Bartomeus: "La inmersión lingüística es lo mejor que se ha hecho en 50 años"

El politólogo considera que el catalanismo tiene ahora una oportunidad para evitar que Cataluña se convierta en un país fragmentado como Bélgica

El politólogo Oriol Bartomeus, autor de El gran terràtremol, en la entrevista con 'Crónica Global'
09.09.2018 00:00 h.
11 min

Oriol Bartomeus (Barcelona, 1971) tiene claro que Cataluña se expone a una división dramática en función de los pasos que los diferentes actores políticos den en los próximos años. Politólogo, acaba de publicar El Terratrèmol silenciós (Eumo Editorial), en el que demuestra el cambio generacional que se ha producido en las últimas décadas y cómo puede incidir y ya lo ha hecho en el comportamiento electoral. Cree que el independentismo ha tocado la pared, pero defiende que no se puede ofrecer una alternativa sin tener en cuenta el catalanismo y lo que se ha conseguido desde la democracia. Por ello, entiende que “la inmersión lingüística es lo mejor que se ha hecho en este país en los últimos cincuenta años”. Pide no caer en la dinámica en la que entró Bélgica, con dos comunidades divididas.

--Pregunta: ¿El catalanismo tiene alguna oportunidad?, porque se le ha dado por muerto, frente al independentismo, y Ciudadanos aparece como la alternativa que quiere combatir ideológicamente al nacionalismo, y proponer otro eje político superador de esa dinámica.

'El terratrèmol silenciós', de Oriol Bartomeus--Respuesta: Yo creo que, finalmente, ese catalanismo que había sido central, puede tener una oportunidad. Se dan las condiciones necesarias para que una parte de la sociedad se ponga las pilas. Hemos vivido un acelerón, que ha afectado especialmente a ese catalanismo integrador. A ese catalanismo, que se había apoltronado, le ha faltado músculo. Pero los hechos de otoño del pasado año han provocado que una parte del catalanismo haya tomado consciencia del peligro que significa para el país una dinámica que puede reventarlo todo. No sólo se trata de dos bloques políticos, sino de dos bloques sociales, y todo puede saltar por los aires, justo cuando se quería mantener un discurso, un proyecto y una lengua comunes.

--¿Esa ruptura ya se ha producido?

--En parte sí. Hemos estado cerca del enfrentamiento físico, pero todavía no se ha dado esa ruptura drástica. Aunque sí se ha producido en las redes sociales, con discursos duros en las dos partes. Los espacios de encuentro se han debilitado mucho, no sólo en Cataluña. Es una característica general de estos tiempos. Se trata de segmentos que no se tocan, que no se acercan a los que piensan diferente. Por eso considero que se dan las condiciones para encontrar un denominador común, porque la alternativa es reventar el país, convertirnos en Bélgica.

--¿Es una cuestión relacionada con la falta de líderes para que ese espacio pueda tener una oportunidad?

--Seguramente. Pero debería haber una confluencia entre viejos rockeros con las generaciones más jóvenes y articular algo similar a lo que ha impulsado el independentismo. Se trataría de crear un movimiento, no un hecho político, pero sí algo que impida la ruptura del país. Se debe parar entre todos esa dinámica entre el independentismo radical y los que defienden Tabarnia, con altas dosis de lerrouxismo. Todos somos de este país, con el catalán como la lengua de todos.

--¿Se debe reclamar un nuevo pacto interno, que pase también por modificar o retocar la inmersión lingüística?

--No, la inmersión lingüística es lo mejor que se ha hecho en este país en cincuenta años. Es lo que nos convierte en un solo pueblo. Ha sido una obsesión del españolismo intentar cambiar eso, porque lo que quiere son dos comunidades. Las generaciones que se han criado a partir de los setenta son bilingües, hablan catalán, lo escriben y sus padres lo hablan y lo entienden. Lo paradójico y triste es que cuando el país era más igual es cuando lo han querido reventar, provocando que el catalán comience a ser ahora rechazado.

--Eso se podría llamar un tiro en el pie por parte del independentismo.

--Sí, pero a una parte le es indiferente. El sector más duro pasa de esa cuestión, aunque el independentismo más pragmático lo comience a ver. Pero no se puede pedir, de forma brusca, que los que han apoyado el proceso tiren por la borda sus últimos seis años de vida.

--El sociólogo José Luis Álvarez defiende que todo estaba planificado con Jordi Pujol y que se trata de un proceso demográfico, pero que los dirigentes soberanistas precipitaron el plan, impacientes por ver una Cataluña independiente. En su libro El terratrèmol silenciós estudia ese fenómeno generacional. ¿Es así?

--Lo que he comprobado, con el estudio de las diferentes cohortes relacionado con el comportamiento electoral es que los nacidos a partir de los años 60 son muy volátiles. Son lo que yo llamo fanáticos efímeros. Son capaces de cambiar de posición, a partir de la coyuntura, y si ésta cambia, se relajan y pueden variar el sentido del voto. Ese es el miedo del independentismo. Por eso, no se puede ser determinista. Hay una gran volatilidad, y eso que para unos puede ser positivo, para otros, como los independentistas o los partidarios del PP o de Ciudadanos no lo ven igual.

--Sánchez, de nuevo, entra en escena. ¿Qué puede hacer el Gobierno en esa situación?

--Estar al frente del Gobierno es importante. La mayoría de los votantes que se pueden decantar por el PSOE de Sánchez vendrán de Podemos, pero puede constituirse una mayoría de centro-derecha del PP y Ciudadanos.

--¿Se debe descartar por completo una colaboración entre el PSOE y Ciudadanos, cuando los dos partidos, de hecho, llegaron a un acuerdo de investidura, que abortó Podemos tras las elecciones de 2015?

--Desde el punto de vista económico, Ciudadanos está más cerca del PP, y respecto al debate territorial Ciudadanos tiene una posición más extrema. Es intransigente. Y lo que parece bastante claro es que se debería afrontar una reforma de la Constitución o reformas que dejaran claro que la política del Estado no la decide el Gobierno central, sino entre todos, y en ese "todos" están los gobiernos autonómicos. ¿Quién puede recoger ese guante? La Constitución no indicó nada de forma precisa. Todo se ha ido construyendo en función de las mayorías que se formaban en el Congreso. Lo han apuntado expertos como Eliseo Aja: lo que falta es la descentralización del centro. No puede ser que la política sanitaria, que depende de las autonomías se haga desde el centro sin la participación de las autonomías, o que un ministro negocie en Bruselas sin pactar con las autonomías. O que los acuerdos no se establezcan entre las propias autonomías. No puede ser, por ejemplo, que la conferencia de presidentes autonómicos se reúna cuando quiera el presidente del Gobierno. Reitero que la política del Estado debe hacerse entre todos.

--Manuel Valls puede ser el candidato a la alcaldía de Barcelona, ¿es una vía que puede suponer una superación del problema catalán? ¿Qué le sugiere?

--Dos cosas. La candidatura es un intento personal de Valls, que ha agotado la vía en la política francesa, donde es un diputado más. No tiene posibilidades ni de ser ministro, y ha visto una posibilidad en Barcelona para continuar su carrera política, con Ciudadanos, que lo ha utilizado como ariete contra el independentismo. Entrará para rehacer su carrera, y eso rompe bastante los parámetros de todos, eso es cierto. Puede ser una opa en distintas direcciones, y eso la otra consideración que creo necesaria formular. Un intento de esconder, con una plataforma electoral, que es el candidato de Ciudadanos, con una opa al espacio del PP, y también a una parte del espacio de la exConvergència, que mantiene un electorado bienestante, y también una opa al PSC en determinados barrios, con electores que ya se habían inclinado por Colau en las últimas elecciones. En esa segunda consideración, parece claro que Valls será un elemento disruptivo que refuerza los incentivos para que los independentistas constituyan una candidatura única, con Esquerra Republicana en medio de todo.

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