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El economista Josep Oliver, durante la entrevista con 'Crónica Global' /CG

Josep Oliver: “Si no se atiende la insuficiencia financiera de Cataluña, el independentismo subirá”

El economista, autor de 'La crisis económica en España', señala que todos los esfuerzos de los dirigentes económicos catalanes se deberían situar en cómo mejorar la competitividad

12.05.2019 00:00 h.
24 min

Oliver libro economía

Josep Oliver (Girona, 1946) se muestra escéptico. Sus ojos se achinan y brillan y recuerda que lleva décadas reclamando que en Cataluña y en el conjunto de España se ponga más atención en la formación profesional, en los aspectos demográficos y en la necesidad de ganar competitividad​. Él también, como otros economistas, no acertó con la burbuja inmobiliaria, y con la posible absorción, por el mercado, de la fuerte inmigración que se produjo en los primeros años de los 2000. Al final todo explotó, y se convirtió en una crisis de deuda. Oliver es catedrático de Economía aplicada en la UAB, colaborador en medios y ha publicado decenas de estudios centrados en los problemas de futuro que plantea el modelo de crecimiento, respecto a la economía española y catalana. Ha publicado La crisis económica en España (RBA) en el que explica su particular visión, que choca con la idea general de otros autores que responsabilizan a países como Alemania de no ser más solidarios con la periferia europea. Para Oliver los problemas de España son propios y se deben a una pérdida de competitividad. Aunque crítico con el proceso independentista en Cataluña, este economista que se explica con fluidez señala en una entrevista con Crónica Global que se debería llegar a acuerdos para que la comunidad no pierda peso económico en los próximos años, en un contexto de globalización. “Si no se atiende la insuficiencia financiera de Cataluña, el independentismo subirá”, asegura, tras aconsejar a las elites económicas a que fijen objetivos y sean capaces de establecer planes estratégicos de futuro.

--Pregunta: ¿Cataluña está condenada a perder su primera posición en el PIB español, que mantiene por muy poco frente a Madrid?

--Si miramos los últimos 25 años, veremos que el PIB de Madrid ha pasado de un 14% al 19%. Se trata de un proceso que es común a otros territorios en Europa, por el efecto capitalidad, y por la terciarización de la economía. En Cataluña los servicios han ganado diez puntos, del 66% al 76% en los últimos diez años, con un menor peso de la industria. Madrid se ha visto reforzada de todo ese proceso global, y no se debe al proceso independentista, aunque éste no ayude a atraer inversiones. Lo que sí se debe al proceso es que, desde el punto de vista político, se ha hecho poco por revertir esa situación, porque otras regiones europeas como en Alemania o en el norte de Italia, ese peso de la industria se ha podido mantener. De hecho, creo que todo lo que ha pasado en Cataluña, y que parte del Estatut, obedece en gran medida a un intento de paliar ese fenómeno. Lo vio Pasqual Maragall, al entender que Cataluña iba a necesitar más herramientas para poder competir en esa globalización, desde el momento en que España, al entrar en la Unión Europea en 1985, todos los territorios se ven en la obligación de competir. España abre sus mercados y Cataluña abre también su economía, y España en su conjunto, que aumenta sus importaciones. Lo que veo, por tanto, es que Madrid, sí, acabará siendo la primera comunidad por PIB por esa dinámica de globalización. 

--Entonces, ¿no debería haber puesto todos sus esfuerzos Cataluña en esas cuestiones, y no en un proceso independentista que resulta imposible?

--Sí, claro. Lo intentó el tripartito, con el plan estratégico. Se vio a partir de 2001, cuando la empresa Lear se fue de Cervera a Polonia. Ese fue un punto de inflexión. Se buscó entonces un gran acuerdo entre sindicatos y empresas para establecer lo que la economía catalana iba a necesitar en pocos años. Llegó la crisis y se perdió ese horizonte.

--En el actual contexto, ¿qué denota la elección de candidatos de la ANC en la Cámara de Comercio de Barcelona?

--Denota que hay una parte de la sociedad catalana que está en una vía relativamente radical, aunque no es mayoritaria. A pesar de los resultados, que pueden resultar espectaculares, creo que se podrá mantener el rumbo de la Cámara, el que tenía hasta ahora.

--¿Implica eso que una parte del empresariado no ha estado atenta, que no sabía lo que estaba pasando, o que hay otra parte realmente muy movilizada, con sus objetivos muy claros?

--Las dos cosas, es evidente que han pasado las dos cosas. La Cámara es una institución muy importante, y eso ha ocurrido. Lo que debemos esperar es que se mantenga un rumbo que debe beneficiar al conjunto de la economía.

--¿Qué deberían hacer los dirigentes del mundo económico en esas circunstancias, con un proceso independentista que todavía sigue con mucha potencia?

--Yo creo que se debería retomar el discurso del acuerdo estratégico. La economía catalana es una economía muy abierta, competitiva, que debe hacer frente al cambio técnico, con la inteligencia artificial a nuestras puertas. Lo que se pedía hace más de diez años es lo mismo que necesitamos ahora. Tenemos un problema educativo, con un exceso de graduados, con carencias en la formación profesional, con fracaso escolar. Se crece, pero por un aumento también grande de masa laboral. Y con eso la competitividad no aumenta. Debemos pensar que hace 15 y 20 años se creció mucho, pero fue a causa de hasta tres devaluaciones de la peseta, antes de entrar en el euro. Las clases económicas deberían luchar en ese campo, y enfrentarse con Madrid y con lo que fuera necesario. La mejora de la competitividad debería ser una obsesión. Soy escéptico, claro, porque llevo décadas en esa línea y no veo mejoras.

El economista Josep Oliver, durante la entrevista con 'Crónica Global' /CG

El economista Josep Oliver

--Entonces, ¿se ha errado en las prioridades?

--Claro, porque la vía era el plan estratégico, seguir una línea hasta el final. Entiendo que el debate con Madrid es durísimo, y que es un interlocutor poco fiable, pero se debe perseverar. En el Estado de las autonomías que se ha creado, cualquier reajuste que implique más recursos para Cataluña se verá mal y se producirá un escándalo. Los propios partidarios del federalismo se pelearán entre ellos, pero es que la alternativa, la pataleta de la independencia no es ninguna alternativa, ni es inteligente. La posición inteligente es la de los vascos, que, aunque tengan el concierto económico, luchan y pelean por su estructura económica, y pese a ello, pierden posiciones en la industria, porque la competencia internacional es feroz.

--¿En qué medida Cataluña se vio inmersa en la crisis económica española de 2007-2008? ¿Como la que más, con el mismo proceso de endeudamiento, con la misma alegría producto de la entrada de España en el euro?

--Exactamente igual. Aunque no existen cifras oficiales de deuda familiar y empresarial (lo que no deja de ser sorprendente), el crecimiento del crédito a los sectores residentes en Cataluña (familias y empresas) fue del mismo orden de magnitud que en el conjunto español, al igual que fueron tan o más intensos los aumentos de ocupados inmigrantes, viviendas e ingresos públicos. Dicho de otra forma: las burbujas crediticias, poblacionales, inmobiliarias y del mercado de trabajo que caracterizaron el boom de los dos mil en España tuvieron lugar igualmente, e incluso con mayor intensidad, en Cataluña.

--En proceso soberanista ¿es fruto de ese despertar, cuando se produce la crisis? ¿Es la respuesta particular que se produce en Cataluña a ese hecho, o responde a cuestiones estrictamente políticas mal encauzadas como el Estatut?

--Su origen es multifactorial. Por descontado que el desencanto del Estatut, y el anterior desprecio por parte del gobierno de Aznar a demandas más que justificadas, es muy relevante. Y ello porque no se ha comprendido el origen económico de la propuesta de Estatut: la demanda de mayores recursos para Cataluña obedecía, y obedece, a que está sufriendo más que otras partes de España los distintos choques de la globalización, como se decía antes. Se trata de una economía mucho más abierta al resto del mundo, con mayor potencia industrial que es donde las deslocalizaciones de los primeros dos mil y el aumento de la competencia internacional es más severa. El Estatut de Maragall respondía, entre otros aspectos, al cambio de los flujos comerciales Cataluña-España que nuestra entrada en la UE ha modificado y los retos de la globalización. Para afrontar esos cambios era preciso, y continua siéndolo, que Cataluña disponga de mayores recursos y poder de decisión en aspectos claves que afectan la competitividad y la productividad: puertos, aeropuertos, infraestructuras viarias y otros ámbitos competenciales. Se olvida que, en 2015, más de 1.000 empresarios reunidos en ESADE demandaban que las instituciones catalanas participaran en la gestión de El Prat. O que, en plena expansión 2004-05, el Govern tripartido de Montilla lanzara una apuesta por un Pacto con sindicatos y organizaciones empresariales para mejorar la competitividad y la internacionalización de la economía catalana. Por ejemplo, los continuos problemas de la red de cercanías de RENFE en aquellos años, que lastimosamente sólo se han corregido en parte, eran un constante foco de tensión, económica y social.

--¿Y el Estatut, qué lugar ocupa?

--Sobre este trasfondo de creciente insatisfacción llega la sentencia del Estatut y, poco más tarde, la política de recortes de la Generalitat de Mas, que se genera mayores tensiones (hay que recordar que el Parlament de Catalunya es sitiado y que Mas ha de llegar al mismo en helicóptero) añadan los problemas de la corrupción y este es el caldo de cultivo en el que se produce el cambio de actitud de CiU. Finalmente, la crisis genera en Cataluña, como en todo Occidente, la percepción que el futuro se ha deteriorado radicalmente, y que el ascensor social ha dejado de funcionar. Este aspecto, del que hay hoy pocas dudas que sea cierto, genera una oposición a las élites económicas y sociales que han dirigido el país. Y la emergencia de partidos antisistema es su manifestación más clara. El independentismo tiene, en este ámbito, muchos puntos de contacto con los movimientos populistas del resto de España, de Europa o de los EEUU: frente a la angustia ante un futuro que se advierte muy negativo, las ofertas que prometen mejoras sin dolor ganan la apuesta.

--La economía necesita tiempo para ver si determinadas políticas tienen fruto. ¿Ha desaprovechado España y Cataluña en particular la crisis económica para caminar hacia otro modelo, o eso era imposible de articular en todos estos años?

--Se ha perdido el tiempo sólo parcialmente. En el activo, hay que señalar que jamás en la moderna historia del país hemos tenido un período tan dilatado de superávits exteriores. Ello es absolutamente preciso dado que el endeudamiento exterior continua en niveles excesivos. Parte de esta mejora, a través del auge exportador y la contención importadora, obedece a las duras reformas de la crisis, en particular las laborales, aunque una parte no menor responde a la dinámica de los precios del petróleo, al deterioro de las condiciones turísticas en el norte de África y a la política del BCE (la caída de los tipos de interés ha reducido la presión sobre la balanza de rentas). También hay que destacar positivamente las dos reformas de pensiones, aunque ahora estén parcialmente cuestionadas. En el pasivo, y entre otros aspectos, no se puede dejar de destacar que continuamos a la cola europea en peso de los ingresos públicos en el PIB; que la más que necesaria reforma educativa ni está ni se la espera; que continuamos también en el último vagón en gasto en I+D; y que, como resultado final, nuestra productividad continúa anclada en un mísero 0,5% / año, similar al de los dos mil.

--¿Se engaña Cataluña en su conjunto si considera que sigue creciendo y que la inestabilidad política no tendrá una influencia decisiva? ¿Se comprobará en poco tiempo o a medio plazo?

--Por descontado. Sería difícil no pensar que las decisiones de inversión en capital productivo, que son las que determinan en el medio plazo nuestro crecimiento, no se están viendo afectadas por un clima de inestabilidad que no se sabe cómo finalizará.

--España en su conjunto ha logrado aumentar el porcentaje de sus exportaciones. Pero, ¿es engañoso, exportan más las empresas, o sólo las grandes empresas que distorsionan con sus números el resto del tejido empresarial?

--El auge exportador es, probablemente, el mejor legado de esta dura crisis. Se ha ampliado el número de empresas exportadoras en un porcentaje no menor; al mismo tiempo, parece (aunque la evidencia no es concluyente) que las mejoras de competitividad que este auge exportador han mostrado se han trasladado, también, al interior, de forma que las importaciones están creciendo menos que en el pasado. A ello hay que añadir el aumento del turismo internacional, a unos ritmos ahora ya difícilmente sostenibles.

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Josep Oliver, en la entrevista con 'Crónica Global'

--Usted ha ido a contracorriente. Su libro es una muestra, al entender que las características de España eran particulares, por un exceso de endeudamiento. Responsabiliza a un cierto clima académico y a la pasividad de las autoridades. ¿Se ha corregido esa cuestión?

--Cierto que he ido a contracorriente aquí, en España. Pero ya desde 2010 en adelante quedó claro, para la Comisión Europea, el FMI y el que quisiera ver lo que había pasado, que España formaba parte del paquete de países que desde Irlanda a Portugal y Grecia más se habían endeudado con el exterior en la fase de expansión 1997-2007. Y es del todo cierto que fueron errores de la academia, postulando que los déficits exteriores si los generaba el sector privado, no tenían importancia; o considerando una racionalidad a todas luces inexistente en el papel del endeudamiento del sector financiero y de los hogares en sus decisiones económicas. Este clima desde la academia afectó profundamente a las autoridades: la mejor intervención ante posibles burbujas de crédito o de los precios de los activos, en opinión de Alan Greenspan y la Fed, era que no había que intervenir. Sólo si la burbuja estallaba, como que mostraría que en efecto el proceso era insostenible, había que intervenir en los mercados para evitar males mayores. En el área del euro y la UE ha habido una corrección clara. El establecimiento del llamado Macroeconomic Imbalance Procedure a partir de 2010/11, que determina un conjunto de indicadores de competitividad y de desequilibrios de balance (del país y del sector privado) es el reconocimiento que el control únicamente del sector público fue un tremendo error. Aunque sus efectos habrá que verlos en el futuro, el que exista un Procedimiento de desequilibrios macroeconómicos excesivos junto al del déficit excesivo va en este sentido. España, por ejemplo, continua entre los países europeos con desequilibrios económicos excesivos, por su elevada deuda interna y externa entre algunos de ellos.

--¿Entiende que en Cataluña el acento en un proyecto político independentista es un error, y que se ha descuidado poner en marcha un verdadero pacto por la competitividad, como se apuntaba antes?

--Obedecen a aspectos dispares, aunque tienen algún punto de conexión. En todo caso, de no atenderse a la insuficiencia financiera de Cataluña, que dificulta o imposibilita la adopción de políticas de mejora de la productividad y la competitividad exterior, el proyecto político independentista subirá, continuará ganando sostén.

--Como economista y conocedor de la evolución económica de Cataluña, ¿considera que el poder político, o las carencias de ese poder, han sido el lastre para un salto adelante como economía globalizada y competitiva?

--Ya he comentado anteriormente que este ha sido el elemento nuclear del debate Cataluña-España. Y que no está resuelto. Cataluña es una economía muy abierta, con problemas para mantener su tejido industrial en un mundo extraordinariamente competitivo y global. Sin el poder político adecuado, y la suficiencia financiera pertinente, no me cabe duda que Cataluña ha ido perdiendo oportunidades.

--Usted entiende y apoya el rol de Alemania en el seno de la Unión Europea. ¿Puede ahora dar un paso más, o debe mantener ese cierto recelo o desconfianza hacia Francia o hacia los países del Sur de Europa?

--El problema con Alemania y su papel en el seno de la UE es doble. Por un lado, en su interior hay poderosas fuerzas que apuestan por mantenerse al margen de un proyecto político europeo más ambicioso, al tiempo que su historia no ayuda a que adopte el papel hegemónico que ya tiene en el ámbito económico, pero que rechaza en el militar y en el político. No creo que Alemania ni el resto de la UE puedan en los próximos años avanzar mucho más de dónde estamos. Visto como está hoy la UE, quedarnos como estamos es ya un éxito.

--¿Ha entendido España, sus principales dirigentes políticos y empresariales, y la elite académica qué supone formar parte del euro? ¿Ese ha sido el principal problema?

--La incorporación al euro fue un espejismo. Parecía el final de nuestro acercamiento a Europa y no era más que el principio de una historia mucho más compleja, y difícil dado que no podríamos utilizar la devaluación de la peseta en el futuro. La crisis posterior y las reformas que la Comisión ha obligado a adoptar han cambiado algo la percepción de lo que el euro significa. Pero la discusión sobre nuestra situación en el euro y en la UE continúa prácticamente ausente del debate nacional. Parecería como si hubiéramos interiorizado que somos un furgón de cola y que sólo podemos seguir a remolque de Alemania y Francia.

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