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El economista Oriol Amat, autor de 'L'ampolla mig plena', / ALBERT SALAMÉ

Oriol Amat: “Cataluña debe contribuir al resto de España sin quedar penalizada”

El economista considera que Cataluña comparte con el conjunto de la economía española un gran obstáculo: “la baja inversión en Investigación y Desarrollo”

16 min

Oriol Amat (Barcelona, 1957) se siente cómodo cuando habla de economía, y ve la política como algo complicado y dificultoso. Su experiencia en política fue corta, pero muy intensa. Amat, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Pompeu Fabra, fue diputado de Junts pel Sí entre 2015 y 2017. Se quería contar en las listas, formadas con Convergència y ERC, con independientes y expertos que mostraran su "rigor académico", como señaló Raül Romeva, que encabezó la candidatura. Ahora, Amat, que fue consejero de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) entre 2011 y 2015, acaba de publicar L'ampolla mig plena, aprende de les crisis i dels que ho fan millor (Edicions 62), --con un repaso a las grandes cuestiones de la economía de mercado-- y tiene claro que el problema principal de la economía pública en Cataluña es la financiación, y que se debería solventar en algún momento, sin dejar de contribuir a las arcas del conjunto de España. En esta entrevista con Crónica Global lo señala con claridad: “Cataluña debe contribuir al resto de España sin quedar penalizada

--Pregunta: Con la pandemia del Covid, se deberán acometer, ahora, los problemas económicos. ¿Cuál es el principal en Cataluña, que se haya arrastrado hasta ahora?

--Respuesta: El principal problema de Cataluña, que es también el mismo que en el conjunto de España, es el que se deriva de la reducción de la inversión en I+D. Se produce desde 2008, con la anterior crisis, y es un hecho gravísimo, porque ya estábamos inmersos en la revolución 4.0, y el nuevo modelo económico lo que exige, precisamente, es esa inversión en desarrollo. Países como Alemania u Holanda ya invertían más en 2008, y han aumentado cada año sus partidas en esa dirección. Me parece un asunto grave, que se une a otro gran obstáculo que es estructural y que se relaciona con el exceso de mala regulación que tenemos. También esa circunstancia se produce en el conjunto de España. En los índices del World Economic Forum, España se sitúa en posiciones bajas respecto a las facilidades para crear una empresa, para obtener una licencia de obras, para tramitar, en definitiva, las cuestiones empresariales. Se dificulta la creación y el crecimiento de las empresas. Esos son los dos grandes aspectos negativos, a mi juicio, que se deberían corregir lo antes posible. Pero también hay fortalezas, con una economía muy diversificada en Cataluña, con un sector industrial que se acerca al 20%, del PIB, que es lo que pide la Unión Europea. Es cierto que se depende mucho del turismo, y que sería aconsejable que pudiera crecer de forma más sostenible. Pero hay una buena combinación de factores, que hace que mucha gente quiera vivir aquí.

--Madrid había superado, antes de la pandemia, a Cataluña en porcentaje de PIB. Algunos economistas señalaron que Madrid había hecho una inteligente apuesta por el sector servicios, al entender que es el futuro, mientras Cataluña quería mantener su peso en el sector industrial. Al margen de lo que ha ocurrido con Nissan, ¿ha cambiado el escenario con el Covid, y la industria recuperará posiciones?

---Lo importante de una economía es que esté diversificada. Pero el sector industrial es vital, porque genera valor añadido, porque sus puestos de trabajo están mejor pagados y son más estables, si lo comparamos, por ejemplo, con el turismo. En el caso de Nissan, desgraciadamente, ya está decidido. No parece que haya vuelta atrás. Y creo que ahora se debería aprovechar la experiencia de lo que ha pasado. Algunos gobernantes deberían hacer examen de conciencia por culpabilizar a la industria del automóvil, por ejemplo. Y es cierto que el tema del Covid abre una oportunidad para la industria de proximidad. He hablado con empresas que ya piensan en diversificar sus proveedores, para tenerlos más cerca.

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El economista Oriol Amat / ALBERT SALAME

--¿Se debe ir en esa dirección, con la ayuda de la Unión Europea?

 

--Si, de forma clara. El Banco Central Europeo, la Unión Europea, el Gobierno español, todos, están rescatando la economía, inyectando muchos recursos, y esas ayudas se deben ofrecer haciendo política industrial. Y eso pasa también por fomentar otro tipo de política turística.

--¿Lo que plantea es que haya una gran condicionalidad para recibir esos fondos, y dar un salto adelante, que, quizá, en otra circunstancia no se habría dado?

--Exacto, lo que esos fondos deberían provocar es una nueva economía que vaya en la dirección que interese: un turismo de calidad, que fomente la cultura, que no sea un turismo basado en salarios bajos, que permitan, en definitiva, aumentar el turismo de calidad.

--Pero, todo ello dependerá de actores que son privados.

--Sí, pero puedes introducir esa condicionalidad. Yo soy partidario de la economía de mercado, pero con una buena regulación. Y hay maneras de condicionar ayudas. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Sant Cugat solo trabaja con empresas que paguen a sus trabajadores determinados salarios, por encima del salario mínimo. Lo que quiero decir es que se debería aprovechar la inyección de dinero para conducir a una clara mejora de la economía.  

--Porque, ¿sigue siendo la baja productividad en el conjunto de España el gran hecho diferencial?

--Estamos hablando de productividad, sí, todo está relacionado. Pero todo parte de esa inversión en desarrollo e innovación. Si se invierte en un producto mejor, se vende más caro, y los trabajadores, por esa regla de tres, serán más productivos. En Apple sus trabajadores no trabajan más que en otras empresas, pero su apuesta por el I+D es tan grande, que lo que se logra es una enorme productividad de sus asalariados.

--En cualquier caso, y otros colegas han afrontado esta misma cuestión, ¿no es demasiado fácil para España apostar por sectores poco productivos? ¿Qué puede hacer un joven de 16 años en Mallorca en verano, por ejemplo, teniendo en cuenta que el sector turístico le aporta ingresos fáciles?

--Volvemos al peso del turismo. Es cierto, influye mucho. Pero tengamos presente una cosa: Cataluña y el conjunto de España será siempre una potencia turística. Lo tenemos, con grandes ofertas de todo tipo. Y eso es bueno, claro. Se pagarán salarios más altos en función de la inversión que se haga. Y ya se ofrece ese turismo de calidad, aunque también existe el que compite por precios. Hay que aprovecharlo, a pesar de lo que nos ha pasado ahora con el Covid.

--Colegas como el economista Miquel Puig lo señalaba en su libro Un bon país no es un bon país low cost con una imagen clara: se debe subir el precio del Gin-Tonic, porque eso repercutirá en todo el resto del sector. ¿Ha habido temor en el sector turístico en todos estos años de que otros destinos, que compitieran por precio, pudiera restar visitantes a España? ¿Hay margen?

--Yo creo que sí, que hay margen para aumentar la calidad, y, por tanto, los precios. En el mundo empresarial funciona el mecanismo de la prueba y el error. Y se debería seguir esa senda. En Italia el gobierno destina, para paliar la pandemia, 500 euros para cada familia que vaya a hoteles del país. Me parece bien, pero debería ser con condiciones, para que esos establecimientos se comprometan a mejorar su calidad. Creo que ese es el camino.

--Con la cuestión de Nissan, ¿los poderes públicos pudieron haber hecho algo más, hace unos pocos años?

--Hay que ir a la raíz de todo, que pasa por saber dónde están las sedes. En la lógica de Nissan, las sedes están en Japón y en Francia. Y eso siempre es prioritario. No cierran las sedes centrales. Es una cuestión de largo plazo, de crear empresas y hacerlas crecer. Y ahora hay desincentivos para crecer. En Cataluña existe el llamado Pacto por la Industria, que se ha hecho bien en términos generales. Todos los actores implicados se sienten representados. Pero es cierto que el tema de Nissan se podía haber estudiado a fondo hace dos o tres años. En cualquier caso, ahora lo que hay que hacer es procurar que no pase con otras, y estar encima para ver qué sucede en los próximos años. Ahora, en muchos países, en los gobiernos hay ministros que vienen del mundo empresarial, que saben lo que significa poner en marcha una empresa. Y en el caso de España lo echo a faltar. Necesitamos a más personas con sensibilidad industrial y empresarial en el Gobierno. A veces hemos escuchado declaraciones que alientan a que el sector del automóvil se marche. Y si eso se escucha fuera, no creo que genere ganas de quedarse.

--¿Hay que favorecer que las empresas crezcan en tamaño?

--Sí, eso es evidente. Cataluña es un país de pymes. De hecho, todos los países lo son. Hay menos que en Italia o Francia. Pero el problema es que hay pocas que sean grandes. Y nos falta una administración que sea proactiva para lograr esos objetivos. Con una legislación que favorezca la actividad empresarial. La legislación europea es complicada, existe una gran burocracia, pero es que, cuando se trasladan esas directivas a España, todavía se hacen más complejas. Y debemos favorecer ese entramado legislativo, para que sea más fácil constituir empresas y que, luego, puedan crecer.

--Usted señala en el libro una gran paradoja, o un gran problema, de hecho. Y es que Cataluña aparece como la cuarta comunidad autónoma por PIB, pero cae hasta la posición duodécima cuando se refiere al Índice de Progreso Social. ¿Qué indica esa cuestión, que no pasa con otras comunidades como Madrid, País Vasco o Navarra, que ocupan las tres primeras posiciones en los dos índices?

--Una primera interpretación sería que se gestionan peor los recursos de los que se disponen. Pero luego hay que mirar con precisión. Y todos los estudios que se realizan señalan que esa no es la causa. Incluso en algunos ámbitos se gestiona mejor, aunque todo siempre es mejorable. Hay otra explicación, y que se dispone de menos recursos. Existe un desequilibrio importante. Eso se ve cuando se compara el gasto en sanidad o en educación, que son las dos partidas centrales de todas las autonomías, por habitante. Las regiones más ricas deben contribuir más al sistema común. Pero creo que Cataluña debe contribuir al resto de España sin quedar penalizada. Y es una cuestión que sigue pendiente, que se ve en partidas como las infraestructuras. Si Cataluña genera casi un 20% del PIB, recibe para el mantenimiento de esas infraestructuras públicas sobre el 10% o el 11%. Sigue siendo un problema importante.

--Vista la experiencia del proceso independentista, ¿no debería haber sido ese el principal objetivo de los dirigentes políticos catalanes?

--En el Estatut se incorporó la necesidad de la inversión del Estado, a través de una disposición adicional, pero sólo se cumplió un par de años. Y los compromisos se deberían respetar.

--¿Y su experiencia como diputado, ¿qué le dice? ¿Valió la pena para ver cómo se podía actuar en la política?

--No había estado nunca. Estuve como diputado en el Parlament un poco menos de dos años. Y no volveré a estar. Lo que creo es que hay problemas que exigen un diálogo. En caso contrario, es mucho más complicado. Para mí es más fácil analizar la economía, es el mundo que conozco. Pero sigo pensando que se debe reconocer al otro y establecer acuerdos. Lo más importante es reconocer, de hecho, que hay cuestiones que precisan de una solución.