue tutora, en la práctica, de Felipe II, una vez se va con su marido a la Corte. Con su madre, la condesa de Palamós, escribe en catalán. Con su hijo escribe en castellano. Una parte de la elite catalana cambia de idioma. Otro caso, es Joaquín Setantí, perteneciente también a la elite barcelonesa, que se relaciona con los duques de Alba, con sus aforismos en castellano.

--Más tarde, ¿cómo se dividen esas diferentes etapas?

--Un segundo momento llega en el siglo XIX, los precursores de la Reinaxença, con autores como Jaume Balmes, uno de los escritores de más éxito del XIX en España. Se trataba de un sacerdote moderado, que combina religión y modernidad. Sus libros están en todas las casas. Después Pablo Piferrer o Manuel Milà i Fontanals, que participan en grandes proyectos editoriales. En el caso de Piferrer, con Recuerdos y bellezas de España, un hito del Romanticismo. Son catalanes con éxito. Luego, a principios del XX, con catalanes que triunfan desde Madrid. Se trata de nombres como Eduardo Marquina, con En Flandes se ha puesto el sol, o de Bartolomé Soler, con sus novelas, como Marcos Villarí. Después tenemos la tradición anarquista, con Federica Montseny, que escribió en castellano, con sus novelas, que tuvieron mucho éxito. Tras la Guerra Civil, ya es más conocido, con distintas iniciativas alrededor de Destino o Seix Barral, que son fundamentales en la cultura española del XX, con Carlos Barral, Gil de Biedma, o Josep Maria Gironellla. Y el presente, con autores como Eduardo Mendoza, Javier Cercas, o Carlos Ruiz Zafón.

--Usted se refiere también a la potencia editorial, a la industria.

--Si, Barcelona es capital editorial desde el siglo XV. Los talleres de imprenta empiezan a funcionar, con nombres a lo largo del tiempo, a finales del XIX, como Montaner y Simón, Salvat o Espasa que distribuyen en toda Hispanoamérica. Hay tradición en castellano y en catalán, que representa el 25%. La edición en castellano, con una conexión básica en Cataluña, tiene tres grandes momentos universales, con El Quijote, San Ignacio y su estancia en Manresa, con sus ejercicios espirituales, y que será fundamental para su proyecto como fundador de la Compañía de Jesús, y con el boom sudamericano en los años sesenta, con la universalización de la literatura en castellano, con sus grandes escritores en Barcelona.

--¿Se crea un mercado desde Barcelona?

--Hay un negocio, y se percibe y se aprovecha. En Barcelona se crea un clúster con toda la industria relacionada: hay traductores, escritores, talleres, encuadernadores... Todo eso se va manteniendo a lo largo del tiempo.

--El nacionalismo se refiere a los tiempos de la República, y los años anteriores, como a una época de oro de la edición en catalán. ¿Y el castellano en ese momento? ¿Existía realmente una hegemonía del catalán?

--Con la República se ha retroproyectado una hegemonía que no era real. Se intenta difundir que antes del franquismo el catalán era hegemónico en todos los ámbitos. Pero no era así. Era la lengua de la alta cultura, de la poesía, de la novela y de las instituciones, pero en otros ámbitos lo era el castellano. En la prensa, por ejemplo. El diario más importante era La Vanguardia, que vendía 300.000 ejemplares. Otro diario, también en castellano, El Diluvio, vendía 150.000. Y el que más vendía en catalán se quedaba en 30.000 ejemplares. El periodismo, antes de la Guerra Civil, tenía una fuerte presencia del castellano. A partir de 1900 hay ámbitos donde domina el catalán, y en otros el castellano. En la edición, el catalán representa el 25%. En teatro, con las obras de Amichatis, el castellano es dominante, y con fenómenos interesantes, como el libro de Francisco Madrid, Sangre en las Atarazanas, precursor del periodismo narrativo. Hay mucho bilingüismo. Luego, en el Ateneu, en la universidad, en la alta cultura, domina el catalán. Los impulsores de la Reinaxença son profesores, filólogos, y eso es determinante para el catalán.

--¿Se reparte, entonces, por clases sociales?

--Por áreas sociales, sí. Pero también hay mezcla. La alta sociedad, la nobleza, familias como los Güell, con dos de sus miembros que publican sus memorias en castellano, apuestan por la lengua castellana. También los anarquistas, con sus novelas en castellano. Y hay otros casos, como Eduardo Marquina, que, pese a estar relacionado inicialmente con el catalanismo, se va a Madrid, y crea obras de teatro de recuperación del imperio español, de línea dura. Le dedicará poemas a Franco, y el propio dictador le enviará por Sudamérica como una especie de embajador diplomático. Muere en Nueva York, y es enterrado en España con todos los honores, un catalán nacido en la calle Montcada de Barcelona.

 --Entonces, ¿hay alguna línea política que se pueda establecer en función de la utilización de la lengua?

--No se puede establecer ninguna línea. Hay gente de Falange, con Luys Santamarina, Félix Ros o Eugeni d’Ors, que acabó simpatizando con el falangismo. Luego está Pi i Margall, federalista, que tiene seguidores radicales, como Ferrer i Guàrdia. Y conservadores, como el sacerdote Sardá i Salvany. La tradición catalana en castellano tiene autores de derecha, de extrema derecha, pero también de izquierda y de extrema izquierda, antes de la propia Guerra Civil.

--¿Eso se ha olvidado, y se relaciona la lengua como una señal identificadora? 

--Sí, se relaciona la lengua con la idea de proyectar una imagen homogénea de la cultura. Pero lo que se demuestra es que es plural desde el siglo XV. Hay dos lenguas. El castellano es predominante entre 1550 y 1850, durante tres siglos. Ese peso no se puede obviar ni dejar de lado. No es la lengua de los colonos. ¡Ojo!, es que el castellano es la lengua que ha contribuido a configurar el carácter catalán, ha forjado la identidad catalana. No se puede olvidar a Antonio Campmany, a Balmes, a Pi Ferrer, a Pi Margall. Son autores en castellano que, junto a Josep Pla, Verdaguer o Sagarra, configuran la identidad catalana.

--¿A Balmes habría que recuperarlo?

--Sí, entiendo perfectamente que Balmes tuviera tanto éxito. Es interesante releerlo. Obras como El Criterio, muestran un gran sentido común. Es esa apuesta por el seny, y parece como un libro de autoayuda, de estilo americano, que ahora triunfan. Da ejemplos a amigos suyos, explica qué preguntas habría que formular para ayudar a los hijos a que elijan bien sus estudios, explica cuestiones de vida cotidiana... El Criterio aguanta bien el paso del tiempo. Pla dijo que era lo mejor del siglo XIX, el equilibrio entre la modernidad y el conservadurismo.